close¡Hola! Hace ya más de un año que estoy dando la vuelta al mundo a lomos de la moto Fefa. Si has llegado aquí por casualidad y tienes un ratico, quizá te interese saber algo más de mi historia.
Conoce la ruta, la moto, entérate de cómo salí de Madrid, cómo empezó todo, lee todo el blog desde el principio o entérate de cuál es mi posición actual.

He descubierto con gran sorpresa que la civilización me intimida. Tras desembarcar en el aeropuerto de Bangkok, la asepsia que me rodea, el tráfico ordenado y la gente cortés y educada me acobardan. Ahora mismo, refugiado en un hotel low-cost en el que no se va la luz y que tiene agua caliente cuando me da la gana (y tras tres meses de apagones y de duchas en un cubo, estoy perplejo y maravillado) he abierto las fotos de Kathmandu y me he sorprendido echando de menos el caos, el polvo, los ruidos y la gente exótica. Kathmandú es una caja de sorpresas, uno no puede menos que maravillarse de los rincones deliciosos que esconde. A cada paso, una estupa, un puestecito de comida, un decrépito rickshaw o una niña vendiendo flores maravillan y seducen por igual al turista accidental en busca de una instanánea exótica que llevarse a la cámara. Aunque sé que no he hecho justicia ni a Nepal ni a Kathmandu con mi fugaz visita, he aquí algunos de sus colores, por si te sirven de aliciente para visitar este maravilloso país.

Puedes ver esta galería como una presentación.

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