La hacienda de mis bisabuelos en Mar del Plata
¡Hola! Hace ya más de un año que estoy dando la vuelta al mundo a lomos de la moto Fefa. Si has llegado aquí por casualidad y tienes un ratico, quizá te interese saber algo más de mi historia. Conoce la ruta, la moto, entérate de cómo salí de Madrid, cómo empezó todo, lee todo el blog desde el principio o entérate de cuál es mi posición actual.
Imaginemos ahora a una mujer sola, cuidando de dos niños que apenas levantan un palmo del suelo. Estamos en el 1929. Galicia. Los eucaliptos todavía no han inundado con sus rectilíneas y malignas formas las lomas suaves de esta tierra humilde y castigada: en cambio, enormes bosques de robles cubren suavemente el manto verde de la tierra húmeda. Un manto de miseria se cernía sobre la negra sombra de los campos. La mujer es una viuda de un vivo: su marido emigró hace ya un par de años a Argentina, y ella subsiste de lo que consigue arañar a la tierra: unas patatas anémicas, unas acelgas, el huevo raquítico de una gallina. El hueso de una pata de cerdo, usado ya decenas de veces, pende del hogar de granito: con él se da gusto al caldo de patatas y castañas. Llueve eternamente y los jirones de bruma se enredan en las zarzas y las retamas. La gente cuchichea sobre meigas y bichas con cuerpo de buey y cara de difunto que se descuelgan por el hueco de la chimenea. En los senderos tenebrosos de piedras gastadas camina por las noches la Santa Compaña entre la niebla: las ánimas de los difuntos errando de noche sin hallar paz del camposanto a la plaza del pueblo. Los días se suceden plúmbeos, gélidos, opacos, grises, idénticos, míseros. Esta mujer lucha a solas con la vida y con los elementos. Ara con sus propias manos los campos helados, recoge de los caminos enormes plastas humeantes de vaca que emplea para sellar el horno del pan. Se suceden las estaciones inmisericordes: hay que podar las viñas, desgranar el maíz, remover la tierra negra bajo el enorme cielo encapotado para recolectar las patatas, zarandear los perales para que caigan las frutas maduras antes de que se las coman los pájaros. Es el tiempo inmisericorde el que decide la vida de esa mujer. Humilde, sepultada en vida en una pequeña casa de piedra, escuchando todas las noches el ulular del viento en las copas de los castaños y el bramar de la lluvia sobre la teja roja del tejado. Esa mujer era mi bisabuela.
Esta noche, el viento furioso castiga con fuerza los muros de piedra de la casa. En el piso de abajo rumian las vacas, cuyo calor sube lentamente por los listones de madera del suelo hasta la única pieza en la que esta mujer duerme con sus niños pequeños, con la única compañía, defensa y consuelo de un crucifijo de madera colgado de la pared. Sombras amenazadoras y danzarinas se deslizan por las ventanas cerradas, el aire gélido se cuela borboteando por los resquicios de las puertas, gimen y crujen como huesos de cadáveres los peldaños de la escalera, los ratones se deslizan con un repiqueteo sordo por los listones del techo. Y, de repente, un golpe seco y amenazador en la puerta. La mujer se sobresalta, los niños lloran, ella intenta acallarlos, otro gran golpe retumba en la pequeña casa de piedra. Las vacas se revuelven incómodas, un gato huye bufando y se esconde bajo la mesa de la cocina. La mujer se echa una manta de lana vieja y raída sobre los hombros, enciende una vela, camina descalza y aterida por el suelo de madera, baja las escaleras y se queda quieta ante la puerta, sobre el suelo helado de tierra pisada. Retumban de nuevo los golpes en la puerta de doble hoja.
- ¿Quén é?- pregunta la mujer aterida. La lluvia cae con fuerza fuera.
- ¿Consuelo?- responde una voz desconocida.
- Si, son eu. ¿Quén chama?
- Déjeme pasar, por el amor de Dios. Soy una mujer sola.
Consuelo, armada con una vara con la que dirige a las vacas a su pasto, se pone unos zuecos de madera y abre con cautela la hoja superior de la puerta. Los niños se arremolinan en los peldaños de la escalera, cuatro ojos enormes y aterrados, dos caritas sucias y famélicas que de pálidas que son reflejan como óvalos de lienzo la luz mortecina y trémula de la vela. La ventisca se cuela en tromba en el interior de la casa y asusta a los ratones, que huyen a sus guaridas acobardados. Una mujer sola, enjuta, enlutada, de aspecto miserable e inofensivo, está parada en el umbral. Su mirada es limpia y valiente. A su alrededor sopla al viento gélido, chisporrotea furiosa la lluvia helada. La única vela que ilumina a mi bisabuela y a esa mujer tiembla y amenaza con extinguirse. Es una noche sin Luna.
- Déjeme pasar, Consuelo. Traigo noticias de la Argentina.
Consuelo entonces descorre el cerrojo, abre la puerta. La mujer penetra en el pequeña casa, se despoja el manto oscuro que está completamente empapado.
