Creo que vale la pena contarte dónde he pasado esta noche
¡Hola! Hace ya más de un año que estoy dando la vuelta al mundo a lomos de la moto Fefa. Si has llegado aquí por casualidad y tienes un ratico, quizá te interese saber algo más de mi historia. Conoce la ruta, la moto, entérate de cómo salí de Madrid, cómo empezó todo, lee todo el blog desde el principio o entérate de cuál es mi posición actual.
En Cheliábinsk, Siberia Occidental, Rusia
Día 63 de viaje. 37ºC. Leyendo A sangre fría, de Truman Capote
A lo largo de un milenio, las grandes rutas de transporte de mercancías, peregrinos y ejércitos entre Asia y Europa se han visto salpicadas de pequeñas fortificaciones de adobe en las que se alojaban quienes efectuaban largos viajes transportando enseres a través del vasto entramado de carreteras que unen oriente y occidente. Los caravasares consistían en edificaciones rectangulares con una puerta gigante por la que podían pasar sobradamente camellos y sus cargas. El patio se veía rodeado de pórticos bajo los que se cocinaba, se vendía género, o se acomodaban los comerciantes, los viajeros, los criados y las mercancías. Los caravasares proporcionaban bebida y forraje para las bestias, y un lugar para asearse, descansar y rezar a los transportistas y comerciantes. En algunas ocasiones, ofrecían también elaborados baños de agua caliente y termas. Se estima que, en la época dorada, había un caravasar cada treinta kilómetros en las rutas principales de Turquía, Persia y Armenia. Hace unas semanas me encontré con un pequeño caravasar, en mi ruta por Turquía. Sus puertas estaban cerradas, se encontraba en proceso de restauración. Aunque de extensión más bien reducida, sus muros de piedra roja eran imponentes, y alojaba en el centro de su patio una coqueta mezquita. Poco podía imaginar que dormiría en uno de ellos en mi ruta por la inmensa Rusia.
La carretera por la que he llegado hasta Asia es una de las más populares, desde hace siglos, en el tráfico rodado entre Oriente y Europa. Parte desde Ufá, uno de los centros industriales más grandes al oeste del área de los Urales, situada en la confluencia de los ríos Belaya y Ufa. Cuatrocientos kilómetros de montañas después, desemboca en Cheliábinsk, conocida también como “Tankograd” (Ciudad de los tanques), urbe de idéntico tamaño situada en el lado asiático de los Urales, y que constituye un espejo de la anterior.
Me enfrenté muy tarde a esa ruta, con la certeza de que tendría que hacer noche por el camino. La carretera es agreste y está tomada por gigantescos, humeantes y febriles trailers cargados hasta los topes. Hace tanto calor que el asfalto se derrite, y los camiones dejan rodadas muy profundas y peligrosas a su paso. Los Urales son unos montes antiquísimos y, por lo tanto, romos y domesticados. La carretera sube muy despacio hasta los 700 metros de altura y desciende de un modo muy gradual a los 200, de tal modo que es imposible saber a ciencia cierta cuándo empieza Asia o termina Europa. La carretera pertenece a los trailers, que la taponan durante kilómetros. Culebrean por el arcén levantando enormes nubes de polvo y hollín, y sus cláxones retumban sobre las lomas de las montañas como aullidos de una bestezuela prehistórica hambrienta.
A lo largo de la ruta se encuentran pequeñas agrupaciones de chabolas sucias en las que se venden todo tipo de productos manufacturados en China y de muy baja calidad: ollas casi inservibles, colchonetas hinchables pinchadas, juguetes mancos, jerrycans comidos por la herrumbre, palanganas astilladas, cuberterías de un sucio tono mate, peluches medio calvos. También hay restaurantes mugrientos abiertos las 24 horas del día con menús atiborrados de grasa -fundamentalmente guisos, empanadas, y unos pescados marinados de sabor amargo bastante difíciles de tragar-, y hoteluchos de dos plantas con un parking de grava presidido usualmente por un viejo, un niño o un lisiado, que se encarga de ordenar los camiones en filas precarias. Invariablemente tienen el torso desnudo, y extienden sus brazos al sol como pequeños albatros deformes, viendo pasar los coches con mirada vacía y caras cubiertas de hollín.
