El hombre que hacía lunas de papel
¡Hola! Hace ya más de un año que estoy dando la vuelta al mundo a lomos de la moto Fefa. Si has llegado aquí por casualidad y tienes un ratico, quizá te interese saber algo más de mi historia. Conoce la ruta, la moto, entérate de cómo salí de Madrid, cómo empezó todo, lee todo el blog desde el principio o entérate de cuál es mi posición actual.
Papá llegó con un retraso mortal. Me había pasado la hora anterior con la mirada fija en el panel del aeropuerto, contemplando fijamente el delayed que parpadeaba al lado de su número de vuelo. Justo encima, un vuelo de una compañía desconocida anunciaba acudan al mostrador. Me pregunté qué se pondría en caso de accidente aéreo en los paneles informativos. Sin duda, no figuraría aterrizado, sería de mal gusto y algo impreciso. El ambiente de las salas de llegadas de los aeropuertos es todo un espectáculo de las emociones. Ahí van llegando personas aturdidas, parapetadas detrás de carritos rebosantes de bultos que parecen los despojos de un naufragio. Buscan a su alrededor con mirada entre desconsolada y desvalida hasta que, finalmente, localizan una cara luminosa y familiar en medio de la multitud. Y entonces sus rostros cambian, se convierten en destellos de luz que rebotan en sus cejas y en la comisura de sus labios. Los hombres se dan abrazos rudos, se golpean las espaldas con manotazos que recuerdan el entrechocar de ciervos peleando en la montaña. Las mujeres se funden en besos dulces y largos y porrumpen en llanto. Hay parejas que casi fornican en el enlosado del suelo, que olvidan que a su alrededor hay una multitud esperando, se les ve convertidos en la pura estampa de la felicidad completa mientras a su alrededor el mundo entero se funde como el chocolate. Ancianos apolillados intentan mantener la compostura ante un nieto que ha crecido más de lo esperado, adolescentes altivos disimulan la emoción del reencuentro con su madre, sombrías parejas se miran a los ojos y se dicen muchas cosas tras una larga ausencia. Cuando me ha tocado ser el recibido, me ha admirado esa pared de amor humano, esa lìnea desigual de pares de ojos contemplando las puertas automáticas, chisporroteando de reconocimiento, desinflándose de desilusión, languideciendo de impaciencia, trémula de emoción y de lágrimas. Por fin se abrieron las puertas y apareció la figura familiar. Papá parece un poco un Sean Connery algo derrumbado. Venía abrigadísimo, recién emergido del invierno europeo, tenía los ojos rojos. Pese a que le había dicho que se preparara para el calor, llevaba una camisa de manga larga, una chaqueta de punto, camiseta interior térmica. Lo acompañaba una mujer belga a la que sin duda había torturado con su palabrería a lo largo del viaje. Nos dimos un largo abrazo.
- ¡Ay, Fabiño, qué bueno verte!
Papá vive en Portugal y ha ido adoptando poco a poco expresiones y giros portugueses (qué bueno = que bom). Para alguien que desconozca este dato, sin duda lo que dice suena ligeramente exótico. También es un fan no confesado de los productos y la subcultura Carrefour. Le gustan los chalecos. Acaba de jubilarse, para dedicarse por completo a una paternidad tardía que yo no llevo nada bien.
Nada más montarse en el taxi, expresó su vehemente deseo de ir al Centro Gallego de Buenos Aires. Papá y yo tenemos algo con los centros gallegos: durante un largo período de mi adolescencia, no salíamos del Centro Gallego de Lisboa, llamado equívocamente Xuventudes de Galicia. Explicó al aburrido taxista que los gallegos habían emigrado mucho a Argentina a principios de siglo, dato que el taxista, sin duda ávido de propina, escuchó con gran atención como si fuera la primera noticia que tenía al respecto. El taxista se paró brevemente ante un edificio rococó que, según él, era el Centro Gallego. Una visita posterior revelaría que aquello era simplemente un restaurante, pero en su momento papá enloqueció de felicidad y pegó su nariz al cristal de la ventanilla como un niño pequeño contemplando una cabalgata de reyes.
En Buenos Aires, Argentina
23ºC. Día 306 de viaje. Leyendo El país de los ciegos, de H. G. Welles
Había estado reservando todas mis visitas turísticas a Buenos Aires para su llegada, así que los días transcurrieron de forma casi trepidante de Caminito a La Boca, de La Recoleta al Obelisco, de Corrientes a la Costanera Sur, e incluso nos aventuramos a saltar brevemente a un delicioso pueblecito al otro lado del río, en Uruguay, llamado Colonia. Al contrario de lo que ocurría con Mamá, que en todo momento veía peligros ocultos tras cada piedra, Papá es un viajero intrépido y voluntarioso, y sólo sus renqueantes rodillas, débiles como una montañita de sal, impidieron que acabáramos con todas las calles de Buenos Aires en la semana escasa que estuvo aquí. Sin lo que tengo en mi de mamá -soñadora, poeta, una mariposa curiosa revoloteando en un mundo eternamente impredecible y mágico- yo nunca habría emprendido este viaje. Sin lo que tengo en mi de papá -intrépido, resolutivo, voluntarioso y valiente, un delfín sorteando mareas desconocidas como si fueran propias- yo no habría llegado hasta aquí. Yo debo la pasión por los viajes a mis padres: cuando tenía cuatro o cinco años nos subíamos a una caravana a principios del verano, la enganchábamos a un Renault 12 que parecía sacado de los garajes de Cuéntame y no parábamos de movernos por Europa hasta el primero de septiembre, cuando empezaban de nuevo las clases.
