El serpenteante camino a Kathmandu
¡Hola! Hace ya más de un año que estoy dando la vuelta al mundo a lomos de la moto Fefa. Si has llegado aquí por casualidad y tienes un ratico, quizá te interese saber algo más de mi historia. Conoce la ruta, la moto, entérate de cómo salí de Madrid, cómo empezó todo, lee todo el blog desde el principio o entérate de cuál es mi posición actual.
India me regaló una traca final inolvidable. Cuando surcaba la última autopista del país, surgió de la mediana un despojo de ser humano sin piernas, de brazos larguísimos como los tentáculos de un pulpo y vestido con andrajos de color ocre. Se lanzó ululando ciegamente hacia la moto de James, quien lo esquivó como pudo. Luego fue arrastrándose hacia la moto de Emily que, prevenida por el intercomunicador del casco, logró rodearlo y lo dejó aleteando y emitiendo gemidos subhumanos desde el castigado asfalto. Pero finalmente, el mendigo amputado fue a por mi. Yo había ido reduciendo la velocidad para evitar un choque múltiple en caso de accidente, así que, con un par de ágiles saltos sobre los muñones de sus piernas, ayudado por sus nervudos brazos afectados por el Síndrome de Marfan, logró acorralarme y echarme de la autopista. Se enganchó a mi pierna derecha como una garrapata y lo arrastré unos metros por el arcén de tierra. Emitió unos sonidos guturales y desesperados y por fin se desplomó sobre el polvo aparatosamente, rodando. Se quedó desparramado ahí, gritando con aullidos de cuervo y agitando los brazos sobre su cabeza como un molino de viento desgarbado. Pegué un acelerón con un torrente de adrenalina anegando mis sentidos todos. Adiós, Uttar Pradesh. El estado más poblado y pobre de la India. Donde los indigentes rezan por ser atropellados por un extranjero para cobrar la indemnización.
En Kathmandú, Nepal
Día 175 de viaje. 21ºC. Leyendo La familia de Pascual Duarte, de Camilo José Cela.
Me volví a juntar con James y Emily en Agra. Habían pasado una veintena de días en India evitando India a toda costa. No los culpo. Parapetados tras un torrente de flema británica, lo contemplaban todo con una mirada despectiva y sarcástica que, en algunas ocasiones, resultaba muy cómica. Según Emily, India sacaba lo peor de todos nosotros: en parte es asi, sin ir mas lejos yo mismo pensé en hacerme con un palo de bambú para hostigar a todo aquel que se me acercara a menos de un metro de mi, y eso que no soy persona violenta. Cuando por fin abandonamos Benarés, lo hicimos con la sensación de haber cumplido el último deber. Como cuando asistes a un concierto mediocre y las tres últimas canciones sólo resultan lastimeras y quieres que todo se acabe para volver a casa, pero esperas religiosamente porque tienes la sensación de verte obligado a pasarlo bien y disfrutar hasta el último minuto que has pagado. Los últimos kilómetros de India fueron apacibles. El país se fue normalizando lentamente, y la carretera se vio despojada poco a poco de vehículos extravagantes, animales despistados, y toneladas de basura esparcidas sin control. El campo se hizo frondoso, con delicados tonos verde oliva al pie de unas montañas de lomas suaves. Los campos cultivados rebosaban de mujeres en saris de colorines agitando al viento el trigo recién recolectado, en una estampa idílica que podría encabezar una engañosa campaña publicitaria del país. Los pueblos, en cambio, eran una cotidiana y nada sorprendente eclosión de febril actividad entre montañas de escombros, de humo acre y de heces. Había descubierto la estrategia ideal al verme atrapado en la multitud: como todo el mundo pita, los pitidos no servían ya de nada para abrirse paso entre la multitud, así que simplemente un buen día me puse a gritar como un loco peligroso fuera de mis casillas.
- ¡¡¡¡¡¡¡¡¡UAAAAAAAAAGHGHGHGHG!!!!!!!!! ¡¡¡¡¡AAAAAHHHHHHHHGHGHGH!!!!!!
Descubrí maravillado que mis gritos separaban la multitud instantáneamente. En general, aparentar ser un loco violento es algo muy positivo en India, y simplifica mucho todo tipo de trámites. Cuando descubrí esta circunstancia, disfruté de momentos impagables asustando a estúpidos viandantes que cruzaban la carretera sin mirar: era divertidísimo verlos pegar saltos aterrorizados apartándose de mi camino al oirme gritar como un demente enfurecido. Incluso las vacas se apartaban obedientemente al oirme soltar alaridos de psicópata.
