close¡Hola! Hace ya más de un año que estoy dando la vuelta al mundo a lomos de la moto Fefa. Si has llegado aquí por casualidad y tienes un ratico, quizá te interese saber algo más de mi historia.
Conoce la ruta, la moto, entérate de cómo salí de Madrid, cómo empezó todo, lee todo el blog desde el principio o entérate de cuál es mi posición actual.

Considerando que mi auténtica vocación en esta vida es la de ser cocinero, es muy raro que la comida sólo haya aparecido por Salíadarunavuelta de forma tangencial, y a decir verdad, yo mismo estoy un poco mosqueado por esto. Así que me he sentado al fin a ofrecer a las comidas del Mundo el lugar que, en justicia, se merecen en esta página. Los platos que disfruto de verdad son los que la gente humilde come en su día a día: pequeñas obras de arte olvidadas, a menudo despreciadas por los paladares más exigentes, pero que forman parte indiscutible de la cultura de los pueblos. Lejos de los restaurantes sofisticados en los que se vende fusión o distinción a precios exhorbitantes, yo disfruto especialmente la casita de comidas de la abuela, el puesto de comida que con cuatro ingredientes hace un milagro gastronómico, la casa de pasto en la que el obrero repone fuerzas para el resto de la jornada. Hoy desayuné unos huevos fritos con >gallopinto que me recordaron de inmediato a los huevos de mi infancia, con la yema bien jugosa y el borde convertido en una puntilla de encaje crujiente y delicada, y casi besé a la señora que, con mucho amor, los preparó para mi. Mi restaurante favorito en Ciudad de Panamá es un lugar ruidosísimo y apestoso llamado el Poly, que sirve por un dólar la sopa de pescado más asombrosa que he probado en mi vida… en fin, por orden alfabético, aquí tenéis los platos que he podido documentar de algunos de los países y lugares que he visitado. Los precios de menú son orientativos en base a dos platos más bebida, en los restaurantes que yo frecuenté. Quizá los que no sean demasiado aficionados a la cocina encuentren este post un poco aburrido. Mis disculpas de antemano, advertidos quedan, y… ¡bon appetit!

Alemania

Alemania

Alemania

Alemania

Alemania

La cocina de Alemania está pensada para contrarrestar el clima espantoso de ese país. Es, como sería de esperar, grasa y un poco insípida. Ni que decir tiene que probé las salchichas, claro, pero curiosamente no hicieron honor a su fama. Puedo rememorar a la perfección estos dos platos de la foto: una sopa de verduras con salchicha -de sabor ligeramente agrio debido seguramente al uso del chucrut- con un toque importante de cebollino y nabo, y una carne asada -un pelín seca y con la salsa de guiso más diluída de lo normal- con kartoffelsalat y repollo cocido comida en un puesto de feria rural.
Menú completo: 12-18 USD

Argentina

Argentina

Argentina

Recuerdo en mi vida pocos asados como el que comí con papá en el barrio de La Boca. Habíamos ido dando palos de ciego por el complejo y decadente sistema de transportes de Buenos Aires, con la firme intención de caminar desde una punta de la Boca hasta Caminito, cuando llegó el contundente aroma de la carne a la brasa. Un argentino quizá lo considere incluso vulgar, pero a nosotros nos dejó muy impresionados… un bidón cortado por la mitad, depositado en plena calle y lleno de rescoldos, ahumando alegremente los árboles de la avenida. Eso es todo lo que en Argentina se necesita para convertir un pedazo de carne en arte. La comida argentina es una pastosa y contundente fusión de italiana y española. En Argentina se come muchísimo, lo cual obviamente no quiere decir que sea una gastronomía refinada. Los pedazos de cualquier cosa son enormes, los platos rebosan por los cuatro costados, cuando pides una milanesa ésta tiene el tamaño de un campo de fútbol. La pizza es un mar de mozzarella grasienta, y el bife de chorizo un pedazo de vaca que asustaría a Carpanta. La carne se sirve muy hecha. Hay que probar los sandwich de miga para saber lo que es bueno.
Menú completo: 7-11 USD