Arremolinado en el hueco entre los asientos como un gatito aturdido, repetía poniéndome de pie entre los asientos subitamente:
- Me mareo, ¿a qué jugamos?.
Las personas avanzamos lentamente en nuestra propia vida mutando poco a poco, de forma imperceptible, pero el tiempo y la erosión de la misma existencia van modelándonos y convirtiéndonos en alguien distinto. El problema de las largas ausencias de tus seres queridos, es que cuando los reencuentras ya no eres la persona que ellos creen que eres, has ido avanzando en tu propio ser, has edificado a otra persona dentro de tu cascarón, y, cuando te recuperan, creen que sigues siendo quien ellos dejaron atrás. Invariablemente, me ocurre esto con quienes amo. No puedo dejar de sentir cierta nostalgia y ternura al descubrir que recuerdan cosas que me gustaban cuando yo era otro, meses atrás, o que piensan que yo pienso lo mismo que pensaba. No sé a quién se habrá encontrado Papá en Buenos Aires. Pero papá es de esas personas que perdonan sin límites, y sé que su amor sigue permaneciendo intacto aunque yo ya no sea el mismo hijo que fue a despedir con pastelitos de nata a Dehesa de la Villa aquella mañana soleada de mayo de hace ya más de trescientos largos días.
Papá emergió del baño vestido sólo con unos calzoncillos de papel. Era una figura frágil y delicada, casi translúcida. Agitó ante mi un paquetito.
- ¡¡Calzoncillos de papel!!. ¿Los conocías? Son MUY prácticos.
- Si, pero yo no puedo llevar… dos años… calzoncillos de papel.
- Pues son muy prácticos. ¿Los quieres?
- No, no, está bien.
- ¿A dónde vamos, qué hacemos? Tengo que comprar unas bermudas y unas sandalias, unas sandalias y unas bermudas, he de comprar bermudas y sandalias.
Descubrí que a Papá, cuando no se le satisface una necesidad, tiende a murmurarla bajito todo el rato como un recordatorio permanente. Salimos a la calle a disfrutar de un Buenos Aires exultante en los últimos días del verano, con el pequeño runrún de sandalias y bermudas, sandalias y bermudas sonando de fondo. Decidí llevarlo a una zona comercial para no acabar arrancándole la cabeza. Se quedó ensimismado ante varios escaparates.
- Dios mío. Ese precio… será en dólares, ¿no?
- Me temo que son pesos.
- ¡¡Pesos!! ¡¡Pero entonces tengo que comprar toda la Argentina!!
Otra cosa que también me llama la atención al retomar el contacto con mis seres queridos, y que quizá tenga mucho que ver con mi propio cambio interior, es la relación intensa que tienen con el comercio. Bien mirado, todo occidente tiene entre sus necesidades principales comprar. Papá se desvive por las tiendas de souvenirs, las ferreterías, las jugueterías y las tiendas de ropa. Todavía hoy yo mismo me encuentro mirando con lujuria un iPad -en Sydney casi me da la fiebre intentando no comprar uno en su espectacular Apple Store de cristal y acero- o unas gafas Ray-Ban. Pero sí es cierto que, al no tener donde llevar nada, poco a poco he ido desvinculándome de las tiendas y volviendo a lo básico. Siento una punzada de ilusión al comprar una crema de afeitar en gel en lugar de la espuma tradicional. O se me acelera un poquito el corazón cuando me acerco a una tienda de motos y veo colgados unos pulpos de goma para sujetar el equipaje. Pero poco más. Papá en cambio se paraba ante todos los comercios murmurando sandalias y bermudas, sandalias y bermudas sin parar, así que lo dejé hacer con cierta resignación. Cuando hubo satisfecho sus necesidades de sandalias y bermudas, descubrí con horror que se le había quedado pegada en la cabeza la letra del tango A media luz que había escuchado en una tienda. Dado que había expresado su deseo de hacerse con un disco de tangos, estuvo recordándomelo con insistencia canturreando por lo bajini Cooooorrientes trescuatroocho, segundo piiiiso ascensooor durante un par de días. Lamentablemente, era poco lo que sabía de la letra, así que Cooooorrientes trescuatroocho, segundo piiiiso ascensooor se convirtió en un mantra algo desquiciante. Para torturarlo yo también, decidí meterme con su manía de cuchichear. Papá cuchichea cosas, siempre está farfullando, mascullando, balbuciendo cosas por lo bajini, algo que si no recuerdo mal también hacía mi abuelo. Así pues, cada vez que murmuraba, yo le interrogaba:
- ¿Frfrufrufrú? ¿frufrufrufúuuu? ¿frufrú? ¿frú?
Las diez o doce primeras veces lo encontró divertido, pero a los tres días se ponía de los nervios cuando, en respuesta a sus refunfuños, yo frufruaba.