Llegamos a la frontera con Nepal cuando el sol se había puesto. Llevábamos unos treinta kilómetros de retraso: nuestro plan original era ir a dormir a Lumbini, el pueblecito de nacimiento de Siddhartha Gautama, más conocido como Buda, pero el aluvión de absurda burocracia al que tuvimos que hacer frente en cubículos mortecinos de paredes desconchadas y suelos desiguales, retrasados por funcionarios vagos e ineficientes, nos hizo plantearnos la noche en el misérrimo pueblo fronterizo. Localizamos una pequeña pensión completamente infestada de insectos -inocuos pero molestísimos, se trataba de una auténtica plaga bíblica- e hicimos noche como pudimos.
A la mañana siguiente enfilamos hacia Lumbini. Nepal se desplegó ante nuestros incrédulos ojos como si se tratara de otro mundo. La carretera estaba en un estado lamentable, pero la gente parecía amable, y su forma de conducir más relajada y respetuosa con la vida. Lejos de las aglomeraciones enfermizas e insalubres de India, en Nepal los pueblos eran modestos pero se veían limpios y despejados. Lumbini, en concreto, un diminuto pueblecito abarrotado de hoteles y vertebrado sobre una callecita que desembocaba en un complejo de santuarios, resultó deliciosamente catártico. Nos refugiamos en una guest-house limpísima y dormimos como niños, arropados por el silencio por primera vez en más de un mes. Ocasionalmente llegaban, a lomos de la brisa, los graves trompeteos y los hipnóticos cánticos de un templo budista cercano, que nos arrullaron y nos reconfortaron en la limpia oscuridad de la noche.
Phokara o el nirvana de los pijoprogres
Habíamos leído en alguna guía que en Pokhara servían steaks de búfalo inolvidables. Llevábamos soñando con los steaks desde hacía cerca de dos meses. En Pakistan la comida había sido bastante buena, pero en su mayor parte vegetariana, aderezada con alguna brizna ocasional de tristísimo pollo famélico. En India se hizo muy complicado conseguir algo de carne o, por decirlo abiertamente, avituallarse con comida que pareciera tener un mínimo de atractivo y de higiene. No tengo nada en contra del vegetarianismo, pero yo no puedo tolerarlo a medio plazo. A lo largo del viaje he descubierto que el cuerpo, como suele decir el viejo tópico, es ciertamente sabio. Llevaba más de dos semanas soñando con carne roja, mirando a las vacas sagradas con una mezcla de repulsión y gula, y fantaseando sobre un gran plato de patatas fritas con un solomillo sangrante y corruscante -con un breve lapso de tiempo en Benarés en el que asistir a las cremaciones humanas me causó un pequeño conflicto interno con relación a la carne a la brasa-. Y esa fantasía gastronómica se hizo por fin realidad en Pohkara. Entramos en la steak house como elefantes en una cacharrería, y cuando llegó nuestro pedido lo devoramos con lágrimas en los ojos, cerrando los párpados y murmurando y ronroneando de aprobación como gatos acurrucados al lado del fuego.
Llegar a Pokhara supuso un día entero de conducción en un paisaje de ensueño. Las montañas se mostraban casi inmaculadas y sus lomas abruptas eran una eclosión de àrboles frondosos y espesos racimos de bambú gigante y palmeras lozanas. Las aldeas explotaban de actividad multicolor, así como los campos recogidos en pequeñas praderas lenticulares ganadas con endebles muros de piedra a la pendiente del monte. Las curvas de la carretera invitaban a tumbar la moto y a disfrutar del viento suave y el olor a campo. La temperatura era ideal, y el cielo apenas estaba salpicado de diminutos jirones pálidos.
Pokhara es un gran centro turístico de Nepal, el Benidorm del trekking. Su calle principal, que bordea un lago de aguas limpias y mansas como un espejo, rebosa de tiendecitas de falsificaciones de North Face, de restaurantes occidentales, de ciberlocutorios, bakeries, pensiones, cuchitriles de masaje asurvédico y de agencias de viaje que ofrecen paquetes de trekking en la selva, rafting en los riachuelos cercanos, y visitas más o menos aventurosas al Himalaya. Las terrazas de los cafés están infestadas de pijoprogres, en su mayoría cuarentones, enfundados en ropa color caqui de North Face, ojeando la Lonely Planet y planificando su asalto -de riesgo controlado- a la castigada y superpoblada falda del Everest. Los imagino regresando a su país y contando a la audiencia fascinada de su consultoría “en Phokara me senté a comer con ellos y me contaron sus costumbres y su forma de vida”. Aquí, sin embargo, no pueden prescindir del espresso y del wifi gratis. Yo tampoco, por supuesto, así que los días que transcurrieron en Pokhara en compañía de James y Emily y de una pareja de holandeses que aparecieron por ahí espontáneamente, fueron sumamente relajantes.