Australia

Australia

Australia

Creo que recordaré esa hamburguesa mientras viva. Acababa de dejar atrás el sudeste asiático, con sus rigores alimenticios y sus peculiaridades higiénicas. Tras tres días sobreviviendo a base de sandwiches elaborados en la cama de mi hostal en Darwin para ajustar presupuesto, me subí al autobús que me llevaría al tren Ghan. El recorrido era de cinco horas por el desierto australiano hasta la estación de ferrocarril, así que el autobús hizo una pausa en un local de carretera aparentemente anodino. Y ahí estaban las hamburguesas… con cebolla caramelizada, tomate, lechuga iceberg, mayonesa, ketchup y mostaza. Inolvidable. La comida australiana es tan buena como cualquier cosa de ese país: en Australia todo se hace bien, con pulcritud y profesionalidad… aunque el resultado final, de tan perfecto, es un tanto soso.
Menú completo: 20-30 USD

Austria

Austria

Austria

Mi paso por Viena fue meramente testimonial. Reconocí en ella una capital europea delicada, primorosa, linda, grande en los detalles insignificantes y esplendorosa en sus monumentos -la catedral, sin ir más lejos, me dejó sin palabras-. No pude evitar, sin embargo, aunque suene muy turístico, entrar en el Hotel Sacher y pedir la tarta más famosa del mundo. Aunque, sin el más mínimo atisbo de duda, debo decir que a mi me sale mejor. No tan bonita, pero mejor. Mi truco consiste en añadir nuez moscada y pimienta a la mezcla del bizcocho de chocolate, y un poco de anis -testimonial- al almíbar con el que baño las capas antes de montar la tarta.
Menú completo: 15-18 USD

Chile

Chile

Chile

Chile

Chile

Seguramente, ningún chileno estará de acuerdo con la selección que hecho de su país. En primer lugar, lo llamativo: La chuleta de llama. La carne de la llama es correosa, dura, de sabor intenso y salvaje. Un poco como conejo concentrado. Se sirve con patata frita y poco más. También se hace guisada -muy parecida a cualquier guiso europeo de caza con verduras y salsa de vino reducida-. En las comidas, lo normal es que, mientras esperas a que te traigan tu plato, te pongan un pequeño cuenco con pebre -una especie de ratatouille ligera para depositar sobre rebanadas de pan-. Las comidas se terminan todas con pisco sour -un licor que, al ser abstemio, no puedo ni recomendar ni criticar-.
Menú completo: 6-11 USD

China

China

China

China

China

Las dos estampas que ves aquí se corresponden a dos momentos cumbre del paso por China. Como recordarás, crucé el país durante sólo cinco días, debido a las restricciones impuestas por el gobierno comunista. La primera estampa pertenece al mercado de animales de Kashgar, nada más cruzar el país desde Kyrgyzstan. Es un cocido de carne de oveja bastante poco apetitoso: En apariencia simplemente han volcado ahí varios cubos de agua y de pedazos de carne grasa, y a cocer. El sabor se corresponde fielmente a esta descripción. De todas formas, es bastante semejante a la comida estándar de Asia central: así comen también los pastores en Kazajastan, Mongolia, Uzbekistán, etc. Los fideos que ves en la segunda foto son una delicia de la zona fronteriza con Pakistán. Están hechos a mano de la siguiente forma: la masa se convierte en una pelota que se engrasa y se estira hasta convertirla en un óvalo. Luego, se dobla por la mitad y se vuelve a estirar. Luego se dobla por la mitad y se estira de nuevo. Así una y otra vez, hasta que el operario tiene ante si una enorme madeja de cuerdecitas de masa. Prometo que, verlo hacer, es hipnótico. Los fideos se cocinan rápido y se agregan a la salsa de un guiso con pedacitos de carne. El sabor es jugoso, especiado, empalagoso. En China, como en el resto de Asia central, se cocinan mantys (ver más abajo), aunque aquí se denominan dumplings.
Menú completo: 2-6 USD