Guardo entre mis recuerdos dos momentos muy bellos con mi padre. El primero se remonta a mis siete u ocho años. En el desván de casa, papá atesoraba un banco de herramientas muy grande en el que martilleaba las tardes de domingo como casi cualquier padre del mundo. Una tarde lluviosa subimos con unos tableros de contrachapado recuperados de algun derribo y nos pusimos a construir una casita a mi perra Patuchas. Patuchas era el gran amor de mi niñez, una perra faldera ninfómana de largos cabellos rubios con incómodas tendencias coprofágicas. Recuerdo vivamente la luz ténue colándose por las tejas de cristal y las partículas de polvo en suspensión, el monótono repiqueteo de la lluvia sobre el tejado, la tosca pared de ladrillo y a mi padre -el ser más grande del mundo- manejando el taladro y cosiendo con alambre el tejadito de la casetita mientras yo lo miraba boquiabierto, convencido de que podría derribar de un soplido cualquier muro que se interpusiera en su camino. El segundo recuerdo pertenece a mi adolescencia, que fue difícil y traumática. Papá había redescubierto el placer de viajar en una fugaz visita a Fez animado por el sindicato y decidió que teníamos que ir juntos a conquistar Marruecos. Así pues, nos subimos a su Seat Ibiza -que tenía serios problemas con el radiador y nos obligaba a rellenarlo constantemente entre preocupantes nubes de vapor- y nos internamos en el desierto. En aquella época yo estaba completamente obsesionado por el cine, y me habían comprado una espectacular cámara de vídeo. Divisé una vaca muerta en medio del monte pelado, la típica vaca muerta en medio del desierto, y pedí a papá que parara para ir a grabar una secuencia dramática. Fuimos caminando hasta el esqueleto, me tumbé al lado de él, simulé estar muriendo de sed, suplicando por agua, viendo espejismos. Me revolqué entre las piedras agitado entre convulsiones. Luego papá quiso hacerse también una foto, se puso una camiseta a modo de gorra, suplicó a la cámara, gimoteando y gateando por el suelo. Y entonces se me ocurrió levantar una piedra, y me encontré con un pequeño escorpión negro que me saludó amenazándome con su aguijoncito dorado.
- Mira, papá, un escorpión.
Le hicimos un par de fotos, embelesados por la coincidencia de encontrarnos un bicho tan extraordinario allí, en medio de la nada. Entonces levantamos otra piedra, y apareció otro escorpión.
- Qué casualidad, jojojó -comentamos.
Obviamente, al levantar otra piedra apareció otro, y así sucesivamente hasta que nos convencimos de que estábamos en mitad del desierto, a quinientos metros del coche, en chancletas, y rodeados de escorpiones y que llevábamos media hora revolcándonos impunemente sobre ellos. El viaje en si me deslumbró: nos subimos en todas las atracciones, nos reimos como niños, compramos todo tipo de souvenirs absurdos, pasamos miedo y momentos de gran euforia. Como se supone que han de ser los viajes.
- Cooooorrientes trescuatroocho, segundo piiiiso ascensooor- canturreaba papá calle arriba y calle abajo. Ante nosotros se desgranaba un Buenos Aires que no había descubierto todavía. Caminamos un día entero para encontrar el Cementerio de la Recoleta y prestar nuestros respetos a la saturada tumba de Evita, lo que permitió que el mantra cambiara por un día a noooo llores por mi Argentinnnaaaaa, noooo llores por mi Argentinnnaaaaa, noooo llores por mi Argentinnnaaaaa para volver a su letra original al día siguiente. Se le ocurrió que necesitaba un juego de café, así que murmuró juego de café juego de café juego de café durante un buen par de horas hasta que encontramos una tienda donde los vendían.
- Coño- dije malhumorado- si no se te cumplen los caprichitos no paras, ¿eh?
- Oh, entonces todo es muy simple, ¿verdad?
- ¿El qué?
- Sólo tienes que cumplir mis caprichos- contestó radiante.
A la mañana siguiente, tras contemplar la luna sobre Corrientes despuntando su voluble cabeza con cuernos de charol, papá me despertó rasgando una hoja de papel.
- Hijo, hijo.
- ¿Uh? -murmuré aturdido-. ¿Qué hora es?
- Las siete. ¿Sabes lo de la Luna, ¿no?
- Grñññ… ¿Qué es lo de la Luna? ¿has dicho las siete?
- Yo le digo a mis alumnos que la Luna es mentirosa…
- Oh, claro que lo sé- interrumpí. Esa historia me había quedado grabada en la cabeza desde que era niño: La Luna es mentirosa, cuando escribe una D en el cielo es porque está Creciendo, y cuando escribe una D es porque Crece.
- Pues yo creo que aquí, en el Hemisferio Sur, no miente- informó papá al bulto en que me había convertido bajo las sábanas, intentando atrapar el huidizo sueño.
– ¿Uh?
- No, no. Mira esto.
Puso ante mis ojos legañosos una luna recortada en una hoja de papel. La mostró alto, sobre su cabeza, y luego la hizo descender poquito a poco hastaa que casi rozó el suelo.
- ¡¡Mira!! ¡¡La “C” se convierte en una “D”!!
- ¿Y?
- Pues que aquí si la Luna muestra una C, es que está Creciendo, y su se lee una D es porque está Decreciendo.