- Ide pá cama- dice Consuelo a sus hijos, que desobedecen y se quedan escuchando en la escalera, ateridos de frío, temblando como dos ramitas.
Consuelo azuza los restos del fuego de la cocina. Los alimenta con un par de piñas, se arrodilla ante ellos y los sopla suavemente hasta que una leve llama comienza a chisporrotear y a alumbrar la estancia. Las paredes son de piedra desnuda, el suelo de tierra. Cuelgan algunas ramas de tomillo y unas ristras de cebolla de un rincón. A un lado, un enorme fregadero de piedra ante la ventana. Unos cuantos taburetes de madera alrededor del hogar. Loza descascarillada apilada en un estante. La mujer se sienta. Mira a mi bisabuela gravemente.
- Júreme por Dios que no va a decir nada.
- Claro que xuro.
- Por Dios, Consuelo, nadie puede saber de esto.
- Xuro, señora.
La mujer entonces revuelve bajo su fada y saca un pequeño paquete. Dentro, cuatro o cinco paquetitos más de tela. Elige cuidadosamente uno de ellos y se lo extiende a mi bisabuela. Dentro, una carta y un fajo de billetes de tierra extraña. La mujer era el correo de los emigrantes. Ella traía el dinero de ultramar a las aldeas perdidas por esos mundos de Dios.
Al otro lado del océano, a escasos veinte kilómetros de Mar del Plata, el sol radiante iluminaba las paredes blancas de El Boquerón, la impresionante hacienda de la familia Anchorena. Un inmaculado cielo azul estallaba como un rayo cegador sobre el mar opalíneo. Corredores de mecedoras, amplias terrazas iluminadas por un sol rabioso y radiante, árboles centenarios decorando con sombras espesas el césped inmaculado, perros lanudos de exótico perfil jadeando bajo los palos rossos, arcadas infinitas, techos repujados, y un Rolls Royce encerado reposando en la cochera. Ercilia Cabral Hunter, conocida como Ercilia de Anchorena, la mujer de la casa, gobernaba junto a su marido Enrique los centenares de ubérrimas hectáreas que rodeaban el imponente caserón. El Boquerón, fundado sobre los cimientos de la estancia Ituzaingó, una casaza construida a mediados del siglo XIX por Eusebio Zubiaurre, era un hervidero de actividad: piscina y solarium, cancha de golf con nueve hoyos, casita de té, y enormes miradores que, si bien no dejaban ver el mar, permitían adivinar su reverbero en el horizonte del lado este. La casa requería personal constantemente, la mano de obra fresca llegaba todos los meses al puerto de Mar del Plata y era contrarada allí mismo.
Para: yo@saliadarunavuelta.com
Asunto: Alma de niña
Argentina vino colgadita en el traje de pana color tabaco que sobrevivió cién inviernos en aquel Callobre terrible de postguerra.
Tu madre impregnó su alma de niña de los pocos estímulos que le eran dados pero sin duda Argentina y el Rancho Anchorena dejaron su huella en en ella.
Era unha neniña da aldea ‘casi un ninguén’ pero tuvo la suerte de escuchar el acordeón, la habaneras , la cucaracha, de hurgar en el gran baúl de los misterios que olía a mar y a lugares lejanos, de aprender a leer, con la ayuda amorosa del abuelo Manuel, en el libro de pastas de cartón las fábulas de Iriarte y Samaniego editadas en aquel país en el que había un rancho y en el que él había dejado su alma.
Ahí llegaron dos hombres rudos, curtidos en el trabajo del campo y el clima gélido de una Galicia paupérrima y casi medieval y de ahí volvieron convertidos en señoritos. Mis bisabuelos. Allí medraron, admirando a Ercilia de Anchorena y su mano de hierro con guante de terciopelo. Allí sirvieron durante muchos años, el uno de mayordomo, el otro de chófer. Se convirtieron en personas distintas, hasta tal punto que vivieron como un destierro en vida el retorno a la Galicia brumosa y gélida, algunos años después, cuando la crisis de los años treinta opacó la opulencia de la hacienda de los Anchorena. Allí, mi bisabuelo Manuel aprendió a tocar el acordeón, que viajó con él de vuelta a Galicia muchos años después, y con el que amenizó sus fiestas tristes hasta el final de sus días. Mi bisabuelo tomaba a su nieta Ercilia Luisa -mi madre, cuyo primer nombre heredó de la señora de la casa Anchorena- en su regazo y le canturreaba tangos bajo el emparrado del patio viejo. Sacaba del bolsillo de su chaleco un cortaplumas argentino y le pelaba los primeros melocotones de la temporada. Daba cuerda parsimoniosamente a su reloj de oro en las tardes lluviosas, recordando los cielos impolutos de Mar del Plata con añoranza. Se hacía la manicura en el porche, al lado del pozo, como había aprendido de don Enrique Anchorena. Tendía al sol su traje de pana, que con los años y la polilla perdió lustre y distinción, pero que había sido su compra más preciada en las calles de Buenos Aires. Manuel se había convertido en un desconocido, un hombre desubicado, una isla de refinamiento urbano y cosmopolita en una Galicia ruda y agreste. Mi familia creció gracias a la hacienda de los Anchorena. A ella debo en parte lo que hoy soy, un errante que no cree en las fronteras. Y no creo en ellas porque provengo de una estirpe de emigrantes, que partieron un buen día siendo rocas y volvieron siendo seda, buscando y encontrando la prosperidad al otro lado del mundo. Creo en el derecho a prosperar al otro lado del mundo, porque mi linaje es el de los emigrantes, los mismos hombres que hoy cruzan el mar en pateras son mis hermanos. El planeta me pertenece tanto como a ti, como a un revolucionario kyrgyz, como a un anciano de una favela o a un niño esclavo de un circo indio. Nacer negro, indio, amarillo, nacer en un ático en Manhattan o una cloaca de Bombay es un mero accidente geográfico. Cruel y caprichoso. No lo olvides jamás. Yo prometo no hacerlo.