Colombia

Colombia

Colombia

Esta es una comida popular absolutamente deliciosa que, sin embargo, tuve mis reparos en probar de buenas a primeras. Se trata de un lechón gordito, asado de forma clásica como en la mismísima Segovia -supongo que en horno de leña con un poquito de agua en el fondo y poco más, hasta que la carne está tierna y la piel corruscante-. A continuación, se retira la piel con cuidado para que no se rompa, y se desmiga la carne, que se mezcla con arroz cocido e intuyo que sofrito de alguna forma. Luego, a efectos meramente estéticos, se vuelve a cubrir con la piel y se presenta como si el lechón estuviera intacto. Hay miles de puestos callejeros como este en Bogotá. La ración tiene este aspecto, servida con unas mini-tortillas muy apreciadas en Colombia pero que a mi me resultan sumamente insípidas: Precursoras de la pupusa de Honduras y de la tortilla mexicana, sin duda. El plato volverá a aparecer, esta vez sin arroz, en México, con el divertido nombre de cochinita pibil.
Menú completo: 4-8 USD

Costa Dálmata

Comida mediterránea al cien por cien. En Costa Dálmata tuve por primera vez la sensación de estar muy lejos. En concreto, en Mostar, cuando me sirvieron lo que ves: una ensalada con queso feta y un hojaldre de verduras. De repente, los sabores eran distintos. Apareció con fuerza el pepino -que sólo volvió a desaparecer en Asia central- y el cilantro -mi especia favorita-. El vinagre era más fuerte y afrutado, y el aceite de oliva se volvió denso como oro líquido -algo que no haría más que incrementarse en Grecia y Turquía-. Toda esta eclosión de sabores… con el canto de las mezquitas al atardecer. Como para no sentirse lejos, ¿verdad?
Ahí verás también una buena sepia a la plancha, servida al lado del Adriático: perejil, ajo, un chorrito de aceite, ¿quién necesita más?. Grecia está representada por una ensalada de pulpo: nótense las omnipresentes aceitunas negras.
Menú completo: 8-14 USD

Croacia

Croacia

Grecia

Grecia

Mostar

Mostar

Holanda

Holanda

Holanda

Siendo como es un pueblo marinero, es normal que en la gastronomía de Holanda abunden los alimentos fermentados, en salmuera, en conserva, ahumados… Los marineros necesitaban llevar consigo gran cantidad de comida que no se estropeara, y esa costumbre se encuentra presente en la cocina actual. En concreto, lo que estás viendo es un pescado podrido. Creo recordar que se trataba de una caballa, aunque el rey de los pescados podridos era sin duda el arenque -más duro y de sabor más intenso. Bueno, pescado podrido. Completa y totalmente podrido. Su textura es gelatinosa, casi como una crema. Es más, cuando lo comes, no puedes evitar sentir el nítido aroma del amoníaco. Aún así, debo decir que probé uno por curiosidad de un puesto callejero de un puerto y acabé comiéndome cuatro.

Holanda

Holanda

Amsterdam: Seguramente en esta ciudad pueda encontrarse el mejor chocolate del mundo. Tal es la pasión de Holanda por el chocolate, que se planea construir un parque temático, inspirado en Charlie y la Fábrica de Chocolate, inspirado en este manjar. Nada más entrar en Artichoc, el aroma denso y volátil de los vapores del cacao golpea como una maza. Bombones de colores, de todos los rellenos imaginables, con frutos secos, con frutas escarchadas, rellenos de licores, e incluso con toques exóticos como guindilla, nuez moscada, pimienta… Otra de las inolvidables tiendas es Puccini Bomboni. Llama la atención que en Amsterdam todo el mundo parece formar parte del decorado y del cuento de perdición y lujuria, libertad y amor por la estética que envuelven la ciudad. Las bombonerías, claro, no son la excepción. Es también interesante reseñar la existencia de una cultura gastronómica paralela dedicada al cannabis: tortillas felices, cerveza de cáñamo, cosas así.
Menú completo: 12-18 USD

