El psicodélico y surrealista cruce del Tapón de Darién
¡Hola! Hace ya más de un año que estoy dando la vuelta al mundo a lomos de la moto Fefa. Si has llegado aquí por casualidad y tienes un ratico, quizá te interese saber algo más de mi historia. Conoce la ruta, la moto, entérate de cómo salí de Madrid, cómo empezó todo, lee todo el blog desde el principio o entérate de cuál es mi posición actual.
Entre brumas, escuché una voz aguda y metálica que anunciaba la noticia que llevaba dos días esperando:
- ¡¡Tierrita, papá!!! ¡¡tierrita, papá!!
Miré el techo del camarote. Era completamente incapaz de levantar la cabeza más de un palmo: intentarlo suponía una apresurada e ineludible visita al cuarto de baño para vomitar. Hay algo que Fabián no es: marinero. Ahogado por la nausea, Fabián recuerda que un verano, cuando era niño, cuando todo era infinitamente más sencillo y previsible, veraneó con sus padres en la casa de unos pescadores en un pueblecito de la costa gallega. Era una casa de paredes de colores chillones y suelos de una cerámica muy popular en Galicia, de socorrido color beige y motitas marrones imitando piedrecitas atrapadas en el enlosado. Una agónica planta del dinero presidía la entrada, junto con una estampa de la Virgen del Carmen, patrona de los marineros. El dueño de la casa invitó a sus huéspedes a salir de madrugada a pescar. Fabián y su padre montaron en la pequeña chalupa azul y, al cabo de media hora, se encontraban dando botes en el proceloso Atlántico. Fabián recuerda nítidamente cómo vomitaba junto a su padre por la borda, y cómo el marino se quejaba de que le estaban arruinando el día porque los peces estaban alimentándose de ellos y hacían caso omiso al cebo que les había preparado. Cierra los ojos una vez más en ese maldito velero panameño, evitando una nueva arcada y recuerda el cardúmen de sardinas de su infancia celebrando el festín en la nube de vómito de papá y él, y la cara de fastidio del marino, y el viento gélido y el océano acerado y el cielo plomizo. Ahora estamos en Darién. Calor húmedo, pegajoso e infinito, el camarote es las entrañas de un puerco. Mar Caribe. Fabián lleva ya dos días sumido en un sopor insoportable en ese maldito y bamboleante camarote, sin atreverse a comer, beber, o incluso respirar. Se ha convertido en una conchita que se alimenta de recuerdos. Una vez más, piensa qué sencillo habría sido todo si hubiera mandado la moto de nuevo por aire hasta Bogotá. Puta manía de querer complicarlo todo.
- ¡¡Tierrita, papá!!! ¡¡tierrita, papá!!
Pasaría todavía medio día hasta que, en el limpísimo horizonte azul, se vislumbrara la silueta hermosa, lozana y dentada de la pálida Cartagena de Indias.
En Cartagena, Colombia
Día 486 de viaje. 33ºC. Leyendo En la ciudad de oro y plata, de Kenizé Mourad
Había conocido a Matt en el hostal en el que me alojaba en Ciudad de Panamá, y desde el que estaba organizando el segundo paso del Tapón de Darién. En esta ocasión quería intentarlo por mar, dado que el proceso de empaquetar a Fefa en plástico de burbujas y recogerla al día siguiente en Colombia se me antojaba demasiado sencillo, poco romántico y constituía un paupérrimo desafío. Así pues, espoleado por Matt, un australiano surfero que conduce un vehículo ruinoso a través de América Central sin más objetivo que encontrarse buenas olas, decidí intentarlo con el container y el velero. Matt de alguna forma se las había ingeniado para contactar con una pareja de españoles chalados que llevan rodando ocho meses un documental sobre el hombre del saco, montados en una combi Volkswagen del año sesenta y nueve matriculada en California -la Furgonana-. Eramos, pues, un grupo realmente variopinto.
Los papeleos en Ciudad de Panamá fueron extenuantes. Matt y yo acudimos cuatro veces al despacho del agente de aduanas para rematar todos los detalles del envío, y perseguimos durante varios días a distintos funcionarios cetrinos en oscuras oficinas para obtener los sellos y firmas de rigor, lidiando con el hecho de que cada uno de ellos insistía en equivocarse al teclear los números de bastidor de cada vehículo varias veces, condenándonos siempre a volver varias ventanillas atrás y repetir el proceso como Sísifos de la burocracia. Finalmente, por los pelos, organizamos una desigual caravana hacia el puerto de Colón, siguiendo a la Furgonana como patitos tras su mamá.
Difícilmente puedo imaginar una ciudad más fea que Colón. Rodeada de enormes contenedores industriales, de fabricuchas reventadas y de basura, despuntan contra el cielo asfixiado por el humo grupúsculos de edificios al borde del colapso, paradas de autobús oxidadas, chabolas desiguales, nubes de ropa tendida arremolinadas contra paredes desconchadas y balcones desprendidos. Los bloques de vivienda aparecen abandonados y las calles presentan boquetes inmensos y pozas de agua sucia. El puerto es un caos de vallas reventadas y edificios carcomidos por la herrumbre y los hierbajos, donde centenares de camiones amenazantes y grúas semejantes a insectos gigantescos resoplan de un lado para otro sin concierto aparente.