Anteayer, preguntando a los más viejos del lugar, llegué al rancho de los Anchorena. Mientras recorría el sendero de ripio que me llevaba al sobrio portalón, me repetía emocionado que mi bisabuelo había recorrido esas mismas carreteras conduciendo a Don Enrique en su Rolls, cien años atrás. Finalmente, escondido entre unas matas, divisé el diminuto cartel: El Boquerón. No había vestigio alguno de timbre. Se divisaba el caserón entre los árboles frondosos, muy lejos, más allá de un camino sinuoso que trepaba por la colina. Me estaba mentalizando que no llegaría a ver la casa, cuando apareció un cochecito. Se bajó de él una mujer escuálida, a la que atropelladamente expliqué mi historia. La escuchó con nulo interés.
- Ah, pero sho no vivo acá, sho soy médica, vine a atender a un pasiente.
Me abrió el portalón tecleando un código y me dejó pasar, ignorando el momento místico que se estaba produciendo ante sus ojos. Conduje lentamente la moto, saboreando ese momento íntimo en silencio catedralicio. El sendero discurría serpenteando entre árboles retorcidos y frondosos. Una pradera lozana, cuidada con gran esmero, se extendía un par de cientos de metros a ambos lados del senderito. Finalmente, se abrió un claro. En lo alto de la colina apareció la enorme casa, dominando la hacienda, con sus arcadas de cuento de hadas y sus tejados negros de madera noble. Ante ella, una hondonada suave descendía hacia un bosque de pino bajo. Conduje despacio hasta mitad de la pradera. Descendí de la moto, hice un par de fotos furtivas para mis abuelos intentando molestar lo menos posible a los actuales propietarios, sintiéndome un poco ladrón. Intenté ver en los balcones al espíritu níveo de Ercilia de Anchorena mirando las lomas suaves y el perfil rectilíneo de Mar del Plata en el horizonte. Imaginé el fantasma de mis bisabuelos a la sombra de los pinos, encerando el Rolls, una tarde cualquiera de otoño. Y a continuación me fui casi de puntillas, a seguir mi viaje por el mundo.
Si has disfrutado de este artículo, puedes (debes) retribuírmelo compartiéndolo en Facebook, Twitter, Menéame o Tuenti
Simplemente haz click en los enlaces y se abrirán en una ventana nueva los distintos servicios. Así de fácil. Hazlo. Ya. 













Salíadarunavuelta: La vuelta al mundo en moto de Fabián Barrio
about 1 year ago
¡Que vida mísera la que le tocó pasar a nuestros antepasados!. Los mios también emigraron a Argentina, como tantos otros gallegos. Me ha encantado la magistral descripción que haces de la vida en las aldeas gallegas, aquella que tuve la oportunidad de conocer cuando era niño, cuando cada año subíamos a veranear desde Madrid a la aldea de mi padre, y que me sirvió para darme cuenta de que somos unos privilegiados, y que todo lo que tenemos se lo debemos a ellos, a su esfuerzo y sacrificio.
Tu voto:
2
0
about 1 year ago
Jo,que bonito aunque me imaginaba un final diferente.
Algo como encontrarte con los descendientes de le gente para los que trabajaron tus antepasados y algun recuerdo de aquella época….
En cuanto a la hermandad, pues yo también puedo considerarme uno de vosotros, un Croata emigrado a España con su familia por ahí en el 1987…
En fin, un fuerte abrazo y adelante!!!!
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
Me alegro que con tus ojos vieses la historia de tu familia. Ahora estoy sentado difrutando de una copa de vino de la mancha y brindo por ti. Te lo digo las pocas veces q te escribo pero me das mucha envidia. Muchisima suerte y sigue disfrutando , te saldre a recibir en España cuando llegues
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
Una bonita y real historia , estoy contigo en lo curiosa que es la suerte de el nacer
aquí o allá y creo que uno debe encontrar una cama o alimento donde buenamente
pueda sino yo mismo estaría hoy viviendo en otra ciudad ,bueno no me enrollo .un abrazo Fabián.