Honduras

Honduras

Honduras

Aunque el plato es salvadoreño, las pupusas que ves las devoré en Honduras. La pupusa es un elemento fundamental de la dieta de Honduras y El Salvador. Es, basicamente, una tortilla de maíz rellena, normalmente de un queso terriblemente graso y salado que hay por estos lares y que suele acompañar cualquier plato -junto con los frijoles, el arroz y el plátano frito-. Las pupusas son consideradas por la FAO una parte esencial en la dieta básica salvadoreña y el gobierno de la nación las tiene en tan alta estima que les ha dedicado un día del calendario. Tuve ocasión de ver cómo se hacían: Tomaba dos cucharadas abundantes de masa de maíz, hacían un pequeño hueco en el centro, y lo rellenaban con una cucharada de relleno -queso, chicharrón, frijoles, pollo- para, acto seguido, sellar la entrada y palmear la bola hasta convertirla en un disco de masa de unos tres centímetros de grosor. Luego, disponían el círculo en una plancha alimentada por gas. Las pupusas salían con abundancia, acompañadas de un encurtido de vinagre con zanahoria, cebolla y chile verde, condimento universal de la comida del páis según descubrí rapidamente.
Menú completo: 3-7 USD

India

India

India

Si, podrás decir lo que quieras sobre la deliciosa gastronomía india, pero al final, yo acabé perdiendo diez kilos y comiendo casi en exclusiva eso que ves ahí: pakoras. El motivo es doble: En primer lugar, porque no eran tan picantes como todo lo demás, sólo rozaban el límite de lo soportable. En segundo lugar, porque eran cocinadas en aceite hirviendo y, por lo tanto, no resultaban tan mortales como el resto de los alimentos, que en ese país son completamente sépticos. Estoy bastante curado de espantos, pero lo de India es MUY FUERTE. Las pakoras son bolas de masa de harina de garbanzo con huevo, bicarbonato, agua y un poco de limón, en las que se mezclan distintos vegetales (berenjenas, patatas y espinacas, coliflor, tomates o chilli, las puedes pedir de casi cualquier cosa). A continuación, se van depositando en aceite muy caliente cucharadas de esa mezcla, y se fríen hasta que estén bien doradas. Vamos, que son croquetas. O buñuelos. O buñueletas. Un dato sobre esa foto: esas pakoras me las comí en el tren de la Konkan Railway de camino a Goa. En el tren te venden todo tipo de comidas y golosinas, estaban exquisitas. En India pude observar que las franquicias estadounidenses -desde McDonald’s hasta Pizza Hut, mis refugios cuando la comida del país se pone demasiado pesadita- adaptan completamente su comida para adecuarla al gusto indio de un modo que no ocurre en otros países, donde el tuneo es mucho más sutil. Para empezar, McDonald’s no sirve hamburguesas de vaca, por motivos evidentes. Pero es que además, la mayor parte de su menú es… ¡vegetariano!. Pude comprobar además, con horror infinito, que las pizzas de Pizza Hut picaban como guindillas.
Menú completo: 0-5 USD

Indonesia

Indonesia

Indonesia

Indonesia es un país asombroso en el que podrías estar meses y meses boquiabierto sin entender absolutamente nada, simplemente dejándote llevar por los paisajes increíbles, la gente espontánea y traviesa, las comidas llamativas, la fauna exótica. Su gastronomía recibe claras influencias de sus vecinos del sudeste asiático -en especial Tailandia y China-, pero también de sus primos cercanos los indios y del Islam, religión mayoritaria en sus islas. Lo que en Tailandia, Laos o Camboya es una sopa ligera de tallarines, en Indonesia se convierte en un denso caldo con leche de coco, huevo, jenjibre y salsa de carne, fuertemente condimentado, con mucha personalidad. Un cuenco de esos y estás todo el día como un toro.
Menú completo: 2-8 USD

