Un farang en Indochina (y IV): Las sonrisas de los muertos
¡Hola! Hace ya más de un año que estoy dando la vuelta al mundo a lomos de la moto Fefa. Si has llegado aquí por casualidad y tienes un ratico, quizá te interese saber algo más de mi historia. Conoce la ruta, la moto, entérate de cómo salí de Madrid, cómo empezó todo, lee todo el blog desde el principio o entérate de cuál es mi posición actual.
No sé si las Cuatro Mil Islas son cuatro mil o dos o tres menos. Lo que sí sé es que ese lugar momifica. La isla más grande rebosa de pensiones de todo tipo, desde simples chozas encaramadas a estacas, a enormes y ostentosos chalets que recuerdan a un complejo turístico de primera magnitud. La comida es sorprendentemente buena, y el paseo al borde del río relajante y agotador. Sucumbí a los encantos de un pequeño hotelito regentado por una mama-san que recordaba a una viejuna Madama Butterfly, encorvada y de articulaciones retorcidas como sarmientos. El carácter pacato de la isla fue entrando en mis huesos lentamente, y yo me dejé llevar dos días, viendo delfines de agua dulce y evitando a las viejas alemanas con ganas de cháchara, hasta que ganó la batalla el inquieto Breogán que llevo dentro y arranqué de nuevo rumbo al sur. La Cuatro Mil están a escasos treinta kilómetros de la frontera: El paso entre Laos y Camboya, a pesar de lo que pudiera parecer, fue suave y tranquilo. Súbitamente, a un lado de la carretera me topé con un chamizo en el que se aburrían tres guardas fronterizos, que me entretuvieron más de lo estrictamente necesario porque para ellos yo -o lo que represento, un freak montado en un artilugio demoníaco- era un pequeño motivo para seguir viviendo un día más. Sonaba de fondo una chillona telenovela. Un ventilador roñoso removía pacíficamente el aire de la mañana, bailando un soporífero vals con ocho mil moscas. Me dejaron pasar entre cloqueos de gallina, tras hurtarme cinco euros por el cambio de moneda, al no existir competencia alguna en veinte kilómetros a la redonda: o cambiaba con ellos, o me volvía a casa con un fajo inútil de moneda laosiana.
Unos metros más adelante estaba la Tierra de Nadie. Ese estrecho pasillo de apenas cien metros que no pertenece a ninguno de los dos países. Estoy empezando a verlo como algo familiar, aunque al principio me asustaba e impresionaba: polvoriento, sucio porque nadie lo cuida, en ocasiones habitado por pequeños comerciantes mestizos de mirada hundida y huidiza y sonrisa fatigada, allí reina un silencio solemne siempre. Con peligros imaginarios palpitando entre la maleza. Un trozo de tierra que nadie quiere. Que nadie ama. Un cacho de tierra indiferente.
En el Golfo de Tailandia
Día 212 de viaje. 36ºC. Sigo sin leer por muerte espontánea del lector de libros electrónicos.
Me recibió con un encantador y gatuno “welcome to Cambodia” una mujer muy pequeñita sonriendo detrás de una mascarilla quirúrgica. Asia entera está inundada de mascarillas. Mascarillas de tela, mascarillas inútiles de macramé, de neopreno, de papel, de plástico, todo el mundo lleva mascarillas. La mujer regentaba una tienda de campaña militar que hacía las veces de Servicio de Inspección Sanitaria. Me preguntó si estaba enfermo, a lo que contesté que posiblemente no. Me midió la temperatura apuntándome con un sensor a la frente, como si estuviera a punto de descerrajarme un tiro. Me cobró un dólar y me dejó marchar. En esa frontera, cada trámite suponía un dólar. Vaya a esta ventanilla, pague un dólar. Obtenga este sello, pague un dólar. Tengo la impresión de que todos los guardias están compinchados y que el Gobierno de Camboya no verá jamás ninguno de esos dólares.