En mi segunda jornada en Pokhara celebré mi cumpleaños, coincidiendo con el cumplemés de Emily y James en una deliciosa pizzería al borde del lago. Me acompañaban además la pareja de holandeses y un matrimonio de alemanes alcohólicos y completamente locos que conocí en Estambul y que han llegado hasta aquí en bicicleta. Se unió a la fiesta un espontáneo del que no sé ni nombre ni nacionalidad y que trajeron bajo el brazo los alemanes. Me regalaron un collarcito budista de perroflauta, unas barras de incienso y un saco de seda para poder meterme en camas infestadas de garrapatas sin coger la pelagra. Mi pastel de cumpleaños fue un tiramisú. Soplé un candil de aceite del Diwali. Quién me iba a decir, el año pasado, que mi siguiente cumpleaños sería tan atípico.
Cuando el cuerpo empezó a pedirme algún tipo de actividad, acordé con la pareja de holandeses contratar un pequeño viaje a la selva para montar en elefante y hacer rafting. El empleado de la agencia de viajes nos hizo soñar con sus descripciones:
- El viaje se hace, por supuesto, en un autobús turístico. Luego harán rafting durante tres horas, y se subirán a un autobús de línea regular. Llegarán a tiempo al resort para alimentar a los baby elephants y tomar una cena de menú, amenizada por cánticos de las tribus locales.
- Odio las tribus locales- dije frunciendo el entrecejo.
- Oh, pero si son maravillosas, mire este folleto-. El folleto reflejaba en imágenes una de mis peores pesadillas: nepalíes escuchumizados vestidos con ponchos andrajosos haciendo amagos de bailes regionales y soltando aullidos de castrado ante un grupo de ávidos consumidores de la Lonely Planet vestidos de Coronel Tapiocca. El lector ocasional argumentará que de alguna forma tienen que prosperar las tribus locales. Se me ocurren decenas de formas más dignas y salubres de ganarse la vida: el robo, la prostitución, la esclavitud, hacer zapatillas Nike, la extorsión o la venta de estupefacientes, por poner un par de ejemplos.
- Ya sé cómo son las danzas esas, en todas partes son iguales.
- Oh, aquí son hermosas.
- ¿Al acabar venden collarcitos de cuentas?.
- Oh… bueno, es posible que…
- ¿CDs piratas de música nepalí?
- Bueno -carraspeó el hombrecillo cambiando de tema-… al día siguiente, los llevamos al safari. Estarán tres horas a lomos de un elefante. Verán ciervos, monos, rinocerontes, todo tipo de aves de la selva, y quizá tengan suerte y puedan también conocer al tigre del Himalaya. Oh, sí, sí, es muy emocionante. Luego, vuelta a un autobús turístico, y a las dos de la tarde, llegarán a Pokhara para comer.
No había nada como la perspectiva de un Safari Exclusivo Para Intrépidos Viajeros para abrir el apetito. De steak.
El Safari Exclusivo Para Intrépidos Viajeros Completamente Alejado de los Circuitos Turísticos Convencionales
La mañana de la expedición, una mujeruca vestida con un sari y pertrechada con una enorme sonrisa llena de dientes, nos ofreció unos espectaculares bollos de canela recién hechos mientras nos dirigíamos, a las seis de la mañana, a la estación de autobuses. Era evidente que no éramos los primeros turistas que recorrían ese camino, porque al cabo de un rato, todo el mundo llevaba bollos de canela y alrededor de cincuenta clones de la mujer se habían personado en las inmediaciones cargados con cestas rebosantes de bollería. Al identificar el autobús, se hizo evidente que quizá en un pasado muy muy lejano había sido un autobús turístico. En el presente, era en apariencia empleado para el transporte de cadáveres de perros. Nos agolparon en la cabina del conductor, apretujados sobre una tabla con un cojín. Una pareja de americanos prefirió hacer el trayecto de pie, lo que proporciona una idea aproximada de la comodidad ofrecida por el transporte. Así transcurrieron cerca de cinco serpenteantes horas hasta llegar al remanso del río donde nos estaban esperando unos hastiados nepalíes que procedieron a embutirnos en unos ajados chalecos salvavidas y a darnos una aburrida clase de remo en rápidos. Las barcas cargadas de occidentales deseosos de emociones fuertes no paraban de surcar río abajo. La gente cantaba canciones, chocaba los remos en señal de triunfo, se salpicaba de agua, y en general convertía el río en un parque de atracciones.
El rafting habría sido una experiencia cautivadora, si no llega a ser porque la duración prometida de tres horas se vio reducida inexplicablemente a una hora y media. A estas alturas la pareja con la que viajaba, que son campeones mundiales de la protesta, estaban poco menos que indignados. Llegamos mojados como pollos a nuestro destino, un grupúsculo de chamizos marronáceos depositados al borde de la carretera, donde nos invitaron a cambiarnos por turnos en una cocina mugrienta. Al salir de ella, bizqueando por el sol, el nepalí de ojos rasgados que nos había estado dirigiendo a través de los rápidos nos empujó al techo de un autobús de línea que se había parado por allí.