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
Te cito :” Nacer negro, indio, amarillo, nacer en un ático en Manhattan o una cloaca de Bombay es un mero accidente geográfico. Cruel y caprichoso. No lo olvides jamás. Yo prometo no hacerlo.”
No son muchos los momentos en los que uno tiene la oportunidad de sentirse agraciado por aprender algo, por haber adquirido algo valioso. Hoy tu relato me hace sentirme más rico, además de orgulloso y agradecido. no se si existe el término “rehumanizante”, pero has despertado valores dormidos en mí, de respeto a nuestros orígenes y a los de otros que inician su propia andadura en entornos ajenos. No nos olvidemos.
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
Hola, la primera parte del relato me ha hecho ver como vivian mis abuelos en Galicia, increible como escribes y describes podria ser perfectamente la casa y la aldea de mis abuelos.
que tengas buena ruta.
uVessssssssss
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
Que historia, por un momento me imaginé el guión de una película de época!
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
Hello Fabián: ¿Todo OK?
Ayer no pude mantener el compromiso de decirte por lo menos !Hola¡ todos los días, como me propuse. Me puedo poner un tu piel y hay días que pesan mucho en el ánimo. Por eso, aunque sea un toque simple y renovemos la sapiencia de que te sabes en nuestros pensamientos, creo que algo siempre aportará.
He tenido a mi perra Coppelia (una Leonberger, grande como una osa – ye más alta que yo cuando me abraza) algo pachucha; y la muy ladrona me tiene sorbidos todos los sentidos. Chico, los perros me han podido toda la vida y lo que es ésta ni te digo.
Bueno Fabián. Ando mandándote p’allá toa una carruchá de músiques, pa que elijas lo que te apetezca. Alguna acertaré, digo yo. Por eso me fajo.
Confío que alguna de ellas te haga vibrar el agua de las células, como lo han hecho ya.
De clásica, amiguiño, rien de rien. No te adjunto nada, puesto que no me caben… se me pasan de las 10 MB las puñeteras y yo tengo de informático lo que les vaques de motarra.
Ánimo Fabián que lo estás haciendo de PM.
No tengo ni idea de por onde andes. Pero sea onde fuere, que la suerte viaje contigo, compañero.
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
Hola Fabián: ¿Qué tal marchan las cosas?
¿Te acompaña el tiempo?
¿La mecánica resiste?
Si algo necesitaras, lejos, pero aquí estamos. Si antes se paraba al ver a un colega tirado…ahora a lo mejor hay que echar mano de algo más que un “cabo”.
No te agobio. He empezado a nutrir tu MP3 tal vez con patochadas. Pero ya depurarás y si, por lo menos queda una, eso que habrá valido la pena. Voy a seguir remitiéndote, puesto que cuánto más haya donde escoger, mayor será la satisfacción de haber colaborado un pelín contigo.
Sigo leyendo que me queda muuuuuuuuuuuucho todavía. !Hay que joderse con FEFA¡
Un abrazo, tiarrón.
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
Buenos días Fabián:
Te voy descubriendo lentamente. Ya me situé en la elección de Fefa… y el abanico informativo para moteros, por lo demás espléndido. !Cuántos colegas; cuánta reunión de sapiencia…¡
Hoy he descubierto (es un lujo ver cada día algo nuevo), aún dándome en las narices con ello no ha sido hasta hoy, apercibirme que una forma sencilla de colaborar era arrimándote algo de música.
Lástima no tener metida en disco, toda aquella que apetecía… pero no había medios ni tampoco economía. Vamos “Un Boquerón spanish con boquete”
Sin embargo algo ya te fue para allá… y más que seguirán detrás.
Ojalá te hagan la compañía que a mi me han hecho. Aunque de distintas generaciones, la música de piel, de entraña, no tiene edad…
Un abrazo tiarrón. (… que no pierdo aceite, y tienen toda mi consideración los que andan con otro cárter).
Que se te de bien la jornada.
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
Muy interesante la historia.
Veo el mapa de tu recorrido y estas bajando a toda pastilla!
Hechale el ancla a la Fefa que vas a terminar en la base Marambio en la Antartida! O es que vas a repartir los helados a quienes se te hicieron amiguitos en facebook?
Saliste escopetado de Buenos Aires cuan perro que estuvo encerrado todo el dia en el piso.
Un saludo.
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
¿Mucho viento? viaje incómodo y depende de dónde y en que sitios hasta peligroso, cuídate del mal viento, el que viene de lado y racheado es el peor. Descubrí en un viaje con mucho de ese viento que lo mejor era sacar la rodilla de la parte de barlovento para que la pierna haga de cortavientos y no de de lleno en el lateral de la moto, primero da en la rodilla, lo corta y no te molesta tanto para conducir, lo peor será la popa de Fefa, con las maletas es mas gorda y pesada, puede dar bandazos en terrenos despejados. Fuerza para el viaje que la vas a necesitar. Un abrazo.