Mientras esperábamos una de las interminables colas que, con paciencia infinita, nos indicó nuestro agente de aduanas, devoré la única comida del día: un vasito delicioso de salpicón de pulpo que vendía un negro anciano que parecía haber sido sacado de la Vieja Trova Santiaguera y puesto ahí sin más explicaciones. Seis horas después de nuestra llegada, los vehículos se paraban en el parking de la naviera donde una troupe de operarios se afanaron en hacerles fotos. Vino un perro a olisquearnos por si se nos ocurría la insólita idea de sacar droga de Panamá y llevarla a Colombia, y fuimos libres.

La Furgonana en primer lugar, seguida de el Toro Azul, y acompañada de Fefa, a la espera de entrar en el container
La terminal de autobuses de Colón estaba a la altura estética de la ciudad: una plataforma de cemento descascarillada y una cubierta de Uralita carcomida, bajo la que se guarecía una variopinta fauna de vendedores, pillos, maleantes, comisionistas y trabajadores vencidos de camino a casa, todo ello aderezado por una atronadora cumbia que brotaba de algún bafle oculto entre la fauna humana. Había oscurecido ya. Nos montamos a tientas en un diablo rojo que prometía ir hasta Portobelo. El diablo rojo arrancó con estrépito y, a ritmo de una música violenta y ensordecedora de carácter indiscutiblemente sexual, se puso a dar botes en dirección a la costa. En cuanto se vio libre de atascos y aglomeraciones el conductor, sin duda cegado y espoleado por algún tipo de estupefaciente, se lanzó a la conquista de la oscuridad a una velocidad que un cohete espacial consideraría excesiva. Las curvas en la negrura de la noche eran tan enloquecidas que no me quedó más remedio que agarrarme fuerte a algo y reírme de mi propio destino, seguro de una muerte inminente que, en cambio, milagrosamente, no se produjo. Tras una hora de bandazos imposibles la bahía de Portobelo apareció en la penumbra. Las calles estaban completamente vacías y, para nuestra gran preocupación, la pequeña oficina de inmigración estaba cerrada ya. Barruntando de qué forma podríamos sellar la salida en nuestro pasaporte, nos dirigimos a un supermercado regentado por una hacendosa familia de chinos, único punto de luz en las inmediaciones. El cómo esa familia de chinos habrá encontrado Portobelo y habrá conseguido todo el papeleo para establecerse ahí es un misterio insondable que jamás llegaré a discernir. Nos detectó a la legua Julen, nuestro presunto capitán. Vestía una camiseta sin mangas seis tallas más grande de lo aconsejable y unas bermudas de colores. Llevaba encima una botella de ron recién comprada en el supermercado de los chinos, y a todas luces estaba tan alegre que dicha alegría sólo podía achacarse a motivos artificiales.
- Ehto eh para un amigo. Eh un encargo- explicó, enarbolando la botella de ron y balanceándose con sonrisa beatífica.
Habíamos encargado el velero a través del amigo de un amigo de un amigo de un amigo. El precio normal de un viaje así es de unos cuatrocientos dólares, pero tras mucho regateo, lo habíamos bajado hasta los doscientos cincuenta. Pronto averiguaría el motivo.
El barco de los perroflautas
- Ehtán eperando en el barco loh demah pasahero- farfulló Julen arrastrándonos calle abajo en dirección al muelle, caminando como una marioneta a la que le faltaran algunas cuerdas. Nos encajó en una fueraborda hinchable y puso rumbo a un pequeño velero llamado Eucaliptos en el que languidecía un hombrecillo de gafas abultadas que nos miró subirnos con ojos desafiantes. Una vez nos hubo arrinconado y tras presentarse como el capitán, explicó:
- Ehta eh mi casa. MI CASA, no un hotel, no un hostal, ehta eh mi CASA. Uhtedeh tienen que colaborar, manteneh el barco limpio y tienen que repetal mis instrusiones. Dentro de una hora se van a dormil y ya no quiero a nadie en la cubierta… ¡¡¡¡CUIDADO CON EL BARNÍS!!!!!- me gritó señalando acusadora una botella de refresco que había posado en la mesa de la cocina de forma completamente inocente.
En el barco esperaban cuatro viajeros más: un norteamericano escuálido de dentadura difícil de ver que leía parsimoniosamente El amor en los tiempos del cólera, un mexicano de mirada divertida con la melena afro más cardada que he visto en mi vida, un holandés taciturno que observaba todo desde una esquina con ojos de asesino y otro mexicano arrebujado en un chal de Bob Marley que se presentó inmediatamente casi danzando a nuestra llegada. Todos ellos eran artistas callejeros, y no me quedó demasiada clara su relación en un primer momento.
- Somos malabaristas nomás- dijo el fan de Bob Marley bailoteando de una punta a otra del camarote-, hasemos malabares, artesanías, bisutería…
Por algún motivo, la descripción de su actividad económica se me hacía ostentosa y rimbombante. Algo en su tono invitaba a imaginar una vida alternativa, heredera de los juglares medievales, libérrima, romántica y desprendida. La palabra malabarista retumbaba en la caja de resonancia de su ego como un poema épico o el tronar de tambores de un ejército dispuesto a luchar hasta la muerte. El holandés se acercó a mi y se sentó a mi lado con mirada grave. Era una especie de monolito de carne con el pelo rapado y grandes cejas que semejaban cepillos.