- ¡¡Si no sube, tiene que esperar una hora!!- exclamó con gran énfasis.
Movidos por el desconcierto, subimos por la escalerilla del autobús hasta el tejado, donde había ya un nutrido grupo de nativos observando aburridos nuestras torpezas moviéndonos por la baca cubierta de fardos. Todo sucedió tan deprisa que no nos dimos cuenta hasta que arrancó el autobús de que realmente íbamos a hacer el viaje encaramados a aquello, algo que no había sido anunciado por la agencia de viajes. A ver, a mi me gusta subirme al techo de un autobús, pero prefiero que me informen de ello cuando me venden un paquete vacacional. En honor a la verdad, debo decir que no parece tan peligroso una vez estás colgado allá arriba. El ambiente era casi festivo. La gente parloteaba sin parar como pequeños loritos entusiastas, comentaba las incidencias de la ruta, y se ofrecía mutuamente el mejor sitio sobre la montaña de fardos. Un chaval pequeño, de unos 11 años, trepaba periódicamente por el lateral del autobús arriesgando su vida para asegurarse de que todo estaba en orden y para acomodar las maletas y los sacos. A empujones y gritos de madre superiora, lograba colocar a la gente para que cupieran más pasajeros por metro cuadrado. Un tipo de aspecto agradable y discreto me invitó a que me sentara con él en la cabeza del autobús, donde un pequeño saliente metálico gastado hacía las veces de asiento. Cuando pude relajarme y soltar las manos, que tenía agarrotadas de asirme desesperadamente a cualquier saliente, empecé a disfrutar realmente de esa forma surrealista e inesperada de viajar. Me sentía montado en la grupa de un enorme y resollante leviatán, que cabeceaba sobre el asfalto gastado y pegaba botes descomunales que me hacían rozar con la cabeza las ramas de los árboles de los márgenes de la carretera. El trayecto, que habían prometido que duraría una hora y media, nos llevó casi cuatro horas. Llegamos a las inmediaciones del parque natural de Chitwan completamente anquilosados y ateridos de frío -la noche había caído ya, con el consiguiente descenso de las temperaturas-. De alimentar baby elephants, ni hablar. La parca cena en nuestro resort, en la triste compañía de los gecos y los mosquitos, nos hizo olvidar en parte las inclemencias de la jornada pero no los steaks de Pokhara, que ocuparon mi mente el resto de la noche oscura de piedra.
He hablado ya del safari a lomos del elefante, por lo que no tengo mucho más que aportar al respecto. Unicamente que me alegro de no haber visto rinoceronte alguno: las fotos que luego descubrí mostraban a decenas de turistas disparando fotos alrededor de un pobre e inocente rinoceronte, hostigado por los flashes y los elefantes, y acurrucado en el fango disimulando su desesperación y su pánico. Casi preferí que lo más salvaje que descubrió nuestro elefante fue una botella de agua vacía y un ciervo somnoliento, repantigado entre los arbustos.
Camino de Kathmandu
Tras un infructuoso intento de asesinato del responsable de la agencia de viajes, abortado por la policía local, decidí que era hora de enfilar camino a Kathmandu. Pokhara era sin duda un destino ideal para reponer fuerzas, pero estaba acabando con mi paciencia. Además, por momentos, empezaba a visitar las tiendecitas cercanas con la firme intención de comprar cosas, algo que indudablemente indicaba que mi psique estaba haciendo aguas. Iba a echar de menos los steaks, pero me esperaba todo el follón de empaquetar la moto y mandarla a Bangkok lo antes posible para poder disfrutar de Laos y Camboya antes de mi cita navideña en Phuket, así que una mañana de noviembre, al alba y con viento de levante, arranqué a Fefa camino al este.
Decidí que Nepal es cautivador a los pocos kilómetros de abandonar Pokhara. La carretera hacia Kathmandu bordea un delicioso río -el mismo que recorrí haciendo rafting- y aunque serpentea por una ladera lo suficientemente escarpada como para ponerme nervioso, la amabilidad de los conductores y el aceptable estado del firme me reafirmaron en mi idea inicial de que el país funciona, a pesar de los conflictos internos que todavía tienen que asentarse. La carretera está salpicada de pueblos pobres pero enormemente dignos, y de restaurantes de comida rápida que hacen que viajar sea enormemente cómodo. Todo iba bien hasta que, a veintidós kilómetros de Kathmandu, la carretera se convirtió en un paisaje postnuclear atiborrado de camiones, tractores, autobuses, y todo tipo de vehículos pesados que escupían sobre mi enormes nubes de humo negro. El atasco sobre los baches gigantes como cráteres lunares se hizo casi insoportable bajo el sol de justicia. Los camiones se averiaban periódicamente y se paraban en medio y medio de la calzada, creando más y más atasco. La polvareda parecía rodearme como una densa manta opaca que me impedía ver más allá de dos metros ante mis narices. El último tramo de atasco me hizo pensar que quizá tendría que buscar un nuevo taller para reemplazar el embrague de Fefa, pero finalmente, tras alcanzar el puerto de montaña y dejar atrás un caótico control policial, Kathmandú apareció ante mi como una ensoñación fantasmagórica del Greco al atardecer.