Kazajastán

Kazajastán

Kazajastán

En contra de lo que pudiera uno imaginar, la cocina kazaja es sabrosa, sorprendentemente rica en matices. En Rusia (véase mas abajo) aparecen por primera vez los pelmeni, unos raviolones rollizos rellenos de carne, muy contundentes. En Kazajastán, los pelmeni crecen y se convierten en manty, el plato principal de Centroasia. Se trata de unos raviolis cocidos del tamaño del puño de un niño, de masa clásica de pasta al huevo, rellenos de un picadillo finísimo de carne y grasa de cordero con cebolla y unas pocas especies. El manty se puede servir solo, en un plato, al que añaden crema agria -en Rusia la smetana- o mayonesa con ketchup o bien, si nos encontramos más al sur, inmersos en un caldo muy denso de verduras y carne. Las sopas son en si una obra maestra de la gastronomía: Por lo que he visto, deben iniciarlas con un sofrito clásico de verduras variadas -puerro, cebolla, pimientos, etc- para luego añadir caldo de muchas carnes hervido durante horas.
Menú completo: 4-7 USD

Kyrgyzstan

Kyrgyzstan

Kyrgyzstán

Me acuerdo perfectamente del restaurante donde me sirvieron esa sopa de fideos, y de las circunstancias que la rodearon: Acababa de dejar atrás la seguridad de Almaty, y me había metido de cabeza en un país presuntamente en guerra civil. Para mi, todo era intimidatorio, estaba convencido de que un río me llevaría por delante en Pakistan si no me asesinaba antes el ejército kyrgyz. Y, sin embargo, me encontré con una ciudad modesta, limpia, sencilla, agradable, con la gente más hermosa del mundo, de rasgos grácilmente fusionados entre el blanco lechoso de Rusia y el rostro oriental de China. La sopa era deliciosamente picante, con el grado justo para no resultar molesto, de un sabor intensísimo a vegetales totamente orgánicos y carne de caballo. Los fideos eran gruesos y jugosos. Y, lo curioso, es que a lo largo de todo el país, el sabor permaneció ahí, sorprendiéndome en cada bocado, con una sencillez abrumadora, sin duda un retorno a lo básico de los sabores de campo. Recuerdo dos momentos memorables: un desayuno consistente en mantequilla y mermelada de frutos del bosque completamente naturales a orillas del lago Issy-Kol, y un pan recién cocinado en una sartén vieja calentada en un hornillo de caca de caballo en el caravasar de Tash-Rabat. Insuperables ambos. Y ya que estamos de confesiones gastronómicas, en un pequeño alojamiento rural del centro de Kyrgyzstan, donde yo era el único huésped -debido fundamentalmente a que los occidentales habían abandonado el país por miedo a una inexistente guerra-, me dieron de cenar esta deliciosa ensalada que daba pena desmontarla.
Menú completo: 2-7 USD

Laos

Laos

Laos

Laos es un país extraordinario, de una belleza natural sobrecogedora, y unas gentes bondadosas, sencillas y paupérrimas. Su gastronomía es desconcertante: Hay dos platos que se repiten sin cesar. Uno de ellos, el que ves en primer plano, es una sopa muy ligera de ave, casi un consomé, al que se le añaden fideos -como en casi todo el sudeste asiático- y que se sirve con una cantidad de verdura casi cómica. Platos y platos ENORMES llenos hasta la bandera de germinado de soja, lechuga, hojas de nabo, y todo tipo de plantas de hoja comestible. La idea es que vuelques esos vegetales en la sopa y te los comas junto con ella. O más bien que comas las verduras con sopa. Bueno, no sé. El otro plato, llamado la barbacoa de Laos es bastante ingenioso y tiene mucho encanto. En el ala de un recipiente con forma de sombrero mexicano, se vuelca caldo de pollo ligero. Dicho recipiente se pone sobre brasas y se lleva a la mesa. A continuación, se traen todo tipo de productos cortados muy pequeños, que el comensal ha de poner en la parte central del recipiente, para que se cocinen a la vez que la sopa, cayendo sus jugos en ella. Es más divertido que sabroso.
Menú completo: 2-5 USD