- Nos ffan a abandonarr en una isla- me comunicó con voz profunda y amenazante.
- ¿Quién?
- El capitán. Nos roban y ffiolan y affandonan.
- No creo- contesté, adormilado-. Este barco me viene recomendado por…
- Y lleffan mochas drogas debajo de el piso. Si nos para policia disen que drogas son tuias y mias.
Hubo algo en su mirada extraviada que me hizo dudar de la veracidad de sus afirmaciones. No obstante, estaba tan cansado que por mi podían dejarme colgado de una palmera, me habría dado lo mismo. Aunque estábamos muertos de hambre, entre bamboleos nos repartimos unos sandwiches informales que devoramos de pie para no provocar la cólera del capitán y procedimos a ocultarnos en nuestros camarotes. Al cabo de un rato el Eucaliptos arrancó con gran estruendo y puso rumbo a Porvenir, un islote paradisíaco del archipiélago de San Blas donde se mantenía un puesto fronterizo más o menos estable y un pequeño hotelito regentado por los Kuna.
Los Kuna son una etnia minoritaria que habita la zona de Darién. Desde que en 1925 se sublevaran contra el ejército de Panamá, disfrutan de una cierta autonomía de la que hacen orgullosa gala. En su archipiélago no han florecido los ostentosos resorts que inundan otras zonas del Caribe, se siguen leyes ancestrales, el día a día se resuelve en asambleas de participación popular, y todo parece virginal y ligeramente primitivo. No son más de cincuenta mil almas y se dedican, fundamentalmente, a la recolección de coco por todas las islas, a la pesca, y a resultar fotogénicos para así reclamar dos dólares por instantánea a los turistas que se acercan a ese paraíso oceánico y perfecto. Ocasionalmente, la marea les trae flotando un fardo de cocaína regalo de los Dioses y se hacen un poquito más ricos. Las islas de San Blas son algo menos de cuatrocientos cayos, la mayoría desiertos, de playas blancas como la cal y abundantes palmeras, posadas con delicadeza en un mar opalíneo y translúcido. Los islotes son tan infinitesimales que, en ocasiones, los cocoteros parecen plantados directamente sobre la superficie debilmente rizada del Caribe. La inmovilidad del barco me despertó. Eran alrededor de las siete de la mañana. Me había tomado un Tranxilium la noche anterior para asegurarme un sueño reparador y así había sido. Emergí con el pelo revuelto a la cubierta para toparme con Porvenir a babor. El nombre del lugar no podría ser más irónico: La mayoría de las islas están desapareciendo a buen ritmo engullidas por las aguas: de hecho, una de las preocupaciones de los Kuna en sus asambleas tribales es a dónde diablos van a ir cuando sus islas se hayan disuelto en la espuma del mar.
- Uhtedeh van a bajar a tierra a que le sellen el pasaporte y a comer un desayuno kuna- informó Julen, balanceándose sobre la cubierta-. Dehpuéh va a venir otro barco y se cambian polque eh máh grande y van a etar máh cómodoh.
-¿En qué consiste el desayuno kuna?- pregunté, temiéndome lo peor.
- Eh un desayuno de pan, huevo y jamón york.
- Entonces, ¿qué tiene de kuna?
- Que lo hase la muhé kuna- explicó Julen, como si yo fuera un niño pequeño, díscolo y ligeramente idiota.
- Ahorra es cuando abandonan en isla- comentó, lúgubre, el Holandés Susurrante.
- Pues a mi no me importaría en absoluto quedarme varado aquí- valoré mirando la pequeña playa blanca y los edificios de colorines con techo de paja. En ese momento se aproximó chapoteando un cayuco gobernado por una Auténtica Mujer Kuna y su Auténtica Hija Kuna. Se deslizaron discretamente a un lado del velero y comenzaron a desplegar sus Auténticas Artesanías Kuna en la cubierta. La Auténtica Hija Kuna iba vestida como Hanna Montana y jugueteaba con un Auténtico Móvil Kuna mientras nosotros ignorábamos las artesanías, contemplando el apacible paisaje. Transcurrieron unos Auténticos Minutos Kuna de silencio por ambas partes, hasta que las Auténticas Mujeres Kuna hicieron mutis por el foro.