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
Hay días que casi me haces llorar… soy Gallego y me identifico plenamente con tú comentario,nadie escoge donde nace y los nacionalismos son a veces un poco absurdos,ninguna tierra es mejor que otra ni sus pueblos,defender una identidad es más justo ,muchas gracias Fabián por ser errante.
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
Bueno : Ya me han admitido en FeedBurner. Gracias. Vaya peñazo para tí, quizás. No alcanzaré nunca a esos Ovidios que marcan la pauta en el ranking de regulares. Estas humildes aportaciones buscan desde mi prisma, colaborar a que no te sientas un instante solo, que percibas otros arropamientos complementando los habituales; pues ya nos das tú los girones con los que nos sonríe el alma uno y otro día. Personalmente (no tengo experiencia en estas lides) recibir tu generosidad compartiendo esa naturaleza, esa Pacha Mama alejada y sin mancilla en muchas de sus caras ya es un gesto de amistad. No preciso más y me auto obligo a corresponder con mayor o menor acierto; pero con toda la buena voluntad. También sienta bien un golpe revolucionario en la mente, que inducirá posiblemente a una cura de humildad vividas las experiencias compartidas del trato ofrecido por otras gentes sencillas, generosas, simples y más humanas que las circundantes aquí. Y eso, va rezumando del negro sobre blanco de tus letras.
Buen domingo Fabián.
Puxa Fabian p’arriba que yes más grande q’un mapa.
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
Buenas constelaciones te cubran Fabián:
No sé exactamente en que hora transcurre ahora tu vida. Solían ser seis las horas que nos distanciaban. Creo hubo una división de usos en ese país… pero no sé. Patagonia quedó, pienso, inalterada.
Ya me estoy enganchando a la generosidad de esa vida que nos muestras, y a esos ojos que miran por nosotros los tuertos y cegatos.Encima nos cuentas relatos que escucho como un niño o un analfabeto del mundo. Me resta mucho, mucho, para culminar la aproximación hasta tu campo base: He de leerte desde la elección de FEFA …¿Puede ser una TA? No quisiste se mencionasen sus apellidos.
Anoche, mientras enroscabas seguramente, y tal vez – ya no debiera- algún dolorcillo recorriera los tendones de tu izquierda por los cientos de miles de “embragazos” aplicados; me hiciste volver a tomar un atlas, ver, posicionarme, proyectar… como si de tu paquete se tratara, pero no por iniciativa propia,no; siguiendo tus instrucciones. Tú tensabas la cadena, la engrasabas… revisabas presiones y aceite; ajustabas quizá alguna maneta.
Pues tracé unas imaginarias rutas que en nada tendrán que ver con las tuyas, pues el espíritu que te traslada lleva ropajes distintos a los míos.
Y habiendo llegado hasta ahí, me pareció que el rumbo giraría hacia Puerto Arenas. Calafate se quedaba al norte… y se acercaban las Torres del Paine. Luego, quizás la atracción de Ushuaia te haría rodar en pos de Río Grande…
¡Qué fácil soñar…y difícil enroscar!. No sé como son los viales, o rutas o pistas, ni tan siquiera las bombas de repostaje.
En el 99 leí una edición de “Cuentos Completos” de Colone – Alfaguara- repleto de hechos novelados sobre eventos patagónicos.
Mi imaginación te sitúa en medio. Luchador, bravo, intrépido, valiente y generoso a un tiempo.
Personalmente, es la primera vez que escribo y que entro, además en una historia como ésta. Disculpa Fabián mis limitaciones y torpezas. Pero no las hay en mi intención de ser un compañero mudo que respetará tus silencios, y se pondrá a tu lado si, desgraciadamente el Destino presentase una situación en la que hay que repartir “Cera”, aunque prefiero el dialogo o negociar si cabe. Fuí también marino y aventurerillo en el setenta, cuando los veinte años, eran ahora por lo menos unos treinta. Por eso comprendo la velocidad con que tu sangre discurre por tus venas; las dificultades que entrañan ciertos días que sube la niebla de la soledad y lo esplendoroso de un amanecer en latitudes insospechadas. No he bajado al sur, pero yendo al revés, me tocaron sensaciones parecidas por la latitud 69º N. De ahí mi mejor comprensión, poniéndome en tus botas.
Fabián, campeón, estos principios se hacen más densos. Ya cuando empieces a reconocerme en medio de esa pléyade de seguidores fantásticos que te acompañan, también, atenuaré, supongo. Disculpa el tiempo que te robo…pero ya que me “subo a la moto…”.
Feliz y afortunada jornada.
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
Hola Juan,
No es una TA, pero le andas cerca
Fabian no quiere hacerle publicidad a la marca (cosa que entiendo), porque se portaron mal con él.
Si miras para atrás en las historias y comentarios llegarás a saber que modelo es.
