Un farang en Indochina (III): Una serie de catastróficas desdichas me llevan a pernoctar en un cafetal
¡Hola! Hace ya más de un año que estoy dando la vuelta al mundo a lomos de la moto Fefa. Si has llegado aquí por casualidad y tienes un ratico, quizá te interese saber algo más de mi historia. Conoce la ruta, la moto, entérate de cómo salí de Madrid, cómo empezó todo, lee todo el blog desde el principio o entérate de cuál es mi posición actual.
Abrí un ojo y contemplé el techo de la hamaca en silencio. Me acababa de despertar de un sueño erótico-sentimental -no sé muy bien cómo definirlo- con el susurro de voces humanas a mi lado, perfectamente distinguibles en el murmullo quedo de la selva. Eran voces graves, profundas, de hombres urdiendo algo serio. Busqué silenciosamente mi spray de pimienta. A lo largo de toda la noche, mi mano se había cerrado alrededor de un puñal-machete que llevo conmigo para hacer frente a este tipo de situaciones, pero lo desestimé, considerando el ataque químico mucho más efectivo, al encontrarme en una crisálida de tela sin mucha capacidad de pegar un brinco para apuñalar a nadie. Descorrí la cremallera a toda velocidad, dispuesto a pulverizar a quien quiera que estuviera ahí.
En la Tierra de las Cuatro Mil Islas, Laos.
Día 203 de viaje. 26ºC. Sigo sin leer por muerte espontánea del lector de libros electrónicos.
Había dejado Vientiane con un sabor agridulce. No se parecía en nada al resto de las capitales asíaticas que conocía: Vientiane era puro aburrimiento, y sólo la presencia de un Svenson’s maravilloso en el que hacían un helado chuckie crunchy chocky chuchy extraordinario suponía un mínimo incentivo para seguir allí. No obstante, había empezado a cogerle cariño. Estaba varado allí, inundado de tedio, esperando mi visado tailandés, que me permitiría estar con Mamá en Phuket el tiempo suficiente sin tener que dejarla abandonada para salir disparado hacia Malasia por falta de días, cuando de repente, una noche en que salía a cenar unos noodles a un restaurante vecino, me encontré unas motos familiares aparcadas delante de una guesthouse.
- Aquí apesta a salsa HP, seguro que hay cerca un inglés- dije en voz alta, al divisar una cabellera entrecana.
- No, lo que apesta es a español- contestó la cabellera.
- El olor es repugnante, no sé cómo puedo aguantarlo, tendríamos que haber hecho caso al hombre del tiempo cuando lo de la Armada Invencible.
- Yo tampoco soporto ese pestazo a toro muerto-. James levantó la cabeza entre las motos con una sonrisa radiante de niño bueno-. ¡Eh, no sabía que estuvieras en Vientiane, acabamos de llegar!
James y Emily venían básicamente a lo mismo que yo. Como yo llevaba un par de días de ventaja, me dediqué a enseñarles la ciudad, que por otro lado se ve en unas dos horas de paseo. Un par de días y unos doscientos un helados chuckie crunchy chocky chuchy después, yo me dirigía al sur y ellos regresaban a Tailandia para seguir su ruta.
La carretera, que había sido un caracoleo incesante por entre las montañas en las provincias del norte, se volvió rectilínea y despejada. El paisaje era muy similar al que había encontrado en Tailandia la mayor parte del viaje: una frondosa llanura salpicada de pequeñas e inocuas lagunas y pueblos somnolientos, poblada de búfalos de agua y deliciosos cerditos en miniatura. Como empezaba a preocuparme llegar a tiempo a Phuket, hice caso omiso a las indicaciones que me invitaban a desviarme para contemplar cataratas y grutas -y eso que a mi me gusta más una gruta que a un tonto un lápiz- y pasé dos días espectaculares a un ritmo endiablado sorteando carricoches agrarios y diminutas motos multicolores y devorando kilómetros sin apenas detenerme. Pronto se hizo evidente que el sur de Laos es mucho más próspero que el norte: las casas, sin llegar a ser suntuosas, son mucho más robustas y confortables aquí. Ocasionalmente, divisaba el Mekong a mi derecha, una gran mancha de color marrón rebosante de vida en sus orillas. Decenas de afluentes de sinuosos cauces lo alimentaban: en ellos, los lugareños se sumergían en el agua con grandes redes, disputándose el pescado con las grullas altivas. Atravesaban la carretera con gran majestuosidad enormes varanos de color oscuro y cloqueantes tropas de gallinas atolondradas revoloteaban y entorpecían el tráfico con sus andares algo desprovistos de sentido. Cuando se me iba a acabar el país, decidí hacer coincidir el final de mi penúltimo día en Laos con la visita al Plateau de Bolovens, una hermosa meseta en la que se cultiva una de las variedades de café robusta más apreciadas del mundo. El café es uno de mis grandes vicios, y es algo que echo mucho de menos en este viaje: gran parte del mundo está inundado de ese insultante sucedáneo que es el Nescafé, y que no entiendo cómo no está prohibido por las autoridades sanitarias. Así pues, calculando las horas que me quedaban para disfrutar de los cafetales y las espectaculares cascadas que ofrece el Plateau al turista, enfilé rumbo al oeste para describir un anillo de ochenta kilómetros por el paraiso.