Malasia

Malasia

Malasia

El día que comí eso, estaba a punto de celebrarse un festival religioso de gran importancia para la nutrida comunidad hindú de Malasia. Estamos en las cuevas de Batu, un santuario crucial en ese país. La comida -y el entorno- recuerda vívamente a la india: exclusivamente vegetariana, compuesta de una serie de guisos de verduras muy especiados acompañados de arroz blanco. Para comerla, debe mezclarse con la mano el arroz con los distintos guisos, haciendo una pelotita. Es muy frecuente, en la zona tropical de Asia, servir la comida en hojas de banano. En ocasiones, los platos se hacen con hojas secadas dentro de un molde para adoptar la forma de un cuenco, pero lo normal es que la hoja se presente recién cortada, como Dios la trajo al mundo. En Malasia además, me encontré con uno de los pocos platos a los que le cogí verdadera manía: son omnipresentes unos huevos sumergidos en salsa de ¿curry? con un sabor completamente insufrible. También es verdad que al llegar a ese país llevaba ya muchos meses enfrentado con la gastronomía, a veces difícil, de un continente surrealista. Algo de eso habrá.
Menú completo: 6-8 USD

Mexico

Mexico

Mexico

En México, cada comida es una fiesta. Me hice adicto de los antojitos, pequeños restaurantes sin pretensiones, de estética modesta en los que, en una plancha a gas, se cocinan todo tipo de exquisiteces a precio de risa. Fuera de este país, tenemos una idea más bien limitada de la cocina mexicana, que a menudo se confunde con su versión estadounidense, la tex-mex. Es entrar en México y recibir un soplamocos de sabores, olores, colores y texturas. En este viaje descubrí las tortas, modestos bocadillos con carne, aguacate, tomate, cebolla y lechuga que están por doquier y sacian a cualquiera a un precio infinitesimal. También me sorprendí con la variedad de tacos que se pueden cocinar en un antojito -lo normal es pedir unos cinco o seis pequeños tacos, servidos con picada de tomate, cebolla y cilantro, y acompañados de jugo de limón-. Otra joya oculta de la gastronomía mexicana son las aguas, refrescos naturales preparados a base de arroz -horchata-, de hibisco -jamaica-, de limón o de tamarindo. Y más platos memorables: los chiles en nogada, que se preparan una vez al año cuando es temporada de granadas y ostentan los colores de la bandera de México, las enchiladas y los tamales. Estos últimos están presentes en toda la gastronomía de latinoamérica, pero es en México donde alcanzan la perfección. Finalmente, en la foto verás que estoy chillándole a un plato de apariencia jugosa: los huevos rancheros. En mi primer viaje a ese país, hace unos años, me los dieron para desayunar y, desde entonces, no ha pasado un día de mi vida en que no los echara de menos. Tuéstese una tortilla hasta que esté quebradiza. Fríase un huevo y deposítese sobre la tortilla. Inúndese de salsa de chiles con tomate. La GLORIA.
Menú completo: 3-8 USD

Nepal

Nepal

Nepal

Queda un poco mal decir que lo que más me gustó de Nepal fue la comida occidental de Pokhara. Me explico: Llegué a Nepal tras un mes en India perdiendo peso como una anoréxica. Necesitado de CARNE roja. De platos que no me destrozaran el estómago y no me cauterizaran las papilas gustativas. Con un mínimo de higiene. Y entonces, apareció Pokhara, una pequeña ciudad encantadora a orillas de un lago delicioso, dedicada casi en exclusiva a satisfacer las necesidades de un aluvión de turistas deseosos de adentrarse en la selva a lomos de un elefante, o de hacer senderismo hasta la falda del Everest, pero incapaces de renunciar al capuccino, el wifi o el aire acondicionado. Pues bien, ahí probé sin duda el mejor steak de mi vida, un entrecot con el que llevaba soñando desde Goa. En cuanto a la comida autóctona, es sin duda mucho más digerible que la India. Fundamentalmente vegetariana, se compone de verduras cocidas y rehogadas, con salsas de sabores intensos.
Menú completo: 2-6 USD