Si has disfrutado de este artículo, puedes (debes) retribuírmelo compartiéndolo en Facebook, Twitter, Menéame o Tuenti
Simplemente haz click en los enlaces y se abrirán en una ventana nueva los distintos servicios. Así de fácil. Hazlo. Ya. 


















Salíadarunavuelta: La vuelta al mundo en moto de Fabián Barrio
about 1 year ago
Alguno piensa que estás propagando el evangelio segun san Lucas,o como evocador de personas y lugares ideales…para eso los folletos de viajes del Corte Inglés.
Particularmente aprecio tú cualidad para sentenciar personas y lugares para lo bueno y para lo malo.Todo el mundo tiene derecho a una vida insustancial como la del pobre mendigo de los muñones que ha tenido la desgracia de nacer en la India..y nadie puede recriminar a Fabián por describir con todo detalle lo que siente ,por qué seria censuar el viaje y creo que no sería bueno para sus incondicionales lectores.
Gracias por llevarnos Fabián y compartir tú vida,nunca pienses que estás solo.
PD:para los mal llamados puristas que creen que tienes poderes para conducir por todo los paises del globo…que se dediquen a quemar rueda y hacer cortes de encendido, lo dice un motero con años de moto.
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
Hola Fabián:
Así que fue tu cumpleaños.
Pues… ¡¡¡FELICIDADES!!!
Saludos.
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
Veo que tu manera de ver las cosas es diferente desde la India ,ahora estas mas critico y desconfiado y un poco cinico( perdona ) pero es natural que toda esa porqueria y negocio quite un poco el gusto de las cosas. El turista lo estroea todo y es natural que con tanta miseria se aprovechen de todo y dentro de unos años sera peor. Pero al mismo tiempo lo estas pasando bien que es lo principal. Me gusto mucho tu cronica y te felicito por tu cumpleaños que apesar de todo lo pasaste com amigos y con buena comida.Gracias y un abrazo amigo. Se ve a Fefa un poco cansada, espero que sea solo impresion mia. Tita
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
Me complace informarte que en Laos también tienen franquicias de elephant-safari jajaja
Laos es un lugar genial para visitar en moto. Poco tráfico, conducen despacio y apenas hay gallinas famélicas cruzando la carretera. Camboya es más estresante y la policia tiene muy mala fama si tienes algún problema de tráfico (rollo Ukrania, al parecer).
No se si llevas mapa en papel, pero si es así ojo. Yo llevaba los de Reise -Know-How, y aun así tuve que pasar algún río subido en una canoa poco más ancha que el manillar. Lo que en el mapa parece una nacional más que decente se puede convertir en una ratonera de barro y aldeas con niños aterrados por ver su primer occidental.
Cada día tienes una manera más fresca de contar tu viaje. Me tienes enganchado.
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
Hola! Fabian
!!!!!
Ante todo, te felicito por como estas disfrutando esta etapa de tu vida, me das envia, pero de la buena!!!
Dicen que el mundo es pequeño, como un pañuelo, es verdad!!
Hace unas semanas estaba trabajando en una casa en Extramundi, te suena, una clienta (que conoces muy, muy bien) a la que ya le hice varias reparaciones, y en esta ultima ocasion, hablando de esto y de lo otro y de aquello, me dice que su hijo esta dando la vuelta al mundo en moto y le digo:
- no sera en una moto negra llamada Fefa ¿no? Cara de asombro de los dos
Que pequeño es el mundo ¿no?
No sabes lo dificil que fue poner la lampara, pero quedo muy bien!
En resumen:
Vengo siguiendo tu viaje desde que salio publicado hace tres meses en el Correo Gallego y hoy me presento para que sepas que tus relatos me enganchan y disfruto mucho leyendolos. Gracias!!
Saludos
Hugo (Hurbano Mantenimiento del Hogar)
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
Tengo un par de chapas de botella para ti.
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
Huir de la pobreza es difícil.
Cuentas Atlas que existe la “pobreza pegajosa” que nos hace sentir mal y con culpa a algunos Fefanautas que vamos en tu nave por la acción -reacción en tu largo post de “salí hacia Nepal huyendo de los pobres mendigos agresivos”.