Y ahí comenzó la catástrofe.
Llevo unos cuantos días preocupado por no encontrar sitio alguno donde lavar la moto. De hecho, no había encontrado una manguera desde Islamabad. A estas alturas, la pobre Fefa recordaba más a un vehículo protagonista de Mad Max que a mi orgullosa y pulcra esposa. Mi preocupación iba en aumento a medida que pasaban los días, porque quería evitar que Mamá viera a la pobre moto en semejante estado. Ya sabéis cómo son las mandres: ven la moto sucia y deducen que te encuentras sumido en una honda depresión, te encuentran delgado y suponen que tienes la tenia, tu tono de piel es un poco más bronceado que de costumbre y asumen que has contraido melanoma. En el caso de Mamá, recuerdo que hace un par de años le comenté que me estaba aficionando a la gaseosa y ella prácticamente me la prohibió de la dieta al considerar que podría provocar úlcera gastroduodenal si era ingerida en exceso. Así pues, me alegré muchísimo cuando encontré a dos muchachos de aspecto cetrino al frente de un lavado de coches. Un cuarto de hora después, la moto relucía como los chorros del oro, pero lamentablemente, al ir a bajarla del caballete, resbalamos ambos en el firme mojado y nos fuimos a caer aparatosamente sobre un pickup que pacientemente esperaba su turno. Al levantar la moto, encontré que había astillado el intermitente trasero izquierdo del pickup, así que antes de que el propietario armara escándalo alguno, me ofrecí a abonarle lo que quisiera. Quiso 75.000 kips, lo que redujo mi capital a 10.000: un euro. En su momento había echado cuentas y había llegado a la conclusión de que con 85.000 kips tenía más que suficiente para cenar y pasar la noche, así que había estado posponiendo la búsqueda de un cajero, algo que en Laos es de por si bastante entretenido. El caso es que al Plateau de Bolovens parece que no han llegado los cajeros automáticos -el sitio es bastante remoto- así que empleé mi último euro en saborear dos espressos de la región en un cuchitril al borde de la carretera regentado por un holandés que vive de hacer tostar a los turistas su propio café y cobrarles por ello. En su momento no me pareció importante, total iba a terminar el círculo por el Plateau en cuarenta kilómetros y llegar a la siguiente ciudad a tiempo antes del anochecer, y ahí sacaría dinero. O esos eran los planes.
Uno de los puntos álgidos del recorrido por el Plateau es una enorme cascada, una de las más famosas de todo Laos. Para llegar a ella hay que recorrer una pista sin asfaltar, de polvo marronáceo, de unos dos kilómetros. Me adentré en ella maldiciéndome porque la moto iba a ensuciarse un poco. La cascada en si estaba inundada por una piara de japoneses -había del orden de quinientos en las inmediaciones- y su espectacularidad era más bien limitada, quizá por encontrarnos en la estación seca. Con algo de decepción me dirigí al parking, y me encontré la moto tirada en el suelo, con un espejo roto. Empecé a chillar como un loco y a culpar a todo el mundo, hasta que un grupo de guías turísticos me ayudaron a ponerla en pie. En ese momento, comprobé que el neumático trasero estaba pinchado, motivo por el cual seguramente la moto se había derrumbado sin intervención humana. Seguí chillando un poco más hasta que llegué a la conclusión de que a ojos de todo el mundo parecía un demente, enfundado en un mono de cuero y gritando a los cuatro vientos, así que enfilé hacia la salida del parking en ofendido silencio. Pronto se hizo muy evidente que la moto estaba completamente ingobernable y recorrer un metro en aquella pista polvorienta y llena de baches era un suicidio. Cuando ya había tentado unas quince veces al destino derrapando y culeando como una negra zumbona, me encontré con una enorme cuesta de polvo y arena, flanqueada por un pequeño arcén de unos quince metros de profundidad. Llegué a la conclusión de que un movimiento en falso por ese terraplén supondria el final de Fefa y quizá el mio, así que decidí parar a reflexionar. Saqué la moto de la pista y detuve a un tipo que iba en un scooter del tamaño de mi bota derecha. Inmediatamente vi en él a Scoobi Doo.