- Uh.
- Porque la tierra está boca abajo.
- Fantástico. ¿Puedo seguir durmiendo?
- Esta noche tenemos que ver si es verdad, ¿eh?
- Las siete de la mañana, virgen santísima….
Peleando con el confuso sistema de colectivos y subtes porteño, conseguimos llegar trastabillando hasta el barrio de La Boca. Nos dio la bienvenida un desvencijado solar rodeado por una valla de colores, del que sobresalían muñecos enormes de tangueros libidinosos, mafaldas torcidas, gauchos escuálidos y travestis de grandes labios rebosantes de carmín. Caminamos bajo el tórrido sol, maravillados por el cambio radical que Buenos Aires había obrado casi sin darnos cuenta: este barrio no tenía nada que ver con el altivo microcentro: en él los niños jugaban con mangueras en las aceras tostadas por el sol, y los cocineros sacaban a la calle bidones cortados por la mitad en los que se asaban jugosas tiras de carne e impúdicos chorizos rojos inundando el mundo entero con su aroma sensual y arrebatador. A nuestro alrededor, las casas de colores y los graffitis de proporciones épicas esponjaban el alma. Se podía distinguir un leve aroma de salitre y cloaca que llegaba flotando insidiosamente desde el Riachuelo. Bazares en miniatura, tiendas de loterías y apuestas, solares abandonados, casitas en ruinas, chabolas de chapa, puestos de flores mustias, manaditas de mujeres en bata sentadas a la sombra abanicándose con revistas de prensa rosa, bares roñosos, ferreterías agonizantes, enlosados rotos, farmacias polvorientas, La Boca era una especie de ciudadela abandonada de artes populares y pequeñas miserias en vías de convertirse en grandes tragedias.
- Cooooorrientes trescuatroocho, segundo piiiiso ascensooor- canturreaba papá calle arriba y calle abajo. Nos encontramos con La Bombonera y con émulos de Maradona cubiertos de polvo chillando como ratones locos en un solar ruinosos. Llegamos a Caminito y paseamos aturdidos entre casitas de azúcar, bailarines de tango de atrezzo, falsos pintores y trampas para turistas. Y al día siguiente decidí llevar a papá al zoo porque era profesor de ciencias. Cuando llegamos, como era de esperar, el zoo estaba cerrado. Pero al lado estaba el jardín botánico esperándonos, así que allá nos fuimos a hacernos fotos entre las fuentes y los arbustos. Papá se encaprichó con los palos rosas, unos árboles frondosos cubiertos perpetuamente de unas enormes flores de color fucsia que asemejan orquídeas nacidas de un dios menor. Estuvimos recogiendo semillitas que encontramos por el suelo, pese a mis protestas de que una semilla verde es como un pequeño feto nacido inviable. Para corroborar mi teoría, asaltamos a un jardinero algo grunge que cuidaba cactus en un pequeño invernadero de cristal infestado de gatos ronroneantes.
- Vashan a ver a Guishermo en la biblioteca- dijo con un soñador acento argentino que habría seducido a más de una-. Él cuida del semishero.
Así pues, canturreando Cooooorrientes trescuatroocho, segundo piiiiso ascensooor entre osados gatos y matas de durantas, muérdagos, azaleas y laureles, llegamos hasta la biblioteca, un edificio arrogante y vanidoso en mitad del parque. Dentro, languidecía una mohosa exposición de litografías que todo el mundo parecía ignorar educadamente. Pedimos a la recepcionsita que nos presentara a Guillermo, que resultó ser un adorable ancianito de piel pálida y frágil como un pergamino reseco y pequeñas gafas de lectura que le colgaban precariamente sobre su nariz globosa. Nos llevó a las entrañas del edificio, donde tenía acumuladas en cajas sin ningun tipo de orden semillas, insectos clavados en agujas y tarros con especímenes conservados en formol. La visita no podría haber sido más deliciosa.
- No, no, no, no, eso no le va a germinar- dijo arrebatando las semillas verdes que había recogido papá-. Sho tenía por acá… semishas… de tipuana tipu… no sé dónde las pusieron… aguárdenme…
El hombrecito entró encorvado en una sala anexa donde el caos era sensiblemente superior.
- Cooooorrientes trescuatroocho, segundo piiiiso ascensooor- canturreó papá mirando las arañas clavadas en corchos, que habían perdido casi todas sus patas en desigual batalla con el tiempo y las polillas. Qué muerte tan estéril la de esas pobres criaturas.
- No tengo de palo rosso – murmuró desde la otra habitación el hombre-. Pero les puedo dar semishas de la planta nasional argentina. Su nombre sientífico es Erythrina Cristagalli-. Emergió de la trastienda e hizo un gesto grandilocuente imitando un penacho sobre su cabeza-. Se shama cristagalli porque sus flores paresen la crehta de un gasho. Estas semishas guárdenlas mucho en la frontera, capaz no les dejen pasar. ¿Dónde estarán las semishas de palo rosso?…
Guillermo volvió a introducirse en la cueva de Alí Babá, trasteando entre cajones, cajas y sacos de arpillera rellenos de a saber qué. Finalmente, volvió con una bandejita de corcho en la que reposaban unas enormes bolas de algodón. Removió cuidadosamente.