Instinto de supervivencia, mi capitán; la pobreza engancha.
“La definición del ser humano está llena de paradojas. Es un egoísta social, que para buscar su provecho necesita de los otros. Es un libertario que teme la libertad. Es un ser racional que encuentra su energía en impulsos no racionales. Es un perezoso que no descansa nunca. Es un hombre con vértigos que busca las alturas. Vaciarse y llenarse al mismo tiempo” (adaptación para Atlas de un pensamiento de J.A. Marina).
Ítaca es el esfuerzo continuo de una evolución por resolver contradicciones que están en los genes; en el medio ambiente; en las relaciones sociales.¿ De que tullidos hablamos?
La cultura tiene como misión imponer a las individualidades el bien del colectivo social. La tribu impone al individuo la represión de su instinto. Lo educa defensivamente para la sociedad. El asceta busca en” su salida” aclararse vaciándose de su cultura y ampliar sus instintos libertarios. Los sentimientos humanos los entienden los Fefanautas como legítimos en esta búsqueda del asceta que se vacía.
La sensación de pobreza que le rodea a veces (también física; solo tienen una mano cuando los demás tenemos dos) lleva algo de injusticia que hacen activar en el “humane” (hombre/mujer) que la padece dentro del grupo (Aldea global) el reflejo instintivo su inteligencia, su capacidad de segregar egoísmo, su agresividad su necesidad de supervivencia para agarrarse (aunque sea sin manos) a cualquier pierna de ácrata- nazareno que pase por allí y le haga sentir la desigualdad. Los “otros son los injustos” el pobre él. Entendemos los Fefanautas tu reacción porque está en juego tu Ítaca. El otro intenta sacar provecho de nuestro sentimiento de culpa, porque sabe que lo tenemos.
El asceta se vacía de culpas mucho más deprisa que se llena de humildad y de empatía. Aun le lastran sus represiones culturales y se nos hace difícil llenar con bondades y caricias compasivas un instinto de supervivencia. Al mejor domador de cocodrilos, se lo comieron estos hace ya unos años en Australia. Prefiero a Nietzsche como domador.
El motero no salió a dar una vuelta para domesticar la pobreza; salió para follar la vida sin joderse aprendiendo a sobrevivir en la jungla de “verdades reales” (aquello sobre lo que se puede construir) sobre las que fundamentar su dignidad de persona y disfrutar de lo que hace con los “talentos” que tenga.
Huir de la pobreza es dificil incluso para los ricos.
De paradoja a paradoja y tiras porque te toca.
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
me ha extrañado mucho la decisión que has tomado de hacer esa “aventura prepago”, como si ya fuera poca aventura tu viaje jeje, yo personalmente soy incapaz de contratar nada parecido (rafting en Nepal??, paseo en elefante??), pero claro, tendría que verme en el sitio…
en cuanto a lo de la moto, yo que soy motorista, no precisamente purista, creo, a tenor de la información facilitada, que has hecho una buena elección, que no desmerece para nada tu vuelta al mundo en moto
gracias Fabian
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
El caso es que no hay elección. Ojalá la hubiera, porque ponerse a desmontar la moto y meterla en un ataud, no es nada divertido.
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
Mmmm… lo aburrido sería el pagar a un grupo de mecánicos para que lo haga mientras descansas en el jacuzzi del hotel. Yo veo esta solución como parte del reto de llevar moto y piloto como mejor pueda al punto B, nada más.
Es parte de la historia, no veo por qué reparar en ello.
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
Impresionante relato Fabian, estoy viviendo cada etapa de tu viaje como si fuera en la moto contigo, estoy deseando que llegues por laos, camboya…
Un abrazo y a seguir así
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
Bueno parece que Nepal ha estado muy bien, comparado con la India. Y parece que has pasado días tranquilos, eso no está mal.
Sobre los motoristas puristas … en fin, que les den.
Saludos,
Pablo – Coruña
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
Hola, solo para enviarte un saludo y contarte que te voy siguiendo hace dos o tres meses, y meparece expectacular todo lo que escribes, bueno…adelante
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
Excelente relato viejo Fabián, me reí mucho con el párrafo del viaje en el techo.
Esos steaks se ven muy suculentos.
Saludos desde Colombia.
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
Terrible la anécdota del pobre mendigo de los muñones.
No me la creo tal y como la cuentas.Tú no eres cruel . Nadie que pueda describir la belleza como tú lo haces es cruel hasta el punto de narrar esa supuesta vivencia dolorosa
con tanta prepotencia y sin un ápice de piedad
Creo, sí, que es una imagen literaria para hacernos llegar el colmo de la desesperación y desventura en la que vive esa gente.Creo que es una transmisión del sentir de lo que cualquiera podría hacer si se ve en sutuación límite.