Paisaje camboyano típico. Cuando estaba haciendo esta foto se presentó ante mi la culebra más grande que he visto en mi vida.
Hay tres cosas que me llamaron poderosamente la atención de Camboya en cuanto me adentré en el país: la primera es que, a ojo, hay cuatro hamacas por habitante, por lo que se mire donde se mire, se encuentra una colgando de cualquier gancho. La segunda es que se están celebrando bodas constantemente en decenas de locales preparados a tal efecto: normalmente, un pequeño patio a pie de carretera, engalanado con flores fucsia de plástico y cortinas sintéticas de imitación de seda, una orquestina chillona e irritante barritando aullidos de castrado, y un centenar de camboyanos vestidos con sus mejores galas sorbiendo fideos. La tercera cosa que me llamó la atención es que pude comprobar con tristeza que el país está completamente deforestado. Esto último quizá sea debido a que Pol Pot acabó con todos los bosques para cosechar y convertir Camboya, en cuatro años, en el mayor productor de arroz del mundo. Sea cual sea el motivo, me llevo de recuerdo enormes llanuras salpicadas de palmeras jóvenes, en nítido contraste con los fecundos bosques de árboles ancianos que parecen devorar las carreteras de sus vecinos Laos y Tailandia.
Hacia Phnom Pehn
Nada más salvar la frontera me invadió el injustificado pánico roedor a quedarme sin gasolina. Al montar un depósito extra-grande, Fefa no tiene medidor de nivel de gasolina, así que tengo que fiarme de los kilómetros recorridos, de ahí que pase innecesarias angustias a veces. Al parecer, las gasolineras no habían llegado a esa zona del país, por lo que eran los propios habitantes quienes, al borde de la carretera, vendían combustible en botellitas de plástico de refresco. Había decenas de puestos, iguales unos a otros, en los que un viejecito enclenque de mirada bovina y con telarañas en la papada bostezaba a la espera de que alguien necesitara un cuarto de litro para su scooter. Cuando había avanzado unos treinta kilómetros en el país, decidí preguntar a unos atónitos muchachos que volvían de la escuela, señalando el depósito y haciendo ruidos de líquido. Como pudieron, embargados por la emoción de estar ayudando al mismísimo Capitán América, me indicaron la dirección de un hombre de la localidad que había prosperado en el negocio y, además de botellines de gasolina, era propietario de un bidón. El hombre no debía de pesar más de treinta kilos, y no tenía un solo diente. Además, le faltaban como mínimo cuatro dedos de la mano derecha. Era, por lo tanto, el 92% de lo que alguna vez fue. Dado lo avanzado de su edad, supuse que estaba ante un superviviente de la fiesta homicida del tristemente célebre Genocidio Camboyano. El hombre asió con sus muñoncillos un trozo de carbón y escribió en en cemento del suelo: 4 L = 5 $. Mi preocupación por no contar con moneda local resultó ser absurda: Todo en Camboya se paga con dólares y, si el cambio se debe dar en moneda fraccionaria, se utiliza el Kip. ¡Pobre Pol Pot, su experimento comunista inundado de moneda del Imperio Burgués! Si no fuera porque su cadáver acabó sus días quemado en un depósito de chatarra, estaría ahora revolviéndose en la tumba.
La tarde se fue poniendo sobre los campos de arroz, evidenciando que no iba a llegar a Phnom Pehn a tiempo, así que decidí pernoctar en una pequeña ciudad de nombre y propósito algo oscuros. Prácticamente se lanzaron sobre mi moto como alimañas un grupo de jóvenes que regentaban de forma bastante anárquica un hotel de colores chillones y decoración sospechosa al borde del Mekong. Cené una hamburguesa de pollo bastante vomitiva mientras unos diez mil millones de insectos se disputaban las pocas luces con las que contaba el local de techos altos pintados con desconcertantes frescos de escenas de ciervos y mangostas rumiando al atardecer. ¿Qué cojones esperarán encontrar los mosquitos y las polillas al llegar a la bombilla? y, sobre todo, ¿por qué no se tranquilizan cuando por fin la han alcanzado?