Descendimos a la isla, habitada por una decena de personas, en su mayoría ancianas ociosas sorbiendo Coca-Cola en enormes sillones de los años cincuenta, comentando las incidencias de la ajetreada jornada. El Auténtico Desayuno Kuna era exactamente como lo habían descrito. Dimos buena cuenta de él a la sombra de un tejadillo de paja. Empecé a conocer a mis compañeros de viaje. Sin duda, el más espectacular era Americus, un malabarista de semáforo que parecía llevar un enorme pompón de lana en la cabeza. Para vivir interpreta a Jack Sparrow encaramado a unos zancos, zarandeando de aquí para allá un muñeco con forma de sirena con el que simula vivir un romance apasionado. Su vida es completamente aleatoria y, por lo que pude entender de su discurso algo confuso y entusiasta, va dando vueltas por el mundo siguiendo corazonadas o confesiones etílicas de compañeros de borrachera, sin otro objetivo en la vida que disfrutar. Mientras esperábamos a que las autoridades de inmigración fueran a buscar un sello que se había quedado olvidado en otra isla, llegó el segundo barco, que contaba con el original nombre de La Perla del Caribe. Estaba capitaneado por un muchacho argentino joven, ágil, de sonrisa bronceada genuinamente feliz. La Perla del Caribe llegó levitando sobre el mar, y en su cubierta gimoteaba al borde de un ataque de histeria una pequeña cóquer de color canela, la perrilla Chida. En cuanto el barco se detuvo, Chida saltó al agua y se hizo a nado los doscientos metros que lo separaban de la orilla, para acto seguido mear durante aproximadamente una hora en la Auténtica Playa Kuna.
Antes de continuar, y con objeto de espolear la atención del lector, voy a aglutinar en un vídeo de 40 segundos la travesía. Cinco días de Colón a Cartagena, que se resumen así:
| DailyMotion: | |
| Insértalo: |
Remoloneamos tres o cuatro horas en Porvenir hasta que llegó el sello adecuado para tramitar nuestra salida de Panamá. El capitán de La Perla del Caribe nos recibió con una sonrisa deslumbrante y nos anunció que estábamos sin agua y que debíamos parar en una pequeña isla cercana donde los Kuna dan servicio a los veleros. El trayecto, de unas dos horas y media, era muy apacible: el mar parecía un mantel de terciopelo primorosamente extendido sobre una mesa de cristal. Se desplegaron las velas, que se hincharon como panzas de sapo a la luz de un larguísimo atardecer.
La noche anterior había comprado los ingredientes necesarios para cocinar unos spaghetti, así que me puse al frente de la cocina y empecé a picar cebolla con enorme entusiasmo. Hacía un calor de mil demonios y Julen se acercó a mi con una jarra de limonada. Estaba a punto de beber un trago cuando el Holandés se materializó a mi derecha.
- Tú no beber eso. Es droga para dormirte y robarte y ffiolarte.
- Oh, ¿en serio? -empezaba a estar algo harto de la paranoia del Holandés.
- Ellos te ffiolan porque hay un anestesia en la ffebida.
Unas exclamaciones de entusiasmo interrumpieron nuestro sesudo intercambio intelectual: Cinco o seis delfines habían decidido acompañarnos, paralelos al velero, haciendo cabriolas. Salí corriendo a la cubierta. El aire estaba limpio y fresco, el velero surcaba el mar como una flecha. En efecto, los delfines se lo estaban pasando bomba con el remolino de espuma que causaba la quilla del barco rompiendo las aguas pacíficas del Golfo de Darién. Chida, que sin duda oía los ultrasonidos de los delfines, ladraba y gimoteaba como loca corriendo de un lado a otro de la cubierta, agitando el rabito y haciéndose notar. Boquiabiertos, contemplamos los saltos y las piruetas de los enormes peces, que parecían sonreír jugueteando con las olas. Era una escena casi irreal, hermosa, que aceleraba el corazón del boquiabierto niño que todavía conservo muy dentro de mi.
- Esos delfines no reales-. De nuevo el Holandés se las había arreglado para aparecer sin hacer ruido a mi lado.
- ¿Cómo que no son reales?
- Esos delfines son parra que tú no veas cargar droga en barco al otro lado. Son distraer.
Me giré hacia el otro lado, donde no había nadie.
- Es que no hay nadie cargando nada, mira.
- No lo ffes, perro están cargando droga ahora mientras tú mirar mirar mirar mirar como estúpido.
Observé que llevaba consigo una botella de ron a medio beber, lo que quizá explicaba un poco la historia que me estaba contando. Aproveché que los delfines se cansaron de juguetear con nosotros para volver a la cocina, donde me esperaba una burbujeante olla de salsa de tomate para quince personas.
La desigual estancia en la isla de los Kuna
El barco se detuvo silenciosamente justo cuando la salsa estaba a punto de caramelo. Emergí a la cubierta para presenciar un bello crepúsculo sobre el mar. La temperatura era perfecta, y un suave aroma a salitre embriagaba los sentidos. A mi derecha, un pequeño poblado de casuchas de caña iluminadas por la luz coralina del atardecer y un muelle de cemento bastante prosaico. En la cubierta del barco tenía lugar un despliegue de actividad sin precedentes. Los perroflautas habían decidido ofrecer un espectáculo de malabares al pueblo Kuna, y en medio y medio del muelle el americano impasible y el mexicano amante de Bob Marley se arrojaban bolos a gran velocidad y con enorme precisión. Los Kuna iban llegando poco a poco, recelosos. Pasó a mi lado Americus sonriendo como un niño y frotándose las manos con chispas de emoción en sus ojillos negros.
- Voy a vestirme de Jack- anunció entusiasmado penetrando en las entrañas de La Perla.
El Holandés Susurrante lo observaba todo desde un rincón intentando mantener un paraguas en equilibrio sobre la punta de la nariz, algo a todas luces imposible dado que él mismo era incapaz de mantener una vertical completa. Observé el desarrollo de la actuación, meditabundo. De alguna forma, parecía como si a los Kuna les faltara algún tipo de perspectiva para entender lo que estaba ocurriendo sobre el muelle, y lo observaban todo con cierta languidez. Emergió Jack Sparrow del velero, acompañado de una sirena de trapo con cara de cadáver.