Al filo de las nueve, coincidiendo con el crepúsculo, decidí buscar alojamiento. A ambos lados de la infinita recta flanqueada de olmos aparecieron sendos aparcamientos de trailers de un tamaño muy superior a lo que estaba acostumbrado a ver, y protegidos por una gran valla de chapa de color biliar. Los trailers entraban lentamente en los parkings vallados por una compuerta altísima y se iban alineando cuidadosamente, por lo que deduje que, dada su popularidad, aquel tenía que ser un establecimiento de óptima relación calidad-precio. Al final de la vastísima extensión de asfalto, pude divisar un edificio grisáceo. Deduje que se trataba de algún tipo de pensión, así que enfilé hacia él. Me paré un momento ante la entrada: era un edificio prefabricado casi en ruinas, y nada parecía indicar que fuera un hotel, sino más bien las oficinas de una fábrica de cemento que se encontraba inmediatamente detrás. No obstante, de un coche aparcado a la puerta emergió una rubia casquivana que creo, por su actitud chulesca y la precipitación con la que salió del automóvil tropezando y componiéndose el escote, que se la estaba comiendo al propietario del vehículo, un firme candidato a paciente de enfermedad de las arterias coronarias bien entrado en la cincuentena. Por gestos, me confirmó que se trataba de un hotel, y me llevó a ver mi habitación. Era un nicho de unos seis metros cuadrados, con una ventana claveteada, una mesita, una silla y un catre. El precio: ocho euros, el baño estaba fuera y se compartía con los habitantes del parking. Ni que decir tiene que acepté inmediatamente sin rechistar. Con la excusa de salir a cenar, paseé entre los trailers observando la vida de los camioneros rusos: Aparcaban en ese recinto para disfrutar de vigilancia nocturna: un ser mortecino observaba, desde una garita muy parecida a la de un campo de concentración, el mar de camiones con gesto impasible, y dos perros pulgosos de aspecto feroz y larga cabellera enredada formando rastas prietas y grasientas bostezaban encaramados a una pila de gigantescos neumáticos. Los camioneros jugaban a las cartas, fumaban, escupían y charlaban, comían carne enlatada, colgaban camisetas ante el radiador del camión, se paseaban aburridos en calzoncillos con un palillo entre los dientes. El pequeño restaurante anexo servía platos precocinados de aspecto poco menos que letal. En una vitrina se exponían productos de aseo que no habían sido renovados desde principios de la guerra de Vietnam. Las moscas se cebaban en las empanadas bajo la mirada circunspecta de una camarera anoréxica de ojos hundidos y pelo gris. Entonces comprendí que me encontraba en un caravasar del siglo XX -porque espero que en el XXI se hagan un poco mejores-. Un recinto amurallado que ofrece cobijo, un lugar para asearse y para descansar, enclavado en las grandes rutas comerciales entre oriente y occidente. El hecho de que los caravasares del pasado nos parezcan lugares míticos de gran belleza en el que hermosas jovencitas bailaban la danza del vientre entre apuestos y musculosos muchachos y camellos recién cepillados y cubiertos de alhajas se debe únicamente a que nunca hemos estado en ninguno. Estoy convencido de que los caravasares originales apestaban a mierda de herbívoro y a sudor, estaban tan sucios como este, sus edificaciones se encontraban en el mismo estado de desintegración senil, y la gente en ellos se aburría y pasaba las horas de un modo semejante a como lo hacen hoy en día.
Llevo 63 días en ruta. Por un breve instante antes de dormir, me sentí diminuto y muy vulnerable en la inmensidad de Rusia, agazapado en una pequeña madriguera prefabricada sin una ubicación fija y sin más hogar que el asiento de una moto. Pero también me sentí muy feliz de estar allí, de haber llegado allí. En mi búsqueda de la felicidad, bajo la luna creciente de los Urales, llegué a la primera conclusión de todo el viaje: la felicidad no consiste en tener, en disfrutar de bienes suntuosos. Gran parte de la felicidad viene sola, embarga tus sentidos todos, cuando descubres que estás haciendo lo que realmente quieres hacer.
Para saber más sobre los caravasares
:
- Caravasares en la ruta de la seda
- Aquí tienes un listado exhaustivo de caravasares -en la actualidad se conservan más o menos precariamente alrededor de 1000- con su posición geográfica.
- Los caravasares han sido tan importantes en la historia de las relaciones oriente-occidente, que la UNESCO tiene un programa para inventariar todos los que todavía existen -si bien en ruinas- en la zona de Asia Central.
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Salíadarunavuelta: La vuelta al mundo en moto de Fabián Barrio
about 1 year ago
Hola, he leído hoy por primera vez tu interesante página y ya estoy enganchado,,,,he viajado bastante en moto y me he cruzado con viajeros solitarios, siempre he pensado que esa es la mejor manera. Los envidiaba, cualquier día me lanzo.