- Sabadee- dijo sonriendo Scoobi Doo.
- Sabadee- conteste-. Verá, se me ha pinchado una rueda, ¿podría llevarme a un mecánico?
- ¡Claro!- respondió el tipo.
Me subí a su minúscula moto y emprendimos un traqueteante trayecto hasta la tiendecita de un hombrecillo de barba rala que escuchó las explicaciones de mi mentor con atención. Estaba clarísimo que el mecánico no estaba mínimamente interesado en moverse de allí. Se estaba haciendo de noche y él tenía cosas más importantes que hacer. En ese momento me di cuenta de que no llevaba ni un euro encima.
- Pregúntale si puedo pagarle en dólares- dije a Scoobi Doo.
Scoobi Doo me miró como si fuera un extraterrestre. Se lo comunicó al mecánico, y ambos se echaron a reir palmoteando como gilipollas. Mi mentor me indicó que lo siguiera y me subió a la moto. Recorrimos un par de casas de las inmediaciones sin demasiado éxito -creo que sólo quería contar mi historia a sus asombrados vecinos-, y me llevó de vuelta a la moto.
- Espera aquí- me dijo sonriéndome plácidamente- y yo te traeré la ayuda.
Eran las 5:45. El crepúsculo había comenzado. Scoobi Doo se fue traqueteando. Su estela de polvo fue lo último que volví a ver de él en toda mi vida.
Cuando dieron las siete y media y había cantado todas las canciones del MP3 a voz en grito para espanto de los pocos lugareños que pasaban por aquella deteriorada pista forestal olvidada de la mano de Dios, decidí que el plan de esperar a Scoobi Doo, aunque sumamente tentador, no daría los frutos esperados. Decidí caminar dos kilómetros hasta la carretera general, donde había divisado una coqueta casita de huéspedes de teca. Rezando por que aceptaran dólares, me fui caminando en la oscuridad, cargado con mi equipaje imprescindible. Por fortuna, contaba con una linternita de esas que se ponen en la cabeza, que por cierto causaba gran estupor entre los pocos nativos que se cruzaban conmigo y que veían en mi la viva imágen de un extraterrestre, con una luz en la frente y vestido de piloto de combate de Avatar.
- Lo siento, estamos completos. Es fin de semana, y los tailandeses siempre vienen a Laos a pasar el fin de semana- me dijo la encantadora recepcionista enseñándome una infinita dentadura blanquísima.
- No se preocupe, he observado que hay algunos árboles en las inmediaciones- contesté amablemente señalando a la selva, sin que ella entendiera demasiado mi apreciación. Volví mis pasos hasta Fefa, que me recibió con una sonrisa burlona, aposentado su enorme culo sobre la rueda pinchada. Valoré cuidadosamente las inmediaciones. En el margen derecho, un terraplén de considerables dimensiones desembocaba en un rio caudaloso. En el margen izquierdo, había un cafetal recién recolectado que quedaba a unos quince metros de altura sobre una pared vertical de barro. Decidí que mi opción más adecuada era el cafetal. Encontré una torrenterita por la que trepar, así que dejando a Fefa cubierta por una funda protectora, escalé la pared resbalando y maldiciendo a voz en grito hasta que coroné la cima sintiéndome un ninja. La noche estaba oscura como la boca de un lobo. Desde mi atalaya podía observar perfectamente la pista forestal y tenía una visión privilegiada sobre Fefa y su entorno si la enfocaba con mi linterna mágica de Inspector Gadget de Saturno. Procedí a montar la hamaca entre dos arbustos de café y mientras lo hacía, observaba la reacción de los lugareños al ver a Fefa cubierta por su lona protectora: ni uno osaba más que a dedicarle una larga mirada bovina. Conecté la alarma con su mando a distancia al paso de una pequeña comitiva de mujeres cloqueantes subidas a bicicletas oxidadas: poco faltó para que todas ellas se despeñaran al río de la sorpresa que les causó el fuerte pitido y el parpadeo de los intermitentes. Finalmente, armado con mi spray de pimienta y un cuchillo-machete, me introduje en la hamaca y la cerré herméticamente.