Phnom Phen, capital del Reino de Camboya. Para llegar a ella desde el norte hay que desviarse casi doscientos kilómetros en una curva absurda trazada para evitar la zona más pantanosa del Mekong. Un millón y medio de habitantes. Pequeño caos circulatorio. Calles llenas de polvo y barracones en construcción. Mi primera impresión, un agujero, una cloaca. Luego, empecé a pasearme por los mercados, por las calles saturadas de puestos de comida, me subí a una pequeña scooter y el conductor me llevó al museo de la tortura de Pol Pot, y empecé a encontrarle cierto encanto.
Las sonrisas de los muertos
La atmósfera de la cárcel-escuela de Pol Pot es opresiva. Hay decenas de celdas que no tienen cartel alguno ni lo necesitan: un camastro en un rincón, y un espacio vacío. Las paredes cubiertas de una densa pintura gris. Celdillas minúsculas hechas de tablones o de paredes de ladrillo erigidas con descuido. Gente deambulando en silencio con mirada desencajada. En un rincón un grillete, una pala, un gancho, una palangana cobran un significado nuevo, se cargan de una fuerza emocional asombrosa. Hago fotos sin parar hasta que llego a una de las galerías en las que exhiben las fotos que los revolucionarios hacían a las víctimas antes, durante y después de la tortura. Enfoco la cámara a una hilera de retratos, y el software que reconoce rostros en la cámara se activa, y me avisa con un cuadradito amarillo en el visor de que algunas de las caras, a su entender, están sonriendo.
Al terminar la visita de la escuela-prisión, pretendía darme por vencido ante la inminente llegada del crepúsculo y dirigirme al malecón que, segun tenía entendido, concentraba la vida social de la ciudad al atardecer. A la salida del museo, estaban esperándome -esperando a los turistas- el ya habitual corrillo de comisionistas, pedigüeños, buscavidas, timadores y conductores de tuk-tuk que medran como el moho alrededor de las atracciones. Cuando me vieron aproximarme, se erizaron como tigres al divisar una gacelilla herida y solitaria en medio de la sabana. Me hice el remolón, paseé un poco por los jardines, mientras me acercaba lentamente a la salida. Hice el paripé de interesarme en la alambrada y en una inscripción en un mojón de hormigón, mientras los miraba de reojo retorcerse de ansiedad. Seguí aproximándome hacia la salida mientras ellos pegaban botes como mandriles y me increpaban. Me paré a atarme las zapatillas. Luego a observar una flor. Empezaron a reirse de mi payasada. Los miré de reojo exagerando el gesto, luego observé el cielo buscando alguna nube, me detuve largo rato en las uñas de la mano derecha. Al levantar los ojos, uno de ellos me apuntaba con una escopeta imaginaria y me pegó un tiro, a lo que yo respondí desmayándome en el césped. Se produjo una eclosión de aplausos, así que di por terminada la maniobra de diversión y me acerqué al del tiro, que parecía el más simpático. Saqué la lista de cosas que quería ver en Phnom Pehn y le di torpemente el nombre del paseo marítimo. Él me arrebató el listado de la mano.
- ¡¡No, no, no!! ¡¡Ahora nos vamos a los Killing Fields y después al paseo marítimo!!
- Pero no va a dar tiempo…
- ¡Claro que da tiempo!
- No hay luz sufici…
- ¡¡Sí hay luz!!
- Vale. ¿Cuánto?
- Sólo quince dólares.
- ¿¡Quince dólares!? ¿¡Estás loco!? No te pago más de cinco. ¿Crees que soy americano o idiota?
- ¿¿¿¿¡¡¡CINCO!?!??!?!! No, no, no. Yo no voy por menos de diez.
