Notas apresuradas desde el vagón de un tren que cruza la India
¡Hola! Hace ya más de un año que estoy dando la vuelta al mundo a lomos de la moto Fefa. Si has llegado aquí por casualidad y tienes un ratico, quizá te interese saber algo más de mi historia. Conoce la ruta, la moto, entérate de cómo salí de Madrid, cómo empezó todo, lee todo el blog desde el principio o entérate de cuál es mi posición actual.
Amanece. El cielo se vuelve de nácar muy despacio. Anoche llovió sobre Bombay y el campo está fragante, rebosante de vida. La bruma envuelve las montañas lejanas y dispersa los trémulos rayos de sol, pintados de plata, difuminados, tenues. Algunas hojas mojadas devuelven un pálido rayo de luz que rebota como una esquirla de metal fundido entre los grises nebulosos del amanecer. Despuntan unos pocos árboles como fantasmas que se confunden con la niebla y apenas se perciben erguidos sobre los arbustos lozanos. Como no hay viento, son misteriosas figuras oscuras y estáticas, de una elegancia imponente recortadas sobre el alba. Una laguna contaminada, de aguas fétidas. Un ave zancuda se despereza y encorva su cuello apuntando al cielo de madreperla. A lo lejos, un templo de colores infantiles, enmarcado por un arco rosáceo. Ahora hay más luz, aunque el sol no ha triunfado todavía sobre la bruma. El tren va más despacio, rodeado de chabolas fabricadas con pedazos de cartón y lonas de plástico azul. Un hombre aburrido se afeita bajo un puente cochambroso. Está sentado sobre una caja de frutas astillada, lleva una camiseta de tirantes y unas bermudas de color ocre. Lo acompaña un perro muy viejo que levanta las orejas infestadas de garrapatas al ver pasar el tren. A la derecha hay un vertedero flanqueado por unos muros de hormigón devorados por la lluvia y el tiempo y atravesado por tuberías de metal que parecen los retorcidos miembros de un leproso, cubiertas de herrumbre y lianas. A la izquierda, la estación, la última de Bombay.

Se pasean por el vagón, canturreando el género, inquietos vendedores de comida. Los hay a decenas, no pasa un minuto sin que recorra el pasillo un hombrecillo canturreando samosi, samosi o chai, coffee. Caigo en la tentación: el té es dulzón y los sándwiches vegetales son picantes y sabrosos. Pequeños ventiladores azules atornillados al techo remueven perezosamente el aire. El vagón huele a nuez moscada, que rumian quedamente y escupen entre carraspeos los pasajeros. Vuelve la jungla a mi ventana cuando el tren retoma la marcha con gran parsimonia. Siguen los jirones de niebla enredados perezosamente en las palmeras y en los enormes árboles de raíces aéreas que recuerdan vagamente a un extraterreste malherido. Unos niños acuclillados en las traviesas de hormigón de una vía en construcción nos miran pasar con indiferencia. Un barrizal lejano alberga decenas de camiones oxidados. Un estanque con nenúfares perezosos, algunos engalanados con una flor blanca. Un labradío. Un riachuelo minúsculo. El tren se detiene en medio de la nada para dejar paso en la vía a un lentísimo convoy que rebosa esclavos. Son tantos que sobresalen por las ventanas y cuelgan de las puertas sobre el abismo móvil. Sonríen cuando los miro desde mi ventana y saludan inclinando la cabeza. Por un momento, conecto con ellos mirándolos directamente a los ojos a través del cristal salpicado de gotitas de lluvia y el tiempo parece ralentizarse, desplegarse, multiplicarse por cinco. El tren retoma la marcha con infinita pereza. Atraviesa un río muy ancho, en el que flotan, ayudados por neumáticos de camión, unos hombres que intentan rescatar algún tesoro de las aguas parsimoniosas. Un campo cultivado. Una loma frondosa, que vaticina la llegada de unas montañas suaves que tienen cada milímetro de su piel roja ocupado de vida verde. Ya es casi de día. El cielo parece plomo fundido. Una torreta de alta tensión carbonizada. Un paso a nivel en el que dormita un camión. Otra laguna oscura, en esta ocasión habitada por una nutrida manada de enormes bueyes de agua, de apariencia prehistórica, que resoplan y se rozan y chapotean. Sus cuerpos tersos recuerdan tirantes fundas de neopreno negro. Sobre sus arqueados lomos chirrian nerviosas aves oportunistas. Atrás está la jungla. Una palmera despunta, triunfal, sobre todos los árboles: es tan alta que no parece real. Quisiera ser esa palmera para divisar el mundo sin remordimientos ni temores, para recortarme de ese modo sobre el cielo gris. Un hombrecillo minúsculo vestido de blanco enarbola una bandera verde en una estación olvidada. Otra laguna, en la que chapotea un niño desnudo cubierto de jabón. Tres muchachas con saris multicolores esquivan cuidadosamente montañas de basura y parlotean riendo. Parecen escuálidos pavos reales tropezando torpemente.