- Cuando la creé, le puse el rostro de la muerte- me susurró Americus ya medio en trance.
Espontaneamente, la actuación se trasladó a la plaza del poblado, una pequeña extensión de césped rodeada de casitas de caña y flanqueada por una choza algo mayor, donde evidentemente tenían lugar las asambleas. Los niños empezaron a aparecer como ratitas, formando una pequeña marea de cabezas oscuras.
Entre Jack, Bob Marley, el Holandés Paranoide y el Americano Impasible estaban montando una buena, así que me alejé del gentío y me interné en las callejuelas del poblado. Todo estaba impecable, como si hubiera pasado un equipo de limpieza que lo hubiera dejado listo para revisión. Las casas eran enormemente modestas y no tenían puerta, por lo que la vida que se desarrollaba en su interior era prácticamente pública. La mayoría disfrutaban de una pequeña placa solar, según supe después proveniente de veleros naufragados en sus costas. Una mujer emergió de la nada con un niño muy pequeño en brazos. Me lo ofreció, señalando sus piernecitas, que estaban carcomidas por algún tipo de sarpullido rosaceo y escamoso. No supe qué decirle, y regresé al barco cabizbajo a terminar de cocinar. Un Julen muy entusiasmado apareció por una escotilla.
- ¡Eh! ¡cosinero! ¡loh kuna etán tan contento con la actuasión del loh amigoh que etán bailando gratis para utedeh!
Volví a salir del barco y me acerqué a la plaza del pueblo. En efecto, un grupo de adolescentes soplaban flautas de pan y ejecutaban un intricado baile al son de su música. Me emocionó la espontaneidad con la que se había materializado esa pequeña fiesta. Apunté con la cámara. En ese preciso instante, un Auténtico Travesti Kuna apareció de la nada extendiendo la mano.
- La foto son doh dólareh- informó.
Ya no quedan paraisos, coño.
El encuentro con los Kuna había sido hasta ese momento bastante insatisfactorio y llegué a la conclusión de que sólo barajaban mantener con el visitante una relación de abastecimiento. Así pues me rendí, y les compré una Auténtica Langosta Kuna por dos dólares con la que acompañar mis espaguetis. Por fortuna todo el mundo estaba hambriento, así que la olla con mi creación culinaria se volatilizó en cuestión de veinte minutos entre ruiditos de satisfacción. Matt sacó una guitarra de las tripas de La Perla y, al cabo de un rato, todos coreábamos viejos éxitos del rock a voz en grito. Era tal nuestro entusiasmo que, poco a poco, el barco se empezó a llenar de Kunas ávidos de espectáculo. Media hora más tarde, iluminados por una pequeña linternita a manivela, cantábamos para un auditorio de un millón de estrellas, unos veinte niños desnudos y cuatro o cinco mujeres que bebían cerveza y cloqueaban entre ellas como cotorrillas. Bob Dylan, Police, Don McLean, John Lennon, Bruce Springsteen, Dire Straits, los Rolling, U2, los Doors, Pink Floyd, Elvis, los Animals, Simon & Garfunkel, Velvet Underground y Neil Young, con tintes bastante etílicos, revolotearon al cielo Kuna como pavesas encendidas flotando en la noche. El Holandés lo observaba todo, retorciéndose de angustia, en un rincón, acompañado siempre de su botella de ron.
- ¿Va pasar mucho rato hasta rescatados de otro barco?- preguntaba de vez en cuando, sin duda convencido de que finalmente seríamos abandonados en esta isla a nuestra suerte.
- Qué tas tú disiendo- contestaba Julen.
- Aqui no coberturra móvil. ¿Nos dejan aquí?
El día había sido demasiado largo para mi, así que di fin a la velada arrastrándome al camarote casi sonámbulo. A la media hora, aproximadamente, me despertó un revuelo terrible sobre mi cabeza. O mucho me equivocaba, o estaba teniendo lugar una lucha campal en cubierta. Decidí esperar. Los ruidos cesaron momentaneamente, y se repitieron minutos después con más entusiasmo. Intuía que los Kunas habían iniciado un ataque caníbal o quizá las más retorcidas expectativas del Holandés Paranoico se habían visto cumplidas por fin e íbamos a ser arrojados por la borda sin miramientos. El tumulto tardó un par de minutos en disiparse. Finalmente, distinguí un diálogo enardecido entre Julen, el pseudocapitán, y el Holandés.
- ¡¡¡SOY MALABARRISTA!!!- anunció con voz muy alterada el Holandés-. ¡¡¡MI RESPETO!!!
- ¿Y qué si ereh malabarista?- indagó Julen con voz burlona.
- ¡¡¡MIS BRODERS VIENEN A MI AYUDAR!!!
- ¿Tuh brodeh? ¿y quiéneh son tuh brodeh?
- ¡¡Jack Sparrow!!
- Si no te etáh quieto, hiho de puta, te tiro ahora mihmo del barco, ¿entiendeh?