Me quedé tumbado en la oscuridad. El cafetal emanaba un delicado aroma húmedo y floral. Las ramas de todos los árboles crepitaban suavemente. Podía oír el cántico de algunos oscuros pájaros desconocidos para mi. El murmullo del río actuaba como un estribillo cantarín y revoltoso. Acunado por decenas de sonidos de otro mundo, me fui sumiendo poco a poco en un adormecimiento débil como un hilito de plata y plagado de sueños extraños que apenas recuerdo.
A las tres de la madrugada me despertó un diálogo grave a mi alrededor. Con el corazón haciendo verdaderos esfuerzos por salirme por la boca, me armé de mi spray de pimienta. El cerebro todavía estaba algo comatoso, pero acerté a encontrar la cremallera, y la descorrí a toda velocidad. Conecté la linterna sobre mi cabeza soltando un grito salvaje y apuntando ante mi con mi pequeño spray. Creo que no maté de un paro cardíaco a los dos cerditos vietnamitas que habían venido a hacerme una visita de puro milagro. Salieron huyendo enloquecidos gritando como niñas poseídas por el diablo Pazuzu y se perdieron en la oscuridad de la noche. La madrugada me sorprendió colándose suavemente por las rendijas de la hamaca. Con la luz del día, las cosas se veían de otra forma. Desmonté la rueda como un campeón, cambié la cámara por una de repuesto que llevo siempre, y dos horas más tarde, iba rumbo a la Tierra de las Cuatro Mil Islas recitando a pleno pulmón la Canción del Pirata.


Si has disfrutado de este artículo, puedes (debes) retribuírmelo compartiéndolo en Facebook, Twitter, Menéame o Tuenti
Simplemente haz click en los enlaces y se abrirán en una ventana nueva los distintos servicios. Así de fácil. Hazlo. Ya. 












Salíadarunavuelta: La vuelta al mundo en moto de Fabián Barrio
about 1 year ago
buenísimo el relato!! en serio, bonita aventura… desde el salón de mi casa, claro
por cierto, tendrías que escuchar la Canción del Pirata de voz de Tierra Santa… igual te gusta!
gracias Fabián!
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
Habras aprovechado para recoger suficiente café para el resto del viaje, no?
La Fefa no puede llevar neumaticos Tubeless, así que eso limita el debate a una sola opción.
En caso de agujero grande o raja, un neumatico tubeless no se puede reparar, y uno con cámara se puede seguir utilizando hasta llegar a algún taller /concesionario /mecanicucho /etc. Un juego de cámaras de aire ocupa mucho menos que un juego de neumaticos nuevos.
Un saludo.
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
Yo hubiera sacado el machete .. jejeje
Es verdad que de noche todo se confunde y tiene otro aspecto.
Muy bien por cambiar la rueda tu solo … que bueno!
Saludos,
Pablo – Coruña
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
Hola Fabian, por un lado lamento recien estar desayunandomé de tu gran aventura por el mundo pero como dice el dicho… “mas vale tarde que nunca!!”.
Soy argentino y me gustaría verte cuando andes por estos lados. Tengo el grandioso e irremplazable “asado” argentino!!!
No dejes de avisarme cuando estes por llegar. Será un gran placer recibirte y también hospedarte si lo deseas.
Desde lo mas profundo de mi ser por sobre todas las cosas te admiro. Es como decia Cohello en una de sus literaturas: “el mundo proteje a quien persigue sus sueños” y ese es tal cual tu caso. Te admiro por osar enfretar tus sueños y tu destino.
Agradezco infinitamente que compartas tus vivencias porque es como que un pedacito de cada uno de nosotros va arriba de Fefa. Es alegrarnos en cada curva con un paisaje indescriptible, es putear con cada pinchadura, es alegragarnos inmensamente con cada mano que ayuda. Todo eso hacemos junto a vos muchas personas que te seguimos virtualmente.