El tren ha vuelto a reducir la velocidad: a ambos lados de la vía, obreros semidesnudos se confunden con el barro, son del mismo color y de la misma consistencia, y quizá sientan lo mismo. Escarban en la grava de la vía con pequeñas palanganas de aluminio y se apartan cuando el tren pasa traqueteando. El mundo a nuestro alrededor se ha vuelto exhuberante hasta el insulto: la naturaleza es vanidosa a ambos lados de la vía y hace gala de todos sus tonos de verde, desde el pálido casi crema de los rastrojos a pie de vía al oliváceo oscuro de las copas de los árboles de la montaña. Una pequeña carretera carcomida por los juncos y los arbustos serpentea hacia un pueblo pequeño y desolado: cinco casas de tejas rojas al lado de un pozo y un rebaño de vacas pastando, cuatro pequeños frutales preñados y un tractor oxidado y mastodóntico cuyas entrañas al aire se ven relucientes de grasa.

El sol ha triunfado al fin, y se cuela por las ventanas con violencia. Descubro una India deshabitada que yo creía que no existía, apenas hay algún ser humano jugando con el río o acompañando una vaca jorobada y pacífica. Comienzan los túneles y, a la izquierda, entre lomas salpicadas de palmeras erizadas y árboles de enormes hojas carnosas infestados de plantas trepadoras de diminutas flores amarillas, se distingue al fin el mar, muy lejano, una espectral aparición azul como un zafiro, deslumbrante como un relámpago y breve como un suspiro. Las montañas verdes lo escamotean enseguida, y uno duda si alguna vez estuvo ahí. Un túnel especialmente largo inunda el vagón de un olor rancio, viciado y húmedo, casi nauseabundo. Vuelvo a caer en la tentación de los vendedores de comida. En esta ocasión, me abrasan el paladar unas bolas de patata rebozadas, cuyo sabor me acompañará en las próximas dos horas. Los túneles se suceden con regularidad. Y ahora también los arrozales sobrevolados por insectos grandes como camiones, cuyos élitros multiplican, juguetones, la cegadora luz del sol. Parece mentira que esta sea la misma India que la que sobrecoge con sus ciudades inundadas de mendigos y cubiertas de una campana de aire irrespirable, la India de tráfico insoportable y enfermizo, y calor húmedo, implacable, asfixiante y torturador.
Cómo no se va a enamorar uno de la vida, me pregunto, mientras los infatigables ventiladores siguen removiendo el aire impregnado de un denso olor a nuez moscada.
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Salíadarunavuelta: La vuelta al mundo en moto de Fabián Barrio
about 1 year ago
No, tú no eres normal.
Yo soy normal:
-Voy de mi casa al trabajo,
-vuelvo ,
-hago mis compras diarias
-salgo a dar una vuelta
-veo la tele,leo, hago las tareas domésticas
- Cuando escribo algo…ya es mucho
Esta rutina es lo normal
Hoy hace 5 meses que iniciaste tu singladura y te mantienes como el 1º día : avanzando, escribiendo ……
No ,tú no eres normal
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about 1 year ago
Vas perdiendo miedo o timidez. Te vas encontrando contigo o cada vez fumas cosas mas raras…no sé. Lo cierto, es que escribes cada vez mejor. Mas fluido, mas descriptivo, alternas fases recargadas, con fragmentos mas ligeros. El conjunto se hace ameno, facil de leer y rapido.
Al final, todos tenemos la sensacion de haber pasado un rato magnifico en un tren de la India. Aqui seguimos fabian.
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about 1 year ago
me encanta!