- Ah- dijo encantado-. ¡Acá tenemos algunas!.
Así que papá verá florecer, dentro de unos años, los palos rosas en su jardín. Me gusta pensar eso. Me gusta pensar que, ancianito, se sentará en un taburete a la sombra de los palos rosas y recordará cómo nos peleamos por las calles de Buenos Aires, cómo reimos, cómo caminamos hasta desfallecer, cómo nos hartamos de carne a la brasa, cómo devoramos helados en Corrientes y perseguimos mariposas en la Plaza de Mayo, cómo nos aburrimos en un ferry de camino a Uruguay, cómo curamos el jet-lag a base de aspirinas con cafeína, cómo regateamos en un mercadillo por un sifón viejo, cómo cantamos tangos y paseamos al borde del Río de la Plata y bebimos zumo de naranja recién exprimido, cómo nos hicimos fotos delante de los obeliscos de oscuro propósito, cómo refunfuñamos y compramos alfajores, cómo recobramos tímida y fugazmente un vínculo entre padre e hijo que la vida nos había arrebatado un poco con los años vacuos, las preocupaciones innecesarias, las responsabilidades superfluas, el tiempo roedor. De algo iba a tener que servirle tener un hijo loco que lo arrastra a través de los océanos para discutir sobre lunas de papel que no saben mentir a la tierra boca abajo.
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Salíadarunavuelta: La vuelta al mundo en moto de Fabián Barrio
about 1 year ago
Con tus relatos se me erizan todas las fibras, cuantos de nosotros contamos con nuestros seres queridos justo al lado y no nos percatamos del tesoro inmenso que tenemos, disfrutar de sus mantras(como tu los llamas) de sus historias y sabias experiencias que solo con los años comprendemos….si tan solo nos dieramos cuenta de todo ello sin necesitar la distancia o su ausencia?
Hasta hace poco descubri tu impresionante y envidiable sitio en donde como a niños nos entretienes y nos enseñas de las maravillas de la vida…en donde lo simple, lo valioso, lo maravilloso aquello que habitualmente pasamos por alto por estar inmersos en otros devaneos superfluos no logramos disfrutar. Espero que la vida me de la fortuna de emprender algun dia cercano una aventura similar por caminos sinuosos para redescubrir aun mas el niño inoscente, sin malicias y con la capacidad de disfrutar hasta lo más minimo que siempre albergamos en nuestro espiritu y que en muchas ocasiones las sociedades y sus prejuicios nos obligan a reprimir.
Exitos Fabian.
Por ultimo quisiera saber si pasaras por las tierras de mi querida Colombia y en que fecha…te aseguro que esta tierra te mostrara un sin fin de experiencias nuevas…Te aguardamos para darte una calurosa bienvenida “Ciudadano del Mundo”
Un fuerte abrazo y te haz ganado un ferviente seguidor de tus relatos y anecdotas.
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about 1 year ago
Genial la experiencia con el padre!
Como me gustaria vivir algo parecido con los mios……
Viven lejos y un juego de circunstancias lo hace imposible.
Saludos!!!
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about 1 year ago
Precisamente te iba a decir que tu padre guarda un cierto aire en el aspecto con Sean Connery…
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about 1 year ago
¡¡¡¡¡¡me ha encantado!!!!!!
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about 1 year ago
Bueno!
Ya estoy de vuelta después de casi dos meses sin Internet en casa.
Estupendo relato sobre tu relación con tu padre. Que suerte tienes, que tienes padres. El mío murió hace unos años y mi madre … mi madre .. pues … hablemos de otra cosa.
¿Compraste el iPad? .. jeeje
Saludos,
Pablo Roca
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about 1 year ago
Que buen relato viejo Fabián, me reí bastante con el tema de los mantras de tu viejo.
Que experiencia tan enriquecedora la del reencuentro con el viejo, muy bonito eso, muy importante.
Saludos desde Colombia y gracias por los relatos.
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about 1 year ago
Bonito y emotivo relato Fabi,la verdad que la figura de un padre o una madre es la figura mas importante de nuestras vidas pues sin ellos no seriamos lo que somos,y lo peor de todo es que debido al ritmo de vida que nos han impuesto no disfrutamos todo lo que debieramos de ellos y cuando nos damos cuenta que se hacen mayores y nos dejaran nos arrepentimos de no haber pasado mas tiempo con ellos y haberles dicho todo lo que les queremos y lo que significan para nosotros,ellos darian su vida por sus hijos y nosotros a veces no sabemos valorarlo debido a preocupaciones u otras ocupaciones.Disfruta de tus padres que su amor es incondicional y algun dia todos los hecharemos mucho de menos , recordaremos y dariamos lo que fuera por poder volver a pasar un minuto con ellos y poder decirles todo akello que no nos atrevimos o no nos dio tiempo a decirles cuando les teniamos todos los dias.Un gram abrazo Fabi para los dos,pues a el tambien le conoci el dia que partiste y la verdad es que tiene cara de ser una buena persona y gran hombre.Mucho animo y fuerza para lo poko que te keda para ver cumplido tu sueño y el de todos los que te seguimos.Voy contigo.