Espero y deseo, por tú bien , que sea lo 2º
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
Hola!! Acabo de descubrir tu gran aventura, la verdad es que me ha cautivado la idea de dar la vuelta al mundo en moto, quizás para mi es aun una aventura demasiado grande, debería empezar por tramos mas cortos e ir cogiendo confianza, me gustaría empezar por la vuelta a España, Europa, el mediterráneo, o algo así que me recomiendas? Sabes si hay algún tipo de organización o algún aventurero como tú que lo haya hecho? Te agradecería tus consejos, un abrazo y suerte en tu viaje
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
Puedes ir a Turquía y volver. Es un viaje maravilloso, y el país es sencillamente espectacular. Te sientes en otro planeta. Viajes organizados de aventura en moto hay muchos, no sabría recomendarte uno. A mi me fue muy bien este.
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
Me encanta el realismo de tus relatos y para describir con realismo, leeremos las pinceladas del color con el que ves tu camino (tu vuelta por el mundo) Mi enhorabuena por todo. Mi sillónball que se ha convertido en un sillón de viaje mental. (Cuenta todo lo que puedas, que nos tienes to enganchaos)
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
Me gustó tu ironía y tu sarcasmo, como siempre. Felicidades a los que te están empezando a conocer ahora!!
Por otra parte, oye, no todo el mundo puede presumir de haberse pegado cuatro horas encima de un autobús disfrutando del paísaje mientras se muere de frío de hambre y de cansancio, porque me imagino las agujetas al día siguiente…
Fantástica historia. Todo es aventura!!
Un abrazo!
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
Excelente excelente excelente post.
Congratulaciones !!!
Muy bueno lo del autobús en el techo. Está claro que en Uropa somos unos tikismikis.
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
Feliz cumpleaños Fabian!
Asi que navidades en Bangla Road? Eso si que no me lo pierdo !
un saludo.
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
Fabián, de manera repentina acabo de descubrir el por qué de este viaje! En realidad la excursión no es sino una excusa para llenarte de anécdotas que poder narrar día tras día. Y lo entiendo. Desde hace años soy asiduo lector de un par de revistas de viajes y he de confesarte (nada que no sepas, por otro lado) que tu estilo supera con creces el de aquéllas. Tienes una capacidad descriptiva envidiable. Mi enhorabuena en esta ocasión por eso, por ese estilo cuidado con el que cocinas estas etapas del camino.
Un abrazo,
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
Hola Fabian; No te “quemes” con los “auténticos moteros de huevos pelados”, que te critican por mandar a Fefa en avión. Que no te sepa mal no ser “tan motero”, todo es relativo, ya lo advertías al inicio del viaje que no eras el típico motero. Sigue adelante como siempre, estamos contigo a tope.
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
ooooOOOOOOOOoooooooOOOOOOOOoooooooooohhh! ke REPORTAJEEEEE!
estos son los ke a mi me gustan, seeeeeee! gracias
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
En todas partes las agencias de viajes, timan a los incautos turistas.
Excelente articulo, y muy buena la descripción de lo que ha sido el paso a través de las diferentes culturas sobretodo la india, en la cual me queda esa sensación de hastío hacia ellos, y de desprecio absoluto de sus costumbres.
Nuevamente un saludo desde Colombia, el otro lado del charco como dicen por ahí
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
Ufffff, tío, estoy empezando a “oler” una pequeña involución a tu forma de viajar… Estoy contigo en que la mayor parte del planeta está ya demasiado preparada y explotada para el turista, pero eso no puede hacerte pensar que deberías encontrarte sitios vírgenes a la vuelta de la esquina y que tienes más derecho que ninguno a disfrutar de los sitios secretos de este mundo… Tu mismo lo dices: “como prueba irrefutable de que soy un turista con Visa Oro y no un Auténtico Viajero o un Verdadero Motero de Huevos Pelados”.