- Quizá podría subir a seis si te portas bien.
- Ocho.
- Siete.
Me miró largamente y aceptó siete a regañadientes. A la vuelta de los Killing Fields, el muy cabrón intentó arrastrarme a todo tipo de negocios, legales o ilegales, de los que pudiera sacar una comisión. Paró sin mi permiso en todo suerte de tabernas, campos de tiro, comercios y hoteles intentando convencerme de que entrara. Finalmente, al comprobar que yo era un hueso duro de roer, se dio por vencido y me condujo en silencio hasta el malecón. Me bajé de su moto, valorando la posibilidad de darle ocho dólares por aquello de que un dólar no es nada para mi pero supone para ellos y sus familias blablablá blablablá blablablá. Me observó largamente con mirada aviesa y taimada y espetó siseando cual serpiente y extendiendo la mano:
- Catorce dólares.
- ¿Catorce? Habíamos convenido siete.
- Siete ida, siete vuelta- replicó en una maniobra largamente ensayada. Supongo que en ese momento explotó dentro de mi la ira de la multitud de ocasiones en que han intentado robarme con estratagemas semejantes a lo largo del viaje, así que le solté tales gritos e improperios en anglo-español que acabó subiéndose a la moto, cogiendo mis siete dólares en silencio, y marchándose a toda prisa como alma que lleva el diablo. El malecón, muy bonito.

Ciudadanos de Phnom Pehn hacen ejercio en el malecón
Y Angkor
Camboya es consciente de que el cien por cien de los turistas que llegan a su país lo hacen para visitar Siem Riep y los templos de Angkor. El complejo de Angkor está formado por los restos de una ciudad descomunal, habitada durante cerca de diez siglos, y que fue la más grande del mundo cuando en Europa quemábamos brujas y nos sumíamos en la oscuridad del medievo. Hay en la actualidad cerca de mil monumentos concentrados en una extensión que puede verse durante una semana sin repetir nada. Los monumentos han sido rescatados de la selva, que se confunde con ellos en ocasiones, y forma parte de su estructura para siempre, con raices de catedralicios árboles incrustadas en las piedras, sujetándolas y arropándolas, abrazándolas y ahogándolas en una danza sinuosa y tétrica. Es impresionante encontrarse cara a cara con el suntuoso lago que precede y refleja como un espejo al más famoso de todos los templos, el Angkor Wat, pero quizá más impresionante todavía sea observar el detalle amoroso y experto con el que está decorada cada esquina, cada muro, cada columna y peldaño de cada monumento. Es Angkor un complejo de joyas dentro de joyas. La selva que rodea los momumentos es de postal, una miríada de hormigas humanas cuidan con esmero las inmediaciones para que no crezca una brizna de hierba de más, para que nada ensucie el asombroso paraje. Me alojé en un hotel modesto a escasos quince kilómetros de las ruinas. Me llevó un día digerirlas. A la mañana siguiente, muy temprano, salía hacia Bangkok, para cerrar el círculo de Indochina.