Saludos,
Pablo – Coruña
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
Fabían, ¿Cómo va todo en ruta?, tengo amigos en profesión de todas las carreras universitarias. Y por aquí en las cercanías de Pergamino, pasando hacia el Norte hay un aeroclub, y esa familia tiene sus familia en Hughes(que también tiene su pista y angar), siempre sobre la Ruta Nacional 8. Esos dos pilotos, tienen su historia que nació en la Ciudad de Colón, de la pcia. de Buenos Aires…esa gente, desciende de la flia López de tu natal España. Algo así como un Fabián pero a la inversa, ya que este hijo, hermano de 9 más…desidió partir a Europa -a principios del siglo pasado- y por más de 10 años estubo prácticamente perdido -las comunicaciones no eran como las de hoy- y un día apareció, allí en la chacra atrás del frigorífico de la localidad santafecina -Hughes-. El hombre es increíble, Y el ser humano es más maravilloso, realmente cuando pongo a “azul” en la Ruta, a las 04:00 AM y dejo que su sumbido y su “siseo” de sus 8 válvulas, a 4.500 rpm me lleve con su ya más de 30 años, de rodar a destinos que si bien están prefijados por mapa de ruta, siempre me sorprenden. Como dicen por allí, “buenos rutas y muchas V”. En mi ambiente se dice “buen vuelo” (Yo te agrego…) “buen viaje hermano”…
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
Qué sensación tan intensa el saber, conocer y rememorar lo que fue de los ancestros… Es emocionante pero angustioso al tiempo…
Y hacerlo tan lejos de tu tierra, con razón te sientes apátrida.
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
Magia para ciegos.
Hacer magia para ciegos es difícil, pero posible. Ello da derecho también a viajar sin casco aunque lo lleves puesto, a levantar la cabeza bien alta, a lucir pirsin, a reírse con los muertos, a permanecer de pie ante los reyes , a orinar contra el viento y a ver algo mas que los demás no ven.
Al caminar motoreando hacia estos “cabos” de la tierra de fuego y “doblar hornos”, dicen los “cuentistas” que hay que cuidarse de los enanos nórdicos, de los fuegos de San Telmo y los terribles vientos arremolinados para ganarse un piercing (pirsin), al seguir el rastro- ruta del difunto Fernão de Magalhães), ilustre navegante portugués.
“Según una antigua tradición marinera, los navegantes que han superado estos cabos navegando a vela y los que ahora lo hacen en moto, cumplen una “gesta personal” que les da derecho a lucir tres anillos en su oreja, a permanecer de pie ante los reyes y a orinar contra el viento:
• Aro en la oreja izquierda: Cabo de Hornos.
• Aro en la derecha: Cabo de Buena Esperanza.
• Dos aros en la oreja izquierda y uno en la oreja derecha: Vuelta al mundo.
En su libro «La longue route» (El largo viaje), Bernard Moitessier intenta expresar el importante significado para un marino-motero de estos grandes cabos:
“Pues la geografía de un marino no es siempre la del cartógrafo, para quien un cabo es un cabo, con su latitud y su longitud. Para el navegante-motero un gran cabo representa a la vez un conjunto muy simple y a la vez extremadamente complicado de “arrecifes”, corrientes, fuertes mares y grandes olas, vientos suaves y vendavales, alegrías y miedos, fatiga, sueños, manos doloridas, estómagos vacíos, momentos maravillosos y algunos de sufrimiento y metamorfosis.
Un gran cabo, para nosotros, no puede ser expresado solamente por su latitud y su longitud. Un gran cabo tiene su alma, con suaves y violentos colores y sombras. Un alma tan suave como la de un niño y tan violenta como la de un criminal. Y por eso se va allí.”….. y por eso se va allí.
Bernard Moitessier, «El largo viaje»
De extremo a extremo y…. por eso se va allí.
Animo
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
Emotivo relato.Espectacular la foto panorámica de la hacienda de el Boquerón.
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
Gracias por tan estupendo relato Fabian.
Eres grande, me has puesto la piel de gallina…
Gracias por compartir y hacernos vivir tus vivencias.
Manolo
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
Moitas gracias Fabián,o lerte por fin na nosa lingua as bagoas viñéronme os ollos,Eu coma tí ,coma todos os galegos teño antergos na Arxentina ,os meus nunca volveron e outro día cando mandaches as fotos do cemiterio busquei por se na lenda das lápidas había algún Seoane,Bendita a terra que acolleu con agarimo os seus soños e
o remate da vida os seus corpos cansos de loitar con tan poucas armas .
Querido Fabián,aquí en Galicia tamén brillaba o sol e o mar as veces era un prato de Sargadelos ,branco e azul,e a xente cantaba e bailaba, e namorábase…..e non podía ser tan Negra a Sombra porque todos os que se foron debecían por volver.Bicos
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
Nacer negro, indio, amarillo, nacer en un ático en Manhattan o una cloaca de Bombay es un mero accidente geográfico… Querido Fabián, tus relatos me siguen bendiciendo, me abrazan, me miman… me enseñan… Los imprimo y los voy guardando en una cajita para que mis nietos el día de mañana disfruten de la magia de leerte.