- ¡¡¡SOY MALABARRISTA!!!- repitió el Holandés, por si no había quedado claro.
- Tú mañana te vah del barco, ¿enterao? Y eta noche duermeh fuera. ¡Y da grasias que no te echamo ahora mimo de acá! ¿ok?
A la mañana siguiente me acerqué con cautela a Antón, el conductor de la Furgonana. El Holandés estaba sentado en la proa, fumando un cigarrillo tras otro, en meditabundo silencio.
- ¿Qué coño pasó anoche con el Holandés?- pregunté.
- Ah… bebió más de la cuenta.
- ¿Y? Es una puta esponja, creo que el coma etílico es su estado natural.
- Empezó a echar pulsos con el australiano.
- Sí. Pulsos.
- Luego se dieron unos cachetitos en plan gallito de pelea. Y entonces el Holandés le metió un par de ostias al otro. Tuvimos que separarlos- la narración de Antón era del todo fascinante-. Luego se metió con Jack Sparrow y casi lo tira por la borda. Julen sacó un cuchillo y amenazó con matarlo. Y creo que alguien habló de atarlo al palo mayor, aunque eso no sé cómo terminó porque yo ya me había ido a dormir para entonces.
El barco arrancó con un traqueteo leve, y se dirigió a mar abierto. Era momento de navegar el Golfo de Darién. Las olas hicieron acto de presencia y el estómago empezó a dar señales de vida. Me inundó una familiar sensación de mareo infinito. El desayuno salió tan rápido como había entrado. Y entonces bajé al camarote: La paz del viaje acababa de concluir. Dos días más tarde, entre brumas, escuché una voz aguda y metálica que anunciaba la noticia que esperaba con fervor casi maníaco:
- ¡¡Tierrita, papá!!! ¡¡tierrita, papá!!
Y qué hermosa lucía Cartagena de Indias bajo el sol radiante, depositada con esmero sobre el Caribe. Un espejismo deslumbrante. Una Cíbola refulgente y primorosa como una flor recién abierta al alba.
Hola, Colombia.
Si has disfrutado de este artículo, puedes (debes) retribuírmelo compartiéndolo en Facebook, Twitter, Menéame o Tuenti
Simplemente haz click en los enlaces y se abrirán en una ventana nueva los distintos servicios. Así de fácil. Hazlo. Ya. 





























Salíadarunavuelta: La vuelta al mundo en moto de Fabián Barrio
about 2 months ago
wow… …(-sin palabras-) … …
Tu voto:
0
0
about 4 months ago
Muy completo,ameno e interesante pero baya aventuras para pasar el tapon de Darien
Tu voto:
0
0
about 5 months ago
“…contemplamos los saltos y las piruetas de los enormes peces…” ¿Delfines peces?
. Mucha suerte.
Tu voto:
0
0
about 5 months ago
NO pienso decir “mamíferos” sólo para evitar sarpullidos a biólogos. Esos son bichos con aletas que viven en el agua. Ergo, son peces. Y punto.
Tu voto:
0
0
about 5 months ago
Como las moscas son bichos que vuelan y tienen “alas”, entonces, son aves. Los murciélagos lo mismo, ergo, también son aves. Conclusión: ave que vuela, a la cazuela, incuído los anteriores
. Por cierto, no soy biólogo.
Buen viaje “de vuelta” y a disfrutar de África, mi sueño. Creo que va a ser tu parte del viaje más apasionante y diferente, por llamarlo de una manera. ¡Mucha suerte!
Tu voto:
0
0
about 7 months ago
ok
Tu voto:
0
0
about 7 months ago
Es que yo ya no sé qué decirte y cómo piropear tu forma de contarnos tus vivencias.
No me sale… así que no escribiré nada más.
Un abrazo.
Tu voto:
0
0
about 7 months ago
Juer! que miedito dá el Holandés Errante y Jack Sparrow junticos coñe!!
PS: yo también voto por libro y dvd y luego quiero ver la peli en 3D, si es posible ( ya veo a George/Fabian Cloony vomitando por la borda agarrao a Chida!)
Tu voto:
1
0
about 7 months ago
Tienes más mala cara que los pollos de simago.
Tu voto:
1
0
about 7 months ago
Por simple curiosidad, ¿cuantos libros llevas leidos a estas alturas de viaje Fabián? ¿has releido alguno? ¿te acuerdas del primero?. Muchas preguntas, lo sé, pero es que queremos saberlo todo de tu aventura vital.
Un abrazo desde tu España.
Tu voto:
0
0
about 7 months ago
Uf… ni idea, ¿eh?
Llevo encima una biblioteca con unos 8.000 volúmenes, pero no sabría decir cuántos he leído. Lo que sí he ido haciendo es descubrir las joyas de la literatura que se han de leer alguna vez y muchas veces no tenemos tiempo para dedicarles -la gran Novela Americana y cosas así-.
Mi autor favorito es John Steinbeck
Tu voto:
1
0
about 7 months ago
“Las uvas de la ira” está de plena actualidad… 70 años después volvemos a tropezar en la msma piedra.Aarg!!! el ser humano y su empeño por ser más listo que sus padres y volver a cometer los mismos errores!!!!
Un abrazo desde tu España.