Te deseo lo mejor del mundo. Dios quiera podamos vernos en algun momento.
Un abrazo sincero.
David
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
Sois muchos y en demasiados lugares del mundo. Espero que no te parezca mal que te pida que sigas pendiente de mi aventura y me avises cuando veas que me acerco a donde estáis tú y tu asado. Un saludo
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
has visto a Valdes?
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
Es colombiano. Dificilmente.
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
Jajaja! menudas aventurillas al caer el sol os ocurren a fefa y a ti….
Lo del spray pimienta, me lo apunto para la próxima aventura!
Animo y feliz viaje a la Navidad con tu Mami.
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
Pues menos mal que no había “temporal” en una noche como esta.. Este relato me resultó entretenido e interesante sobre todo por el hecho de que sea la primera vez que duermes en lo que yo llamo la tumbona.. Lejos de este entredicho, me quedé imaginándote cantando y los cerditos vietnamitas que huyeron despavoridos gritando como niñas poseidas por el diablo Pazuzu. ¿Por cierto quién será Pazuzu?…
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
Pazuzu era el diablo que había poseído a la niña de El Exorcista.
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
Te recomiendan neumaticos con tubo eso que es…?
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
Bueno Fabi me alegra que despues de tantas peripecias te encuentres bien y con la bendicion de DIOS te deseo lo mejor ,suerte .
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
uhhh!! estaba esperando esto desde el momento en que salio de casa recuerdas?? pero me gustaria q contara asi mismo el pinchazo que paso con la amante en aquellas montanas,
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
Entretenido relato y bonita aventura Fabi,ahora que todo ha pasado verdad?jajaja.cuando viste la rueda en el suelo no te parecio tan bien.jajajaj.Normal,tade o temprano tendria que pasarte y cuanto antes mejor no crees?pues ahora cuando te vuelba a pasar seguro que ya no te pones nervioso ni te parece tan grave,simplemente buscaras un sitio adecuado para repararla y ya esta.Yo pense que llebarias tubulares y el spray antipinchazos o un kit que vienen como dos sacacorchos y unas tiritas de un material pegajoso que las metes,cortas lo que sobra inflas la rueda y a correr.Cuando tengas que cambiar neumaticos planteatelo pues para esos pinchazos te ahorraria mucho esfuerzo y no es caro,si kisieras un kit dame una direccion donde te lo pudiera mandar y yo te lo regalo hombre,lo unico que eso si tienes que llebar ruedas sin camara.Ya me diras.En cualkiera caso estas preparado para desmontar una rueda y mucho mas lo unico que tienes que hacer es no perder los nervios tomartelo con filosofia y ser paciente pues los nervios las prisas y las carreras en ese tipo de situaciones lo unico que consiguen es retrasarte por hacerlo mal e incluso impedirte hacerlo.Animo que ya no keda nada para ver a tu madre y eso se merece desmontar y volver a montar la moto si hace falta no crees?Eres un crak y tu mismo te estas dando cuenta..trankilidad y paciencia que todo sale Fabi.Voy contigo.
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
Todo el mundo me recomienda neumáticos con tubo, y por eso he optado por ellos. Lo que hago es llevar tubos extra, nada más. Creo que una cosa que me pasa cada 30.000 km tampoco tiene que preocuparnos tanto
Lo cierto es que no me puse nervioso, me lo tomé más bien con filosofía. En fin, ya vendrán cosas más divertidas. Gracias por estar ahí!
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
Al menos para los cabroncetes que estamos sentados tras un monitor, estas aventurillas con la Feba (al igual que la movida de Pakistan) nos divierte…
Claro que no tenemos que desarmar la moto ni empujarla en los cielos de Asia, eso lo dejamos para nuestro heroe jeje.
Pensar que en algunas horas vamos a estar tan cerca, tu en Phnom Penh y yo en Ho Chi Ming. Haber tramitado una visa de multiples entradas…Me pagaba el salto solo para sacarme una foto con la Fefa.
Un saludo
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
Hola Fabián, vaya aventura la de los cerditos y vaya huevos reparar el pinchazo en esas condiciones.
Ya que lo mencionastes en uno de tus últimos relatos y por si sientes algo de morriña el pasado domingo por fin pudimos salir de ruta y nos tomamos un café en tu “Betanzos” antes de disfrutar de los paisajes de las Fragas del Eume.