Nicaragua

Nicaragua

Nicaragua

En alguna ocasión he hablado mal ya de la comida de Centroamérica, y no voy a ensañarme mucho más. Es paradójico que una zona con tan apabullante biodiversidad, cuente en cambio con un número de platos tan limitado y éstos estén tan mal cocinados. El plato estándar de Nicaragua lleva un poquito de arroz, un poquito de frijoles guisados, algo de banana frita, y un poco de carne. La carne suele ser cocinada la víspera y añadida al plato sin calentar, o bien cocinada el mismo día y mantenida caliente durante horas en un recipiente, para ir sirviéndola a cualquier hora. En todo el Caribe, además, se suele completar la comida con quesillo, un requesón poco fermentado de sabor terriblemente salado o bien con natillas, crema agria de leche que se mezcla con los frijoles y el arroz para dar más cuerpo al plato.
Menú completo: 2-6 USD

Pakistan

Pakistan

Pakistan

En cierto modo, la comida de Pakistan es una advertencia suave de lo que te encontrarás una vez entres en India. Lo más habitual en ambos países es comer una torta de pan poco levedado y cocinado en sartén, acompañado de un par de salsas muy densas de verduras especiadas. El comensal corta en trocitos el pan, y moja en las salsas impregnando bien el pan y llevándose consigo una buena cantidad en cada bocado. Las salsas consisten en un guiso de verduras con cuerpo o legumbres secas fuertemente condimentadas. Se suelen servir unos cuantos cuencos con distintas salsas para que cada cual rebañe lo que quiera. En la foto, la cama de mi pensión en Islamabad, donde me traían el desayuno puntualmente.
Menú completo: 1-4 USD

Perú

Perú

Perú

Puedo decir, sin temor a equivocarme, que la gastronomía peruana es de las mejores que he probado en estos quinientos días.Y, además, cada vez que me traían la cuenta, estaba convencido de que faltaba un cero. Quiero rendir asombrado homenaje a tres platos alucinantes que tuve ocasión de degustar en este viaje: El anticucho, el ceviche y la causa. La causa es un puré de patata amarilla cocinado con mucho limón y relleno de pescado. El ceviche es un plato de pescado crudo, cocinado exclusivamente con los ácidos del limón -en realidad es lo que nosotros llamamos lima-, al que se añade cebolla y cilantro, obteniendo un resultado explosivo de textura firme y sabor ácido y refrescante. Estoy deseando hacerme un buen ceviche con mi pescado favorito, la caballa. El anticucho es corazón de vaca: se puede servir guisado, con lo que el resultado es un poco gomoso, o bien a la brasa, en pinchitos, y ahí si que cada bocado es un pedazo de cielo en la tierra. En la foto, un cuy -rata de la pradera- frito. Su sabor es salvaje, herbal, y su carne prieta y escasa. Si se pide en el restaurante hay que estar preparado para coger los huesecillos con las manos para roerlo, y para el impacto psicológico que supone ver fritos sus dientecitos, sus ojitos y sus manitas.
Menú completo: 1-4 USD

Rusia

Rusia

Rusia

La gastronomía rusa es una gran desconocida que, no obstante, ha dado grandes platos a Occidente: Ensaladilla rusa, filete ruso, y polvorones de la Estepa. (Pausa para las risas enlatadas). Bromas aparte, comer bien en Rusia es enormemente fácil. En cuanto llegué a Rostov-en-Don, pedí a una guapísima recepcionista de hotel que me escribiera en un papel “hola, no sé leer su idioma, por favor tráigame una sopa y carne con algo de ensalada o guarnición”. Los resultados fueron espectaculares. Hay dos condimentos universales sin los que un plato ruso no sabría igual: La smetana, crema agria que se pone sobre casi cualquier cosa, y el eneldo. De hecho, los ubicuos mercados se adivinan a leguas de distancia por el penetrante aroma del eneldo que desprenden, y que se vende por kilos para dar sabor a todo. Algunas claves: los pelmeni son raviolis rellenos de carne, cocinados de mil maneras, casi siempre coronados por una palpitante bola de nata agria. El borscht es una sopa de remolacha espectacular, de aspecto rojo intenso y gusto algo agrio, con la que se empieza cada comida. El strogonoff existe realmente, y tiene mil preparaciones distintas. La solyanka es una sopa deliciosa preparada con trocitos de carne y salchicha muy pequeñitos: una ración vale como comida. En cambio, la okroshka es a mi juicio nauseabunda: se sirve fría, y su base es el kvass, una especie de sidra muy popular en Rusia, que se vende en cada esquina. Finalmente, un apunte: la ensalada rusa, en efecto, se sirve abundantemente en este país, y su elaboración y aspecto es muy similar al que ha llegado a España, aunque el atún es reemplazado por jamón cocido.
Menú completo: 5-8 USD