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about 1 year ago
Me encanta lo que cuentas de tu padre. No le conozco pero haces que me caiga estupendamente, aunque canturree corrienteeess trescuatroochooo… Debe haber sido un profe de ciencias estupendo. Me imagino que nos pasará un poco a todos, cuando alguien te dice algo así, que contestamos: “Se nota que no es tu padre”
En fin, que te pareces a él un montón, y a tu madre. Genial combinación, así sólo podría salir alguien como tú.
Muchisimos besos
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about 1 year ago
Fabian:te agradezco que compartas con nosotros(tus lectores)tus vivencias y recuerdos,realmente me hizo pensar mucho en mi propio padre,a quien hace tiempo no veo.Si pasas por Salta,permiteme ayudarte en lo que pueda.Un saludo
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about 1 year ago
Segundo aplauso
En este libro de G. Wells “El país de los ciegos” (que nos indicas que lees) hay frases llenas de sentido filosófico que hacen pensar sobre la motivación y ambición del “humane”. Pensar que en el país de los ciegos, el tuerto puede llegar a ser rey como nos dice el refrán, queda “trastocado” por el pensamiento de que el mejor rey en el país de los ciegos, será posiblemente otro ciego. Por último, el pensamiento ,el oportunismo de las “búsquedas”, ambiciones y circunstancias, hacen aconsejable la “prudencia” y la “humildad” ante la pérdida de cualquier “sentido” a cambio de la felicidad que ofrecen en los “mercadillos mas allá de los muros”.
“…Cesó de admirar el espectáculo y se tendió tranquilo, sonriente, como si la sola dicha de haber “escapado” del país de los ciegos bastase para llenar una vida. Un rato después los últimos fulgores de luz fueron vencidos por la noche; y Atlas reposó dulcemente, bajo el rutilar innumerable de las estrellas. (Gracias a aquellos ojos heredados a partes iguales de un padre intrépido y una madre bailarina que aún conservaba y que tanto enriquecían su vida y la de otros muchos guías).
… y para regocijo del público Fefanauta, Atlas ofreció un bis…
Mañana motor y runroneo.
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about 1 year ago
Fabián, permíteme la licencia de escribir:
Papá… ¡¡cuánto te echo de menos!!….
Un abrazo, y feliz reencuentro con Fefa.
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about 1 year ago
Dios mio, que recuerdos!
Efectivamente patuchas era el perro con más paciencia del mundo, qué bondad de animal.
Y lo de la luna mentirosa, acabo de recordarlo!
Un abrazo
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about 1 year ago
buenas palabras para una buena historia familiar. Tal vez llegue tarde, pero esta bso(y el video tal vez) te va genial. http://www.youtube.com/watch?v=j3kf9ziBDeY
Sigue disfrutando, que nosotros lo haremos en la distancia contigo. Salud!
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about 1 year ago
Tu escrito, no sólo entretiene si no que hace recapacitar sobre lo propio. Me dan ganas de ir a casa de mi padre a darle un abrazo, leches.
Espero que no tengas que “untar” a nadie en aduanas para recuperar a Fefa.
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about 1 year ago
Qué bueno lo de “adolescentes altivos disimulan la emoción del reencuentro con su madre”.
Ánimo y a disfrutar con Fefa!!!
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about 1 year ago
Fabian,
Ahora que vuelvo a ver las fotos con tu padre en el bondi (lease guagua en Canarias y autobus en la Peninsula), me pregunto, ¿como te hiciste de monedas?jejejejeje
Un saludo.
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about 1 year ago
Xa estaba preocupada! este silencio de tantos días non agoiraba nada bo.Agora vexo que tiñas un motivo e perdonoche de corazón,Sabes ?a primeira palabra que din os meniños é PAPA,mal que lle pese a algunhas.Bicos.
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about 1 year ago
Gracias por compartir a tú padre con estes humildes seguidores de tús aventuras,suerte con Fefa y con aduanas…malo sera,saludos.
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about 1 year ago
Me lo paso en grande con tus relatos,ha seguir asi Fabián!!
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about 1 year ago
UN APLAUSO.
Digno y respetuoso relato contado aprovechando la etapa de descanso impuesto en la América mágica en que la luna no sabe mentir.
Te honra el lenguaje que utilizas para tratar a tus mayores y preocupa la ironía cuando hablas de “ los otros” ancianos mendigos a los que les faltó el nacimiento adecuado en el momento adecuado con el cariño adecuado, como si hubieran nacido en otra guerra en que la compasión es un sentimiento de los débiles (Nietzsche).
En tu viaje de motero (paradoja libertario) la palabra dignidad nos flota a todos reposando en la trastienda del pensamiento cuando vemos lo que te acontece. Dicen que (a pesar del control de la natalidad por el bien de la humanidad), la mayoría sobrevivirán en longevidad a sus progenitores y que viviremos 150 años dentro de pocas generaciones. Llevamos 7 millones de años intentándolo biológicamente sin voluntad consciente, o tal vez por mezcla de egoísmos- curiosidad de ver como resuelven los hijos el problema del sentido existencial y si nos superan en honor y dignidad entendiendo como tal que la dignidad es la búsqueda del reconocimiento; la búsqueda del propio aplauso. Buscar la dignidad es buscar el aplauso, aunque solo sea el propio. Por eso a veces los viejos viajan, y los jóvenes arrastran “sillas con ruedas” con honor.