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
Fabian!!,conmovedor tu relato,siempre tube curiosidad por el nombre de tu mama……los “inmigrantes “somos esas personas hibridas que no pertenecemos en ningun lugar,pero,al final del camino sabemos que el hogar esta dentro de cada uno…home is where you are! cuando (y por donde) cruzas a Chile??? Cariños!!!
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
El destino me ha hecho descubrirte.
Mis vestigios de motero cano (61 años, motorizado permanente desde los 14 a los 55) han expandido a mi apreciar la dimensión aún inacabada del alcance de tu valor. Con ello se me ha venido pegada la apetencia de ir contigo de paquete por alguno de esos caminos que en su rodar por ellos, guardan efluvios del “Ché”. Y te imagino ya viendo el sueño a mi negado, de descubrir pronto las Torres del Paine.. El Cerro Torre, El Fitz Roy… Envidia de tí, humano que soy…
Pero esta historia que narras desde la piel, y con el apunte entrañable de mamá Ercilia ya te aúpa (en mis valores) definitivamente a un estadio superior. El de ciudadano del mundo. El de la igualdad del hermano, el de la alergia a fronteras y a hambres y estómagos hinchados. El de la sonrisa franca de cuantos niños, como los que en tu relato asoman, necesitan el espejo del alma de un FA. Que no sólo sean moscan y mocos las que acompañan sus inocentes sonrisas.
Ha sido un placer y un milagro conocerte. Mi alma y mente, desde este momento, si lo permites, te han de acompañar…y vigilar por esa rueda trasera…¿n’est pas?.
Ya tienes otro amigo, sin patria, pero de los que llegan hasta el final.
Ánimo, mucha suerte y, aunque no te conozca, un fuerte abrazo.
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
Me ha encantado
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
Pero las fronteras existen. Existen cuando uno tiene que ir a un hospital que está a doscientos kilómetros porque está en su comunidad cuando hay uno a veinte. Existen cuando en una frutería y te cobran cinco euros por no ser de la tierra. Pero sobre todo existen cuando uno mismo las asimila como tales.
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
Esas fronteras las han creado los enanos, esos que nunca se han movido del trozo de mundo que les han dicho los que mandan que es suyo, que es su patria y que tienen que defender hasta la ultima gota de su sangre, menuda tontería. Esos que se revuelcan en su propio fango defendiendo lo indefendible, creando banderas, himnos y demás chorradas que sólo llevan a que los hombres se peleen entre ellos sin ninguna causa juistificada.
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
“los mismos hombres que hoy cruzan el mar en pateras son mis hermanos”
Cuanta razón tienes, y cuantas veces lo olvidamos.
Muy bonita historia, pero tenias que haber ido a la casaa petar a ver quien estaba por allí .. no?
Saludos,
Pablo – Coruña
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
Mi querido Fabian, ya no tengo Palabras,no exiten palabras para explicar lo que siento
por suerte lo lograstes exitoso,llegastes!!!!! Maestro un Abrazo y Cuidate del frio!!!!
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
Que buena historia ! ya me habian anticipado algo, pero nada tan rico en detalles y sabrosamente contados como sabes muy bien hacer !!
Fabian, realmente que sabes contar historias, no se puede parar de leer !! y lo mas impresionante que no importa el tema.
un grande abrazo, desde Brasil
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
y la cantidad de historias de emigrantes, retornados o no, en esta Galicia, que nunca encontrarán un Fabian que las escriba, que pena…
Fabián, el texto emociona, pero me ha emocionado más aún comprobar la coincidencia, con palabras que ya he gastado de tanto decir, de nuestra forma de ver el mundo, sus fronteras y las circunstancias accidentales del proceder de las personas… será que mis antepasados también pusieron rumbo a Sudamérica, pero ya hace de aquello unos “quinientos años”, lo que no sé es si fueron a ganarse la vida como los tuyos o a acabar con ellas… Mi madre es boliviana, y sus padres, y los padres de sus padres y los de estos y los anteriores, y así se pierde mi ascendencia sin que ninguno de mis abuelos, bis o tátara supiera de su procedencia o la transmitiera de algún modo, el cómo, cuándo… lo que si sé es que yo tengo dos apellidos españoles.
Sea lo que sea me ha hecho ciudadano del mundo.
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
Donde estas hoy? Venite a Pinamar que son solo 120 Kms. de Mar de Plata!!!
Te espero!!
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
Sin palabras, muy emocionante Fabián, gracias por compartirlo!!
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
Fabian, no dejás de sorprenderme con tus relatos. Parecés una fuente inagotable de relatos y vivencias.
Me has deja callado ante la sorpresa de tus palabras.
Si bien tuve el honor de tenerte ante mi en la cena de Buenos Aires y haberte escuchado esta misma historia, el relato escrito tiene esa magia que no se como explicarte… Cautiva con seguridad.
Un abrazo
David
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
El boquerón.