Tu voto:
0
0
about 7 months ago
¿Y viste cómo son los baños de los Kuna? ¿Y los efectos de la llegada del plástico y el aluminio? A veces el desarrollo es involución más que evolución.
¿Nadie se tiró al agua para nadar con los delfines? Es uno de mis sueños.
Muy tierna la foto en la que abrazas a Chida. ¡¡Y genial la transcripción del holandés!!
Tu voto:
0
0
about 7 months ago
hola a tod@s
esto ha sido una Autentica Narracion Fabian
que tengas buena ruta
uVesssssssssssss
Tu voto:
0
0
about 7 months ago
Canción del otro pirata
“¿ Que es la vida?. Por perdida ya la dí cuando el yugo del esclavo como un bravo sacudí.”
Era lo que querías…. libertario.
Existir en continua aventura tiene que ser dificil y arriesgado pero tu has sacado tiempo para superar el vertigo mareoso, tomar apuntes, cocinar,escribir, hacer un video, y mandarlo a las ondas y las olas del ciberespacio para que …y.-aquí está tu magia- todos podamos leer tu mensaje existencial. ¿ Hay algún “malabarista” que dé mas?
¿ Estas seguro que el Holandés no era el Mardomo disfrado? que habla sin tapujos ayudado por el ron de los miedos comunes a la mayoría de los Fefanautas como yo.
Animo.
Tu voto:
1
0
about 7 months ago
jajaja .. joer con el puto cenizo Holandés, vaya compañero de viaje mas alegre .. jajja
Saludos,
Pablo – Coruña
Tu voto:
0
0
about 7 months ago
Muy bueno Fabián!!! Tengo que confesar que no me gusta leer y creo que nunca he conseguido terminar un libro. Pero con tus historias me tienes enganchadisimo y miro la pagina cada dia para ver nuevas publicaciones.
Un abrazo y cuidate!!!
Tu voto:
0
0
about 7 months ago
Los pelos de punta.
Hay situaciones en la vida que hacen que se te erice la piel.
Por horario laboral no pude oír la entrevista que te hicieron en Onda Cero, así que me la descargue al pen drive y anoche (jueves 22), la metí en mi Play3 (el pen drive, eh) para oírla.
No se si sabrás, y si no te lo digo yo, que cuando reproduces sonido en la Play3 de protector de pantalla salen imágenes del planeta Tierra desde el espacio. Y así se pasa todo el tiempo, recorriendo a vista de meteosat el planeta, todo muy photoshopteado y espectacular.
Y todo esto viene a cuento que en el momento que narras la entrada en Pakistán con toda esa gente y sus martillos saludándote en la pantalla de mi ordenador sale una vista espacial de toda esa zona del planeta. Menuda casualidad. No pude evitar que se me erizara la piel y el sentimiento de sentir más cercano lo que contabas.
Así que ya ves, hasta en diferido me esta emocionando tú viaje.
Un abrazo, cuídate y si pasaras por Murcia, aquí tienes posada.
Tu voto:
1
0
about 7 months ago
Bienvenido a Colombia.
Tu voto:
1
0
about 7 months ago
Una aventura por demás explendida!! No sucede todos los dias, no?
Tu voto:
0
0
about 7 months ago
No queda decir mas que excelente el video y el relato, nadie se aburre leyendo sus vivencias.
Un saludo
Tu voto:
0
0
about 7 months ago
A LA OLDEN…
GRACIAS FIGURA! BUENOS VIENTOS!
Tu voto:
0
0
about 7 months ago
A LA OLDEN!
Tu voto:
0
0
about 7 months ago
a Venezuela por Cucuta ten lo en cuenta, alli te espero
Tu voto:
0
0
about 7 months ago
Siempre lo dices… Lo mejor del viaje, la gente.
Tu voto:
0
0
about 7 months ago
fabian, lidiar con el holandes, debio ser divertido, no creo que fuera efecto del ron, talvez de algo mas demasiada alusinacion junta.Colombia te va a dejar fascinado, ya entenderas por que nos conquistaron.
Tu voto:
0
0
about 7 months ago
Cenaste spaguetti y langosta? No está mal para ir rodeado de perrosflauta… Oye, los españoles del documental qué tal? contaste poco de ellos…
El relato, las fotos y el vídeo, como siempre, impecables, geniales. Muchas gracias!!
Tu voto:
1
0
about 7 months ago
¡Juas!
Con la foto del final, sobran todas las palabras; la cara de angustia placentera, y la nariz como un pimiento morrón.
Y pintan bien los perroflautas en esos saraos, ya se podían quedar con los Kuna y sus asambleas y dejar el mundo serio en paz.
Tu voto:
1
0
about 7 months ago
La has gosodo eh?
Recuerdo cuando decías estar ávido de aventuras . ….
“Lo que no mata engorda” … Es demasiado todo lo que estás viviendo.No sé si envidiarte o compadecerte .Tus vivencias tienen el poder de crear en mí una contínua dualidad : Está chiflado…/ Es realmente un Pequeño Buda…… Subirá, subirá al Monte de Santa Tecla… Encontrará las ITACAS… Un abrazo, Fabián
Tu voto:
0
0
about 7 months ago
¿No se os ocurrió pasarle la gorra a los Kuna por asistir al Auténtico Espectáculo de los No-Kuna?