Preocupa quien arrastrará la silla de cada cual mañana o si no debemos dejar a nadie el honor de que la arrastre cuando cumplamos 150 años sin calidad digna. Por eso viajamos algunos como Fefanautas porque nos gustan las preguntas que te haces en este viaje. La vida en sí misma – como reproducción biológica- no le damos mérito ni tiene sentido. Somos los “vividores” los que damos sentido a la vida y alguna dignidad merecedora de aplauso. “Dios no creo al hombre, fue el hombre quien creó sus dioses” (Freud). Ahí inició Atlas su viaje hacia su propio sentido.
La luna nunca miente, es el ojo el que nos engaña o el mago de la conciencia cuando nos hace creer que los pies ocupan el lugar de la cabeza.
Suerte con el siguiente enigma de la Esfinge, Atlas.
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about 1 year ago
Creo que lo has pasado muy bien.
te deseo una buena ruta.
uvesssssssssssss
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about 1 year ago
Excelente, me hiciste reir y despues llorar. Ojala que tu padre pueda cantar todo el tango, imagino que compraron el disco…Si es tan simple complacerlo. Hermoso Fabian, Gracias por hacerme pasar un buen rato, compartiendo tu viaje…y tu vida. Espero ya estes en ruta.
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about 1 year ago
Que lindo relatos, lo de República de la Boca es porque pensaron independisarce y el sheismo de los porteños es solo en Buenos Aires y hasta Rosario se podría decir, no sé si pasarás por Tucumán, Catamarca, Mendoza, Salta,Jujuy por decir algunas provincias paradicíacas, el sur es hermoso, buanas rutas y te esperamos ya a lomo de FEFA.
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about 1 year ago
Entretenido relato con tu padre en Buenos Aires.Me alegro de que hayas compartido unos días con tu padre,para subirte la moral.La Fefa,esta impaciente de salir a rodar de nuevo.Un saludo.
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about 1 year ago
Parece que tus padres son realmente muy diferentes.
Un día mi hija, cuando mi ex y yo estábamos en plena crisis , me preguntó:
-Pero, Ma, ¿cómo habéis podido casaros Papá y tú ?
Fundido en negro ( vaya preguntita me larga la niña ahora )
- Fue absolutamente necesario, hija
- ¿Por presión social , tuviste un embarazo frustrado del que nunca me has hablado ?
-No , Hija . Fue absolutamente necesario para que hayas existido tú que eres tan maravillosa.
Un abrazo Fabián y gracias por permitirnos conocerte
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about 1 year ago
Fabian ¿te reconociste en alguna arista con tu viejo ?
Ya falta poco y los escapes de la FEFA volveran a roncar y ahora por tierras Patagonicas , buen viaje y no te pierdas el “corderito patagonico a las brasas” (manda algo para aca )
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about 1 year ago
Gracias a papa por la visita que te ha desatado la imaginacion. Efectivamente, si se parece y mucho a S.Conery.
Muy bueno el relato, se ve que la cercania de Fefa, te estimula.
Espero ansioso mas noticias.
Salu2.
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about 1 year ago
“las largas ausencias … , ya no eres la persona que ellos creen que eres” , has descrito tan sumamente bien ese parrafo que al mirar atrás y al ver hoy a tus padres
la manera en que te hablan que es como si tuvieras quince años y realmente tienes
cuarenta es bonita y a la vez vertiginosa porque asusta ver lo rápido que se está
pasando la vida y pensar en todas aquellas cosas que te gustaría hacer y nunca harás suena duro . En fín por eso sigo tu página porque soy motero y por tu hazaña.
Un beso para todos los padres del mundo.
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about 1 year ago
Sean y Harrison Barrio. Henry e Indiana Barrio. Ponle un sidecar a Fefa. Aventuro que las broncas serían épicas.
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about 1 year ago
Felicidades y gracias por compartir estos momentos.
Vsssssssssssssss
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about 1 year ago
hola fabián!!!
Jopé para tu padre está con fuerza para semejante “excursión”. Y sí, recuerda a Sean Connery … en Indiana Jones!!
El oir hablar de tu padre (y verlo en fotos) me ha devuelto a la memoría multiples vivencias infantiles:
El tema caseta y patuchas… lo viví en persona, y no hace 300 y pico días precisamente. en un verano entero de bicis, física-básica-aplicada-a-lo-que-te-rodea y mil cosas más…
Veo que sigues con fuerza tu macro proyecto de viaje, espero que ahora que estás llegando al ecuador del viaje no se te de por cancelarlo…
un saludo
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about 1 year ago
Una vez más, fantástico relato Fabián!!! No paras de superarte.
Felizmente tuve la placer y la alegría de conocer a “tu papá” y el honor de haber compartido el día con ustedes por Colonia.
Espero que el miercoles finalmente puedas retomar la ruta.
Un beso de Bárbara para vos y para JB. Les mando un fuerte abrazo.
Daniel
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about 1 year ago
que mejor regalo para el dia del padre que pasarlo con el…chispeante…
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about 1 year ago
Fabian,
Lo que pasa es que tu viejo es de otra generacion.
Ya casi no se ve, pero hasta hace algunos años atras, la gente de esa generacion no es que iba tarareando tangos, pero si los iba silvando por la calle.