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about 1 year ago
Hola Fabian soy Mendo 3mendo esto es entre tu y yo.
( somos 3 hermanos que a los 3 nos llaman Mendo de Mendoza…) Que gracia por que en el 2008 yo tambien conoci a Donato, en Dheli la foto de su blog la hice yo,jeje en el garage del único indio mecanico de Dheli que te puedes fiar, se llama Lalli Singh ya que yo estube 1 mes para restaurar mi moto”royal enfield” que se llama Shepa y conoci a unos quantos…Aqui te doy mi direccion del blog por si te interesa http://www.offexploring.com/nicmendo/blog estoy buscando una foto con donato no la encuentroooo!!! te la mando cuando la tenga.
En Nepal cuando estube tenia que comprar la gasolina en el mercado negro ya que India no le vendia gasolina por deudas economicas, ahora no se como esta el tema pero por siacaso, ( no conociste un motar excombatiente britanico llamado Jouls, lleno de tatuages con pelo largo? En la India todos vamos en la misma direccion!
Fullpower!!
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about 1 year ago
El trayecto en tren con olor a nuez moscada.
Tu tren, se cruza con un convoy de esclavos que sonríen e inclinan la cabeza. Como tú. Venerable Atlas, que sostienes el firmamento azul (índigo-azul cobalto oscuro), ahora plomizo, desde un tren en India con dirección al mar. ¿No serán almas reencarnadas de “antecesors” desconocidos o simplemente reflejos de tu propia imagen multiplicada? Son humanos, parientes de la “Aldea Común” por donde transitamos todos, con un tipo de libertad.
La libertad es la libertad. Pero si conduce a la desigualdad, la pobreza y el cinismo, alguien debería decirlo con claridad y sin “espiritismos” en vez de ocultarlo bajo la alfombra de la sagrada “religare”.
El Atlas mirón, no se queja mucho de la rodilla, pero si se pregunta por qué en su tribu étnica cada vez se soporta menos el dolor y se “paga” más por eludirlo.
“No hay condiciones de vida a las que un hombre no pueda acostumbrarse, especialmente si ve que a su alrededor todos las aceptan.”(TOLSTOY).
Atlas, percibe la realidad del entorno y hace de notario para otros embajadores moteros, y Fefanautas, pero nada se puede cambiar fuera. La realidad es como es. Dentro- en sus tripas- lo que le alimenta, le abrasa el paladar y produce ardores intestinales traducidos a colores dolorosos y calientes que le hacen asombrarse de su capacidad para estar por encima del Sr. Vértigo y el Sr. Ácaro y otros “señores” y demonios que nos caben a todos en el cerebro y que a veces sueltan bofetadas a los niños.
Cuídate, Atlas, cuídate, porque si a algunos les cabe todo el Estado en la cabeza, a ti que sostienes el firmamento, te cabe en el cerebro todo el azul del cielo y del mar y soportas quizás sin saberlo el peso de muchos dioses y demonios de otros condenados prisioneros-esclavos que se dirigen sin billete de retorno hasta el fin de trayecto con olor a nuez moscada.
De tren a tren y una más porque te lleva la empatía.
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about 1 year ago
Tengo la boca abierta mientras mi cerebro trata de asimilar la belleza de tu prosa.
No soy capaz de escribir otra cosa. ¡¡Bárbaro, Fabián!!
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Una curiosidad: ¿Estás haciendo copia de seguridad de tus escritos, fotos, etc.?
Perder toda esta documentación sería un auténtico desastre.
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Gracias.
Un abrazo.
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about 1 year ago
Sólo ocasionalmente. Online se quedan muchas cosas. Gracias.
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about 1 year ago
En Goa está enterrado San Francisco Javier. Bueno, más que enterrado creo que lo tienen expuesto en una vitrina, en plan cuerpo incorrupto… bastante deteriorado, claro.
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about 1 year ago
Alternan lustros de exposición, más bien. El próximo en el que está expuesto (lo que queda de él) empieza en 2014.
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about 1 year ago
Fabian,
Irse a dar la vuelta al mundo ya es difícil. Pero hacerlo manteniendo cada dia esta web; haciendo fotos y compartiéndolas con nosotros; y leyendo todos los mensajes que te enviamos; aún lo tiene que hacer más difícil.