Singapur

Singapur

Singapur

La cocina de Singapur comparte los mismos dos adjetivos que yo regalaría a esa ciudad-estado: mestiza y perfecta. Hay una calle en Singapur dedicada íntegramente a la gastronomía callejera en la que es totalmente imposible decidirse por un restaurante u otro. El paseo deja, literalmente, sin aliento, abotargado y en un estado similar al coma alimenticio. Pero es que luego, callejeando, encuentras los food courts, patios dedicados a la comida en los que decenas de restaurantes seducen con sus aromas y sus presentaciones monumentales… y todo está tan limpio… ¡tan hermoso! En los food courts el comensal acude a uno de los muchísimos pequeños restaurantes -a menudo atendidos sólo por una persona, y muy especializados en un plato en concreto- con una bandeja. Hace su pedido, y circula hacia otro de los restaurantes a por el segundo plato. Luego, come en mesas comunales en la zona central del patio. Hordas de camareros se encargan a continuación de recogerlo todo y dejarlo impoluto. La comida de Singapur es heredera sobre todo de la china, pero con toques inconfundibles de todo Asia. Además, al ser una ciudad constituida de barrios de distintas culturas, se pueden encontrar en sus calles aromas y sabores de las mejores gastronomías del planeta.
Menú completo: 5-8 USD

Tailandia

Tailandia Tailandia Tailandia Tailandia Tailandia Tailandia Tailandia

Sólo lo diré una vez: LA MEJOR GASTRONOMÍA CALLEJERA DEL MUNDO. Punto. No hay más que discutir. Un cocinero es genial cuando es capaz de extraer lo sublime de los ingredientes más pobres: cuando con cuatro sabores básicos es capaz de revolucionar el paladar. En ese sentido, en las calles de Tailandia, cada anochecer, sucede un milagro. Los puestos salen a la calle, se organizan en pequeños comedores de barrio, y producen exquisiteces al amor de la lumbre. Exquisiteces cotidianas, nada pomposas, envueltas en una bolsa de plástico, pero que maravillan y sorprenden. Parece increíble que se cocine lo que se cocina en esos impolutos carritos mal iluminados por una bombilla. La comida estándar es una sopa muy ligera pero nutritiva, de sabor amargo, con fideos frescos, germinados de soja y pequeños pedazos de carne de pollo o bolitas de pescado. Es la de la foto con la Coca-Cola.
Menú completo: 1-5 USD

Turquia

Turquia

Turquía

La cocina turca es el resultado de la fusión natural -no de probeta- de la comida árabe y la cocina que, en Europa, conocemos como “mediterránea”. Así, los platos son especiados, ricos en sabores y con presencia de aromas inesperados, pero también poseen toques decididamente familiares, como el aceite de oliva. Hay dos platos -bueno, un plato y una bebida- que me vuelven loco en Turquía: el lahmacun y el ayram. Ambos pueden pedirse en cualquier kebab español, lo que causará regocijo en la cocina y admiración entre quienes compartan tu cena. El lahmacun es el equivalente turco a la pizza italiana. Se elabora en forma de tiras, y no lleva queso, aunque comparte muchos ingredientes con el plato italiano. El ayram es un yogur líquido de sabor ácido y animal, abundantemente salado, que actúa como un bombazo en el paladar. Ah, en Turquía no puedes dar un paso sin que una veintena de desconocidos te inviten a té. Que parece almíbar, dicho sea de paso.
Menú completo: 5-8 USD

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