Un saludo, que tengas un buen reencuentro con tu madre, que no te encuentre demasiado delgado, ni Moreno ni desaliñado.
Sigue haciendonos soñar
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
Hola Fabian:
Critica constructiva no entiendo como no usas neumaticos tubeless, sin camara te los puedes reparar en cinco minutos tu mismo yo le pego al enduro entre otras cosas, inmaginate lo que es quedarse tirado por la montaña en la quinta ostia donde no hay carreteras ni nadie en un monton de Km.y la grua no la puedes llamar primero porque no tiene acceso y se considera rescate, yo uso un kit llamado (cargol) hay de muchas marcas pero este para mi es el mejor en cinco minutos estas rulando otra vez .Por lo demas eres un campeon vaya viaje te estas pegando mucha suerte.
Vsss.
http://www.masmoto.net/blog/2008/03/14/cargol-turngo-repara-pinchazos-en-menos-de-dos-minutos/
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
Hola Fabian: no podia dejar de reirme imaginando el susto de los cerditos, y tu pose defensa-ataque con el spray.
Segui asi,saludos.
Luis.
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
Bravo, por tu osadía, qué aventuras hombre, pero por favor cuenta, cuenta, cuenta lo del pakistaní que arregló a fefa y sin ensuciarse, lo mencionó una persona que te escuchó en la radio en alguna entrevista que te hicieron, o quizá lo publicaste ya y me he saltado ése capítulo, no lo sé… Un fuerte abrazo desde México, esperando que tu ruta se valla acercando a mi tierra, mucho cuidado Fabián, y que Dios te bendiga.
atte. Gerardo H
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
Sí, claro que lo conté en su momento, retrocede unas cuantas páginas y verás fotos y todo.
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
Malditos clavos……Suerte Fabian.
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
hacía días que no te leía, pero sigues sorprendiendo!
Me alegra saber que todo sigue más o menos bien!
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
Fabian,espero que la suerte te acompañe y te encuentres pronto con tu madre.Un abrazo campeon .
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
Qué bien se camufla Fefa ahí en un ladito del camino cerca de la espesura… parece una Moto-Ninja!… Y digo yo … lo mismo que hiciste “indemorning” no pudiste hacerlo a las 5:45 del día anterior cuando se veía claramente que Scoobi te iba a dar esquinazo??!! Si es que no tas a lo que tas!! te va regañar Mami como se lo cuentes… fijo! (sobre todo por ir asuntando cerdos de madrugada en los cafetales… que eso no es de hombres de bien y así no te ha educado ella… seguro!! :-0…)
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
En su momento Scoobi Doo parecía que iba a solucionarlo todo. Cuando me dejó esperando realmente daba la impresión de que volvería con asistencia.
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
Yo tengo un problema y me ocurre a menudo y es que en mis sueños cuando tengo que gritar después de un susto no me sale la voz, y en la realidad me sucede casi igual, solo que con un poco mas de ruido y con en corazón a punto de salirse.
En todo este tiempo,¿cuantas veces ha acampado? y como ha sido la elección del sitio.
Un saludo desde Bogotá Colombia
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
Muy poquitas, como 4 o 5, siempre por necesidad. La verdad es que ya es incómodo deshacer y hacer la maleta todas las noches, como para pensar en acampar y desacampar…
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
puajajjajajaja, ostia, ke bueno
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
vale tio , te sigo, y veo que tienes todavia la imaginacion en estado puro, que sigas y no pares hasta Phuket donde mama luisa te dara la teta y tu a ella gran alegria con lo que rellenaras el deposito sentimental para seguir haciendo la ruta .Mucos besos Geni
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
Vaya nochecita. Estaba claro que tarde o temprano,algo así tendría que pasar. ¿no llevas spray repara pinchazos? lo hubieras solucionado en 2 minutos.
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
Me han dicho que no soportaría el peso de mi moto.
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
Creí, que en vez de visitarte dos cochinillos vietnamitas, te visitaba el scooby doo con la pandilla al completo y no para ayudarte con el pinchazo de la moto. Mejor así.