Tu voto:
0
0
about 7 months ago
Si su petición de pasta hubiera sido ANTES de la actuación, te juro que yo lo habría hecho!
Tu voto:
3
0
about 7 months ago
buen relato, de todos los que he leído de viajeros que han cruzado de esa manera de Colombia a Panamá, ha sido el mejor, claro que los personajes son cada vez diferentes, pero ese Holandes si que le ha puesto color a la historia, un abrazo
Tu voto:
0
0
about 7 months ago
Fabián de lo que nos hubiéramos perdido si te regresas por avión. Estas son las aventuras que nos hacen vivir y disfrutar desde la comodidad del hogar. Espero verlas en un libro…
Tu voto:
2
0
about 7 months ago
Me sumo a la peticion d ese libro.Un abrazo.voy contigo.
Tu voto:
2
0
about 7 months ago
un libro,video- dvd,una pelicula,un disco…yo quiero comprarme todo lo este loco hace ,todos teneis ¨Puser nunca existio¨a mano,de verdad no lo perdais,es una genialidad.
Tu voto:
0
0
about 7 months ago
Hola Fabian…estas en Cartagena a 45 minutos de Barranquilla, si va a pasar por aca por favor avise para así sea tomarse una foto con usted (No vaya a cobrar los dos dolares por foto ehh jejeje.) Un abrazo.
Tu voto:
0
0
about 7 months ago
Hola Fabian, se que no nos reuniremos este 24, pero queremos conocerte somos de La Revista DE MOTOS, por favor escribenos a webmaster@demotos.com.co
Comentario favorito. Tu voto:
7
0
about 7 months ago
Tus relatos tienen una redacción perfecta!! Amena e interesante!! Digna de captar nuestra atención y de tenernos siempre a la espera de la nueva publicación!! Pero……….también me encantan tus videos!!
Todos pedimos un libro!!
Pero ojalá y alguien más se sume a mi petición de que hagas un dvd de tus videos!!!
Comentario favorito. Tu voto:
5
0
about 7 months ago
Yo me sumo.
Tu voto:
3
0
about 7 months ago
yo también, libro y dvd!!!
Comentario favorito. Tu voto:
4
0
about 7 months ago
Yo lo vengo diciendo desde el tercer relato que Fabián escribió. ¡¡Libro, libro, libro, …. LIIIBROOOO!!
Y si es con DVD, mejor.
Me sumo.
Tu voto:
0
0
about 7 months ago
Qué increíble experiencia.
Qué fotos…. cuánta pobreza! Sin embargo las caritas de alegría de los niños no tienen precio!
Tu voto:
2
0
about 7 months ago
Menuda historia, deberiais haber echado al holandes por la borda… xD
saludos!!!
Tu voto:
0
0
about 7 months ago
¡Pero si era lo mejor del viaje!
Tu voto:
0
0
about 7 months ago
Por qué no me extraña que te gusta lo NO sencillo!!!
I feel like chicken tonight!
Tu voto:
0
0
about 7 months ago
Que lo he disfrutado un buen rato!!! Gracias Fabián!!!
Tu voto:
0
0
about 7 months ago
Jajajaja. Genial relato Fabián. Hasta que no vi la sirena en la foto, pensaba que era de un tamaño mas bien pequeño. jajajaja. La gente que te encuentras por el mundo es espectacular. ¿Pagaste el impuesto (2$) por lah fotoh?. Jejejeje.
Tu voto:
0
0
about 7 months ago
Vaya follon por unos miseros 80 km sin carretera.
En la fotos esa tienes mas pelo en la cara que el perro…
El barco de los perroflautas. Genial !
Un saludo.
Tu voto:
3
0
about 7 months ago
jejejeje, mu buenoh!
Tu voto:
0
1
about 7 months ago
Sencillamente magnífico, y muy divertido.
Por lo que leo, Colón y Portobelo siguen igual que hace 12 años.
Sigue así contándonos tus vivencias de forma llana.
Un fuerte saludo y al siguiente camino.
Tu voto:
0
0
about 7 months ago
Me quedo sin palabras cada vez que leo algo tuyo. Que suerte tienes de poder hacer un viaje (aventura mas bien) tan enriquecedor como el que estas haciendo !!!
Un saludo Fabián !!
Tu voto:
0
0
about 7 months ago
Pues nada, a seguir camino. Salud y fuerza
Tu voto:
0
0
about 7 months ago
Aún andas dando tumbos por el mundo??? jajaja …
Sigo avidamente tus andanzas, no dejo una atrás. Aunque no responda que sepas que nos “leemos” …
Ayer, dando una vuelta en bici, caí en agronovo … Paré delante de la casa e intenté saltar el muro, pero me corté al pasar un coche y quedarseme mirando con mala cara …
Bueno güey, que te vaya lindo por asha y vuelve plonto para acá!!
un saludo, Fabián.
Tu voto:
0
0
about 7 months ago
INCREIBLE!!, de cabo a rabo me ha encantado… que experiencia! subrealista por otra parte, pero una de esas historias que contada sin más, resultaría dificil de creer por el compendio de participantes en la misma, jeje
gracias!
Tu voto:
0
0