Cuando las anchoas viajan y son atrapadas en el Cantábrico, les llaman boquerones.
Cuando las personas de confianza con aire, débil e inocente, como dices, viajaban en los años 1929-1931-1934-1936 llevando “recados de consuelo”- fe de vida – dinero y otros consuelos y noticas (sin que nadie lo supiera porque nadie era de fiar) se llamaban “correos de guerra” o mensajeros de confianza en tiempos difíciles, pues los correos oficiales no eran fiables y el dinero y la información eran armas para el enemigo. Los templarios gallegos lo sabían bien que “inventaron el sistema” VISA. Y la carta de crédito internacional desde la edad media, siempre sobre personas de confianza a personas de confianza.Las cartas no se devolvian y los consuelos no llegaban.
Las mejores fotos, son siempre las de los paisajes con figura, porque llevan historias humanas y verdaderas sobre cómo los antepasados han influido en nosotros y como nosotros influimos en nuestro futuro, con nuestras decisiones de “constatar” el pasado y mejorar nuestra circunstancia. Nadie que no haya oído un acordeón puede llorar con un acorde. Nadie que no conozca la poesía puede llegar a amar poesía. Solo se ama lo que se conoce.La lluvia, la humedad, el olor a hierba que bien describes.
De casta le viene al motero el amor al campo libre y la patria humana universal, sin fronteras, ni clases ni religiones ni miedos.ni humanos partidos ni partidos humanos.
Magnifica foto narrada con sentimiento cultural sobre la “travesía de valientes antecesores”, navegantes que no se limitaron a quedarse a morir bajo la misma lluvia y tierra y la misma resignación que los vio nacer.
Cuando las anchoas viajan y son atrapadas en otros mares de América Latina, también les llaman boquerones, pero no son los mismos, que se quedan en el Cantábrico el pescador lo sabe y el boqueron también
Pronto darás la vuelta al cabo de hornos y te habrás ganado el derecho de llevar un aro colgado de la oreja.
De extremo a extremo y tiras tu.
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
Y un beso grande para mamaercilialuisa, que se lo merece todo.
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
Hola,
Para que luego digan que el mundo no es un pañuelo!!!
Qué historia más bonita. Aunque me deja una sensación un poco…no encuentro la palabra. Me imagino a tus bisabuelos en El Boquerón (preciosa hacienda, por cierto) echando de menos su Galicia y a sus familias, pensando en las penurias que estarían pasando, en las enfermedades de los hijos a los que sus mujeres debían de enfrentarse solas, hijos a los que no podrían darles la mano, ni llevarlos a cazar pájaros, ni podrían verlos corretear por el campo. Y cuando vuelven se encuentran con la añoranza de la hacienda que dejaron atrás, al otro lado del mar, aunque por otro lado tienen la alegría de haberse encontrado con la familia.
Gran historia, Fabián. Seguro que hay dos señores en el cielo sonriendo porque su bisnieto vuelve por la hacienda, aunque sea para corretear un rato por allá.
Un abrazo muy fuerte
P.D.: No se te ocurra volver hasta el 2012 ¿eh? Tu sigue, que yo voy muy cómoda de paquete en la Fefa ;D
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
¡Qué bonito Fabián!
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
dulce y entrañable
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
Muy buen relato…en busca de los orígenes.
Por cierto, haz revisar la rueda trasera de la Fefa, en el transporte debió de pasarla algo
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
Se me ha puesto la piel de gallina, Fabián…
No recordaba esta historia . ..
Cuanta miseria y cuanta vida en el mismo texto…
un saludo
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
Que bien escribes y qué bonita historia, emocionas al que la lee. Parece que fué ayer cuando vimos el video en el que contabas que te ibas… y vamos para un año ya. Un fuerte abrazo y mucho ánimo.
V’s
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
Un fogonazo ha sido para mí este texto. , un pasito más en el sentimiento de reconocimiento que debo a mis ascendientes y a ti.
Te será fácil imaginarme con los ojos húmedos y la sonrisa puesta.
Decir a los lectores que los abuelos llegaron al Rancho Anchorena cada uno por su camino y después de haber dado tumbos por Hispanoamérica desde los 14 años, Sí , los 14 años . Abuelo Manuel con esa edad tuvo que decidir irse nal seminario o a Cuba.
Decir también que ambos hicieron su propio retorno pero un día… Un día mis padres decidieron casarse y en el rito de petición de mano , ambos se reconocen . ¡Vaya emoción , cuánto por contar!. Ese mismo día deciden que la primera nieta llevaría el nombre de su Señorita Dña Ercilia ( de Anchorena ) .
Tu voto:
0
0
about 1 year ago
Que grande mamaercilialuisa,
Un placer leerte por aqui.
Ves lo grande que es tu hijo? Pero que te voy a contar a ti, lo sabes mejor que nosotros ..
Un abrazo.
Saludos,
Pablo – Coruña
Tu voto:
0
0
about 9 months ago
Qué historia tan conmovedora y tierna, y qué cosas tiene el destino…
Tu voto:
0
0