Sólo me pregunto, aunque de ninguna manera querria saberlo, qué será lo que te guardas para tí y que nunca compartirás con nosotros.
Gracias por tu generosidad y que se cure esa rodilla.
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about 1 year ago
…eres un poeta!
Vaya descripción, ni falta que hacen las fotos para hacerse la idea.
¡Salu2!
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about 1 year ago
Delirio,inspiración magistral de los sentidos,hiperrealismo…esas musas que buena compañia.Gracias Fabián
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about 1 year ago
Vaya vivencias macho,creo que esta experiencia va a marcar un antes y un despues en tu vida Fabi.¿piensas que te estan haciendo cambiar algo en tu forma de ser o de ver la vida todas estas experiencias?¿que sabor de boca crees que te va a dejar el a ver visto como esta el mundo y tantas cosas distintas?.Otra pregunta que keria hacerte es sobre el bidon metalico que llebas de gasolina en el lateral ¿no te dicen nada las autordades por llevarlo ahi aunke no sobrepase del ancho del manillar?y cuando lo llevas lleno influye mucho el peso en la moto a la hora de circular con el?¿que tal va tu rodilla?animo Fabi y sigue asi que lo conseguiras y nos habras enseñado a muchos como se ve el mundo a lomos de Fefa.Voy contigo.
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about 1 year ago
Me gustaria leer un relato de Fabian en caso que las autoridades le digan algo por lo del bidon.
Si por ahi circula cualquier cosa…jajajajaja
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about 1 year ago
Está claro que lo que pretendo con este viaje es cambiar mi vida… eso es lo que busco, espero que así sea.
Por India circula cualquier cosa que se mueva… por lo que las autoridades no me han dicho nada. En otros lugares más estrictos, están tan sorprendidos al verme pasar, que ni lo mencionan.
El bidón actúa de contrapeso con el winch, equilibrando la moto. El winch pesa siete kilos, y el bidón 11, cuando está lleno. Si lo llevo a medias, Fefa está en equilibrio.
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about 1 year ago
Cada dia admiro mas lo que estás haciendo.
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about 1 year ago
Qué historia!
Fabián qué emocionante leer tus artículos! Además por lo general lo hago en santa paz a las 7 am antes de que Pablo despierte!
Me encantan las fotos. Vas en un tren pollero!! Así diríamos por la foto que pones! Me impacta cómo aguntas TODO!
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about 1 year ago
Esta etapa te ha dado la vena poética
Saludos,
Pablo – Coruña
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about 1 year ago
DISFRUTAAAAAAAAAAAAAAAAA.!!!!!!!!!!!!!
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about 1 year ago
Bueno Fabián, el dejar a Fefa ha abierto otra dimensión en las crónicas… Namasté valiente
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about 1 year ago
menos mal que son “notas apresuradas” muy bueno , muy bueno .
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about 1 year ago
Alucinante relato de un viaje en tren. La mayoria de la gente no tiene la vision de fijarse en todo y escribir los relatos tan completos. Supongo que la pierna esta mejorando . Un saludo .
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about 1 year ago
Fabian, vagón es el vehiculo ferroviario que transporta mercancias, los “vagones” de pasajeros ó humanoides se denominan “coches de pasajeros” o simplemente coches
acuerdate de la coletilla del metro por megafonia “atención estación en curva ,tenga cuidado de no introducir el pie entre “coche ” y anden”
La verdad es que debe ser curioso viajar en trén por la India, es como se viajaba por España en la postguerra.
Cuidate Fabian (sobre todo la pierna)
Un abrazo muy fuerte
Mario y Axel
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about 1 year ago
No encuentro palabras…………MAESTRO, AMO AL POETA!!!! ABRAZOTE
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about 1 year ago
Aunque por falta de tiempo no añada comentarios normalmente, que sepas que tanto yo como otros tantos a los que de vez en cuando les recuerdo que te visiten, seguimos a tu lado a lo largo de tu aventura. Disfruta y descansa en el tren, que Fefa tambien descansara lo suyo y que se te mejore pronto la pierna, a ver si la proxima vez que te calzes el pantalon sigue pareciendo una pierna cuando te lo quites.
Un saludo !!
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about 1 year ago
Al final India no te va a dejar tan mal recuerdo
Mejora la pierna sin tantas horas diarias de moto?
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about 1 year ago
oughfs, ke gustazo…
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