Animo en tu aventura…
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about 1 year ago
Felicidades por el blog, y mucha suerte en el viaje! (me ha encantado el detalle de la rótula… está realmente roscada al baúl, o es u efecto óptico?)
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about 1 year ago
Si te refieres a la que llevo detrás, sí, está en posición fija soldada al baúl trasero. Llevo otras dos en el manillar y el apoyo del casco.
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about 1 year ago
Hola Fabi que tal?me ha encantao tu relato pues ademas de reflejarlo como si estuviesemos alli me estas enseñando un monton de cosas pues no sabia que era un “caravasar de esos”jajaja.En cuanto a lo de los camioneros me alegra ver como alguien habla o refleja la cruda realidad de ese oficio que tan importante es y tan mal visto y valorado esta por mucha gente.Lo que esa gente pasa no lo sabe nadie que no se dedike a ello o conviva con alguno,ayer estuve yo asi solo en mitad de la calle de un poligono de Asturias sin mas compañia que el movil,la radio y los propios pensamientos de cada uno.Yo tengo la suerte de dormir en casa algunos dias pero hay compañeros que no.Esa gente tienen mucho en comun contigo Fabi pues es un oficio de estar conociendo sitios nuevos a menudo,buscandose la vida para comer,dormir en un lugar seguro,estar lejos de los tuyos y hasta de encontrar un baño en condiciones que para la mayoria de la gente no presenta ningun problema.Gracias por habernos dedicado unas lineas.Cuando los dias sean amargos por su dureza y tristeza de lo que tiene uno que ver vete a dormir pronto pues al dia siguiente se ven las cosas de otra manera.Voy contigo.
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about 1 year ago
hola fabian:
me encanta leer tus relatos… parece que estuvieramos ahi, te felicito por las fotos, te deseo mucha suerte durante tu viaje. me alegro mucho ademas que crezcas como persona, me gusto mucho la metafora de vaciar para volver a llenar realmente. Te mando un gran saludo desde Tandil en la Republica Argentina.
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about 1 year ago
Fabián, ¿como fué el mantenimiento de Fefa? ¿La has calzado con neumaticos de tacos?. ¿Fué todo bien o hubo algún problemilla? ¿Era un servicio oficial? Cuenta cosas de Fefa, que a los moteros nos gusta saber como la cuidas, si lo haces bien, ella cuidará de tí. Salud y Fuerza para los dos.
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about 1 year ago
Tienes respuesta a esas preguntas en este post que seguramente se te ha pasado.
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about 1 year ago
POR TU CULPA CASI EM QUEDO SIN MOBIL EL PASADO SABADO, jajajaja
Te explico, sabado 24, las 21:30. Estoy con mi mujer en la cola del teatro esperando a que abran las puertas. Aprovecho que la han llamado por teléfono y me conecto felizmente con mi mobil y empiezo a leer este magnifico relato.
De repente noto la presencia de mi mujer y oigo su voz de fondo….”noseque el viernes que viene por la noche, con nose cuantos, porque el nose quien,..blablabla…..” su voz se pierde en mi cabeza mientras estoy leyendo y notando el calor de ese asfalto fundido y viendo ese monton de camiones porlvorientos atascados….cuando derrepente resuenaaa….”¿¿¿¡¡¡¡¡NO ESTARAS LEYENDO LA WEB DE ESE TIO DANDO LA VUELTA AL MUNDO EN MOTO…!!!!????
En mi cabeza busco la respuesta idonea,……
a.) noooo, estaba mirando algo de la obra en la web
b.) noooo, estaba limpiando antiguos mensajes…
c.) noooo, estaba mandadole un sms a mi madre
…..y mi respuesta fue “SI”.
Si es que los hombres somo simples, pa qué mentir,….
Pero acto seguido la distraje diciendole, “…imagínatelo ya esta por los Urales…” y como te ha seguido a través de todo lo que le comentaba una vez leidos tus relatos, pues se quedo alucinada “¿¡yaaaa…!?”. Eso suavizo un poco el tema.
Eso si, no se ahorró el comentario….”anda guarda el móbil que sino te lo tiro, jajajaja…”.
La hice feliz y lo hice, pero la realidad era que me estaba quedando sin batería y no tenia más remedio, jajajajaja pero eso ya es otra historia…
En fin Fabian, como vez Fefa y tu habeis creado una verdadera adicción
.
¡¡¡¡Cuidaos mucho y buena ruta!!!!