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
Fabián, eres mas que un crack, te vas superando, cada vez lo haces mejor, pirata no, pero eres todo un aventurero. Si hace un par de años alguien te dice que pasarías la noche al lado de una moto pinchada, que reaparías la rueda tu solo sin ayuda, en un cafetal de Laos, le hubieras llamado loco como poco. Eres un campeón, también he sacado y metido la rueda de mi moto yo solito y se el esfuerzo que supone hacerlo, como pesa la condenada y lo peor es levantarla hasta que el maldito eje encuentra el agujerito. Felicidades Fabián, a tí y a Fefa, que se está portando como una campeona. Salud y fuerza para los dos.
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
Eso lo he pensado muchísimas veces… “quién me iba a decir a mi hace un año…”
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
Bueno Fabián al menos pudiste despinchar la llanta tu mismo y superar tu impase en el cafetal. Espero que hayas tenido igual suerte con el espejo, a me paso algo muy parecido hace 2 noches, llegué a Quito en mi Africa Twin y la dejé en el muy comodo estacionamiento del hostal y a la mañana siguiente encuentro la moto movida con un espejo roto (el de la derecha), lo malo fue que la base del espejo se rompio de la pieza de metal fundido donde está el liquido de frenos delantero y la manilleta del freno, tambien el espejo de hizo añicos. Lo que me pasó es que deje la moto sobre el soporte lateral apoyada sobre tierra y al parecer se hundió durante la noche y cayo a la izquiera, hasta ahi no hay lio, pero luego un alma caritativa y anónima decidio hacerme el favor de parar la moto y la tumbó a la derecha, y ahí cagó el espejo con el soporte. Logre pegar la base con metal liquido y le compré un espejo de USD5 que le ponen a las XR250 que es lo mas parecido pero no refleja igual, mis espejos son re rosca izquierda y no se consiguen por aca. Moraleja: Simpre que puedas deja tu amado corcel sobre el soporte central.
Buen viento!
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
Navega, velero mío
sin temor,
que ni enemigo navío
ni tormenta, ni bonanza
tu rumbo a torcer alcanza,
ni a sujetar tu valor.
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
Caminando por la vida, me he encontrado con verdades, me he encontrado con mentiras, me he encontrado con hombres y mujeres
buscando Amor bajo las sábanas y encontrarlo en la humildad y la entrega incondicional, he visto niños y ancianos encontrarlo en una sonrisa,
he visto a otros dar de sí y disfrutarlo, he visto a otros recibir y quejarse.
Caminando por la vida, he visto lágrimas, he sentido temores, he visto sonrisas pintadas de atardecer, nubes de algodón en mentes de ilusión, besos diáfanos en rostros demudados, aves pensando que no pueden volar y toneladas de acero subir a grandes alturas.
He escuchado a Líderes hablar de Paz y entendimiento y para hacer presente su comunicado y en nombre de La Paz y del orden mundial, enviar a sus ejércitos salvadores a asesinar personas, hombres, mujeres y niños.
Caminando por la vida he encontrado incongruencia entre la mente y el corazón, y la más sabia organización y orden en los seres primarios, tales como las hormigas.
Caminando por la vida he sentido el amor entrar en mi vida y florecer mi entendimiento, he aprendido a Amar amándome y a recibir dando, he aprendido que la flor tiene su tiempo para crecer, para convertirse en capullo y después desplegar su belleza, sin apuro, sin prisa, he aprendido que todo tiene su tiempo, nacer, crecer, aprender, experimentar compartir enseñar y morir.
Caminando por la vida he percibido que nada es fortuito, que todo tiene un para que
y que perdemos el tiempo pensando en los por que.
Caminando por la vida he aprendido a vivir, caminando por la vida se aprende a morir también. He descubierto que mi pensamiento tiene un orden y un sentido, que mi experiencia de vida me dicta palabras que se convierten en voces y comunicados y en entendimiento.
Caminando por la vida he aprendido a ver las estrellas y a ver el mar, caminando por la vida he visto gente ver y he visto gente mirar sin percibir nada, caminando por la vida he visto hombres que no ven mas allá de sus limites mentales y ciegos salir adelante caminando sin tropiezo, he visto lisiados caminar apoyándose con las manos en el piso y hombres y mujeres enteros no poder dar un paso en la vida por temor
Caminando por la vida he aprendido que compartir,
es amar
y que amar es todo.
(desconozco autor)
Para ti Maestro!!!! Abrazos
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
Pero si solo fué un pinchazo y una noche de vivac!!! Bastante light después de todo lo que llevas!
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
Ay ;
ay ,ay ,ay….
qué trabajos nos manda el Señor….!
Tu voto:
0
0