No es una crítica a muerte, es solo que te leo desde el primer post, y creo que empiezas a cansarte de cosas a las que deberías acostumbrarte:
“Se enganchó a mi pierna derecha como una garrapata y lo arrastré unos metros por el arcén de tierra. Emitió unos sonidos guturales y desesperados y por fin se desplomó sobre el polvo aparatosamente, rodando. Se quedó desparramado ahí, gritando con aullidos de cuervo y agitando los brazos sobre su cabeza como un molino de viento desgarbado”
Entiendo que la India cansa, pero:
“Las terrazas de los cafés están infestadas de pijoprogres, en su mayoría cuarentones, enfundados en ropa color caqui de Northern Face, ojeando la Lonely Planet y planificando su asalto -de riesgo controlado- a la castigada y superpoblada falda del Everest. Los imagino regresando a su país y contando a la audiencia fascinada de su consultoría “en Phokara me senté a comer con ellos y me contaron sus costumbres y su forma de vida”. Aquí, sin embargo, no pueden prescindir del espresso y del wifi gratis”
Reconoces que tu tampoco puedes pasar sin esas cosas, y quiero leer entre tus líneas un sarcasmo no fingido, pero creo que quizá deberías plantearte como seguir esa pedazo de aventura en la que te has metido porque me da la sensación de que últimamente ves mas cosas malas que buenas en tus destinos. Ves más turistas y más oportunistas aprovechándose de ellos. El mundo es así: PEQUEÑO. Y eso que a los perroflautas y pijoprogres como tú y yo nos permite viajar, es lo que a unos pocos les permite sobrevivir. ¿O acaso esperabas un safari con las comodidades occidentales en Nepal? Hacen lo que pueden, que a veces no es mucho, ya lo sé, pero tienes que ponerte en su pellejo (y tu sí tienes la obligación de hacerlo porque estas allí y no vale que seas un mero espectador, de ti esperamos algo más, más objetividad).
“A estas alturas Juan y Olga, que son campeones mundiales de la protesta, estaban poco menos que indignados.” ¿Realmente crees que son los únicos en quejarse?…
No te tomes a mal estas palabras, sabes que te sigo desde el principio y me encanta el viaje que estas haciendo (de hecho me corroe la envidia), por eso me veo obligado a comentarte el cambio que creo estoy viendo en ti, no todo van a ser ánimos ¿no crees? Espero que no te ofenda este comentario.
Salu2 y muchos ánimos, que no sé por que me da que estas un poco bajo de moral…
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
Hola coincido bastante con este mensaje, me encanta el viaje que haces, pero es como que desde mi punto de vista me daria lastima ver a la gente en ese estado en india, pakistan, nepal, etc y trataria de ser mas amable y humilde…con ellos
Ellos no tuvieron la suerte de haber nacido en Europa..
Si tuviera la suerte de poder hacer asi un viaje seria para tratar de charlar, compartir, involucrarme con la gente, conocer la realidad y aprender a valorar lo que tengo en caso de que este mejor que ellos…
no de ser por ahi tan repudiante con esta gente.. (me dolio este parrafo que sigue)
“Se enganchó a mi pierna derecha como una garrapata y lo arrastré unos metros por el arcén de tierra. Emitió unos sonidos guturales y desesperados y por fin se desplomó sobre el polvo aparatosamente, rodando. Se quedó desparramado ahí, gritando con aullidos de cuervo y agitando los brazos sobre su cabeza como un molino de viento desgarbado”
Esto me parece que no en cierto, no puedo creer que hiciste esto
Suerte en el viaje Fabian
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
Si paro ahí el tipo ese me mata y me devora. Todo se ve muy idílico desde occidente, tomar té con ellos, aprender su cultura, etc. Muy bonito, en la tele queda genial. La triste realidad es que, en muchas ocasiones, el diálogo es imposible. Y, desde luego, si un mendigo loco gritando como un poseso se te lanza encima intentando hacerte caer de la moto, lo menos que quieres hacer es sentarte a compartir con él su filosofía de vida.
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
Ok , en eso tenes razon, hay que estar ahi para ver.. A nosotros nos pintan cosas por la tele que estimo tienen de cierto el 30 o 40 % de la realidad del pais…
Mucha suerte y adelante con el viaje….
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
Creo que voy a tirar al contenedor de la basura, mi pantalón de color caqui…¡¡Joo!!.
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
Qué bien que celebraste con tantos amigos! Tu cara de felicidad al ver el steak que te ibas a comer no tiene precio!! Para todo lo demás existe master card!
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
Voy a ir disfrutando de esta lectura poco a poco así que así iré agregando mis comentarios!!
Sólo tú puedes describir así lo que te pasó al final en India!!
También puede pasar en México! (tristemente)
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
Desde luego es una autentica novela. Te hace soñar con culturas diferente y paisajes de ensueño.
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
Joooo, que bonitos paisajes…que divertidos días!! Aunque sean sobre elefantes viejunos y con el timo del viaje-aventura-maravilloso.
Creo que mi siguiente viaje será a Nepal, sabiendo que es lo contrario de India, seguro que me animo. Muy fuerte la salida de India..ufff…
Te envío un fuerte abrazo desde el frío Madrid. Deseando estoy que llegues a Thailandia y nos cuentes como ves este país que también conozco.
Vss!!
Tu voto:
0
0
about 2 months ago
hazlo!, yo fui en el ultimo octubre y ha sido una experiencia maravillosisisima. O algo asi de superlativo. Ya posteare algun dia mi crónica!
Fabian: la ropa falsificada es “The North Face” tengo el dia puntualizador hoy…
Tu voto:
0
0