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about 1 year ago
Joajoajaoaj qué grande XD
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about 1 year ago
Sobre el calor, la sensación térmica en moto es aproximadamente 1ºC menos cada 10 kms/h
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about 1 year ago
Enhorabuena por tu viaje. Lo sigo desde que comenzaste, y de haber encontrado antes tu pagina me habria acercado a Madrid a desearte suerte. Este viaje me llama desde hace mucho, y cuando mis hijas sean mayores espero realizarlo.
Me encanta la ruta que estas siguiendo (aunque te hayas saltado Iran!!!), y la novela del señor Capote. Aunque viajando solo, por esos mundos de dios, vas a ver asesinos por todas partes, jejeje.
Si no lo has leido ya, te recomiendo “El peor viaje del mundo” de Apsley Cherry-Garrard, simplemente acojonante.
Un saludo,
Pedro.
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about 1 year ago
EN COLOMBIA EXISTEN TAMBIEN ESE TIPO DE LUGARES, PERO A DIFERENCIA DEL QUE TU COLOCAS EN IMAGENES ACA SON UN POCO MAS CIVILIZADOS, LOS HAY DE TODOS LOS TIPOS PERO POR 8 EUROS ENCUENTRAS HABITACIONES CON BAÑO PRIVADO, TELEVISION POR CABLE, AIRE ACONDICIONADO Y/O VENTILADOR (DEPENDIENDO EL PISO TERMICO) Y SABANAS LIMPIAS, ADEMAS LA COMIDA DE CAMIONERO SIEMPRE ES LA MAS BARATA DEL CAMINO, Y LA DE MEJOR SABOR…. CLARO HAY QUE RECORER UNOS CUANTOS
HOSTALES PARA ENCONTRAR UNO CON BUENAS CARACTERISTICAS, YA QUE ME
HAN TOCADO UNOS UN POCO MAS CAROS Y MAS MALOS…..
SUERTE EN TU VIAJE. SALUDO DESDE COLOMBIA
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about 1 year ago
Gracias por tus comentarios sobre la “evidente realidad” de tu ruta. Seguí el link. ¡Bien!.
Mucho ruso en rusia.
Mis mejores animos y deseos. Ansiamos tus escritos, ¡anda que no nos queda!. Un cordial saludo y ¡adelante!.
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about 1 year ago
De acuerdo con el relato parecia peor el dormitorio
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about 1 year ago
Estoy de acuerdo contigo, la felicidad consiste en hacer lo que realmente quieres. Disfrútala y gracias por compartirla conmigo. Rfgss
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about 1 year ago
Fabian, el calor te debe estar matando. 37ºC en moto al sol y una carretera atestada de trailers bufffff.
Dime, qué haces en los atascos: esperas o tiras entre los vehiculos?
Un abrazo
Raul
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about 1 year ago
Normalmente espero. Ten en cuenta que los arcenes son MUY salvajes (grava suelta resbaladiza) y la presencia policial es constante.
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about 1 year ago
Un amigo te espera en Colombia y te acompañará por las carreteras de este país.
Suerte en este viaje.
Estaré pendiente de tu llegada.
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about 1 year ago
Ahhh Fabian, lo creí peor!! Leí el relato y luego ví las fotos. Eso sí, gracias por no poner fotos del baño compartido, que no me quiero imaginar … jajajajaja.
Gracias por llevarnos de viaje!!
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about 1 year ago
Tu relato es magnífico en la forma y muy interesante .Parece más llevadero en las imágenes que en las palabras. Seguro que el cansancio que llevabas tras tantos Km. de ruta difícil , el esfuerzo de 73 días y la soledad , te juegan malas pasadas.
Mucho ánimo, Fabián .Estamos contigo!
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about 1 year ago
Un relato genial parecia que era yo el que estaba alli. Buen viaje y suerte
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about 1 year ago
Mola!!! Pero chico no me dejes el casco así en el suelo, que eso hay que cuidarlo como si te fuera la cabeza en ello.
Con cuidaddín por lo negro
V’ss
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about 1 year ago
Me ha gustado este post. Interesante el concepto del caravasar, como una fonda quijotesca pero a lo bestia y en Rusia.
Me han molao las descripciones, esos muñecos mancos, esa cubertería mate.. esa subjetivación que va impregnando tus textos y esa confesión final tan valiosa, del canto no a lo material, sino a otra cosa que cuesta mucho más conseguir, la de encontrar sentido a nuestras acciones.
Y coño, ocho euros la noche, y una rubia despampanante al otro lado, ¡viva Rusia!
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