Asi que como casi siempre, los viejos terminan teniendo razon.
Y en referencia a sus “caprichos”. Esa es su venganza a los berrinches que seguro tu tuviste en tu niñez.
Espero que la burocracia aduanera argentina te permita de hacerte de Fefa lo antes posible.
Te vas a la Patagonia?
Un saludo.
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about 1 year ago
En cuanto me lo permitan, me voy al sur. Pero no me lo están poniendo NADA fácil.
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about 1 year ago
Te acuerdas cuando desconfiabas del malayo que tan facil te la envio?
Pues ahora estas experimentando lo que yo llamo “La maquina de impedir”.
Espero que tengas la suficiente paciencia para no ametrallar a todo funcionario de aduanas que se te cruce…
Lamentablemente hay una frase por esos confines que muchas veces resulta: ¿Y como lo podemos arreglar?
Estoy seguro que pronto estaras montado en Fefa. ¿Como estas fisicamente? Yo en tus zapatos estaria mas preocupado por el viento que por el frio. Gobernar tremendo aparato con vientos laterales fuertes puede ser extenuante.
Un saludo.
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about 1 year ago
“Funsionarios haylos en toos los laos”. País, que diría Forges.
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about 1 year ago
Me alegra volver a saber de tí, amigo Fabián. Mi más sincera enhorabuena por tener los padres que tienes, como bien dices, tu eres una mezcla de ellos dos más lo que la vida te ha enseñado. Sigue tu camino a bordo de Fefa, a ver como ha soportado tanto tiempo encerrada en la oscura bodega del carguero, ella que es la reina de los horizontes.
Un abrazo y salud para el viaje.
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about 1 year ago
Tu relato me hace caricias, me emociona, estoy llorando. Escribes con el alma y trasmites tanto, tanto, tanto …
Gracias amigo !!!
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about 1 year ago
Feibian, te queda todavía mucho viaje… ¿volverás a tener la visita de tus padres más adelante? Imagino lo beneficiosas que son estas visitas paternales. No te interfieren en tu “proceso personal de búsqueda”, no?
Me alegro de que todo vaya bien. Sigue disfrutando. Un abrazo fuerte!!
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about 1 year ago
delicioso.
En las fotos, mejor sin gafas de sol, pero vamos… tu mandas
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about 1 year ago
Tu papá es increíble!
Qué suerte que tus papás te han podido acompañar y que has re descubierto tantas cosas!
Lo importante es que te quieren y están ahi!
Ayer comí con Marcos… casi un año sin verlo!!!
Te extrañamos!
Puse fotos en FB
Me encantó este reato de tu papá! Es una gran persona!
Si que se parece a Sean C pero mucho más jóven tu papá!
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about 1 year ago
Que lindo relato Fabian, sobre todo cuando hay sentimientos de por medio. Tu viejo seguramente es un excelente tipo y tendrá los “rayes” que todos tenemos. Vos no sos muy normal que digamos…
Me alegra saber que ya el martes comienza una nueva etapa en esta gran locura por viajar y conocer.
Seguramente ya cargadas todas las pilas del mundo, retomarás con todo ahinco esta formidable aventura.
Sabés que te sigo a muerte y por eso te mando todas mis fuerzas y energias.
David
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about 1 year ago
Soy fan de tu padre, que momentos mas geniales has compartido con nosotros. Gracias de verdad. Me ha parecido muy emotivo el relato.
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about 1 year ago
Que dicha tener a sus padres vivos, y poder compartir esas pequeñas cosas
Un saludo desde Bogotá Colombia
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about 1 year ago
Fabian, leo con regocijo, y muy buen ilustración, tan detallada crónica de vida, de los buenos recuerdos que haz vivido con tu padre, en una cultura diferente y tan disitintiva de otras, que tal las mujeres? shurras? o ahi mas o menos? hasta cuando vas a estar deleitando de ese manjar gastronomico que sólo te brinda la entraña argentina o el famoso bifé de chorizo, dulce de leche, una excelente vivencia para el recuerdo, disfruta aún mas el viaje, se que tiene algo de sentimentalismo que sólo un familiar y en especial solo un padre puede dar, pero sin emabrgo, no esta de menos, de mencionar a la compañera cuasi inseparable que va a inmortalizar tu aventura, a la preciada FEFA, que ha psado con ella, cuando tienes de nuevo en tus brazos? cuando seguiras devorando mas pavimento? Espero seguir noticias del día a día y ánimo que ya vas a completar el primer año de travesia, sigue lo mejor!!!!
Voy a enviarle musica, de la actualidad algo movida hehehehe XD
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about 1 year ago
Mañana sale del puerto Fefa. El miércoles retomamos ruta. Todo ello, si la burocracia argentina me lo permite, claro.
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about 1 year ago
Que buen relato !! veo que Bs As te abrazo con fuerza!.
Despues de este articulo con esas delicias de la vida que son nuestros “viejos” segimos sin saber el nombre del progenitor, no sabemos si fue por mera casualidas o por evitar dar a conocer el verdadero nombre.
De todas formas como ahora es parte tambien deste largo viaje un grande abrazo a Sean Barrio.
PD ya sabras que “viejos” es un forma tipica porteña de llamar a nuestros padres
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