Cerrando el círculo
Me detuve un día en Bangkok para hacer un fugaz pit stop y cambiar las ruedas a Fefa. Llevo obsesionado con las ruedas desde que, hace unos días, me fijé en la trasera y comprobé que apenas tenía dibujo. Así pues, organicé todo para tener unos neumáticos nuevos esperándome en un enorme taller de motos de gran cilindrada a las afueras de la capital de Tailandia (*). Al día siguiente cruzaba Bangkok entero -unas cuatro horas de atascos y confusas callejuelas- y, desconcertantemente, me dirigía al oeste. Sólo al salir de la enorme ciudad, la carretera describe una abrupta curva a la izquierda y por fin enfila hacia el sur, justo donde la península de Indochina se une a la de Kra. En ese momento, la carretera apenas puede hacer otra cosa que descender: a la derecha, unas escarpadas montañas calizas anuncian la frontera con Myanmar y a la izquierda, una planicie rebosante de plantaciones de piñas y de árboles de caucho desemboca en el golfo de Siam con sus impresionantes playas de arena blanca y trufadas de palmeras y chiringuitos apacibles. El GPS me llevó hasta una de esas playas, donde se habían asentado tres complejos hoteleros: Dos de ellos parecían ostentosos y fuera de mi presupuesto y el tercero era poco más que una villa de vacaciones con unos cuantos chalets adosados. Todo estaba pintado de un rosa chillón, tanto el exterior como las habitaciones, cuyas sábanas eran rosas, sus cortinas rosas, las toallas eran rosas. El lugar se llamaba Pink Power Beach. Estaba completamente desierto, excepto por la fantasmagórica presencia de un jardinero fiel que me tendió un llavero de Hello Kitty. Por unos doce euros, me alojé en sus instalaciones vacías. Me quedé dos días disfrutando del mar: habría estado más tiempo, pero no había más que un restaurante en las inmediaciones -y a una distancia incómoda tanto para hacerla a pie como para coger la moto-, y al parecer sólo cocinaban arroz con gambas, o eso pude entender por los gestos de las camareras. Los paraisos nunca son completos, supongo.
Felices fiestas a todos
(*) Los detalles mecánicos se tratan en capítulos especiales llamados el making of de salíadarunvuelta para no interrumpir el ritmo de la narración.
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Salíadarunavuelta: La vuelta al mundo en moto de Fabián Barrio
about 9 months ago
Fabian,
Al momento que bajaste de Siem Reap hacia Bangkok, imagino que entraste a Tahilandia por Aranyaprathet.
La pregunta es:
Como esta la carretera desde Siem Reap a Aranyaprathet?
Ya la asfaltaron? En su totalidad? Recuerdas cuanto demoraste?
Un saludo.
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about 9 months ago
Tras más de un año en ruta… imposible por completo recordar eso, lo siento.
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about 1 year ago
Este relato lo tenía pendiente hace días. Muy bueno .. no me esperaba menos que esa recua de pillos intentando timar al farang.
Saludos,
Pablo – Coruña
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about 1 year ago
JAJAJAAJAJA!!!!!
que descojone leyendo el pasaje de cuando salias del templo de Angkor y te esperaban los pispas como locos!!! que bueno tio…que bien te lo pasas!!!
Con tanto rodaje està claro que estás en otro nivel…sobretodo en este aspecto. Yo creo que cuando estés por méjico serás tu quien despelleje a los nativos!!!
Buenas fiestas, un fuerte abrazo para ti y fefa!
Saludos desde Andorra
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about 1 year ago
Hola capitan America!
…que bueno leer y gozar de tus relatos, siempre me resulta un placer…me rio (a veces a carcajadas), me emocino, me acojono…en fin…un sinfin de sensaciones leyendo tus aventuras…como disfruto.Gracias.
Nada, que tengas unas buenas fiestas y que mejor que empezar el año a lomos de Fefa y con el mundo por delante!!
1 abrazo y adelante!!
Saludos desde Andorra (que no nieva ni a la de tres…los turistas empiezan a sospechar si se han equivocado de pais para ir a esquiar..)
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about 1 year ago
un saludo desde naron(coruña),estoy preparando un viaje parecido y tu experiencia me esta reafirmando en mis intenciones,”salir de la exclavitud es dificil”,que tengas un buen año y sigas creciendo.
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about 1 year ago
Enhorabuena Fabián.
Hoy he empezado a leer tu blog, y estoy alucinado, impresionado, sin palabras. Llevo un montón de horas leyendo tus crónicas. Espero con ansiedad que escribas de nuevo.
Feliz entrada al año nuevo 2011, desde Barcelona.
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about 1 year ago
Feliz Año y enhorabuena por tus crónicas.
Una pregunta, ¿cómo se ve España desde tan lejos?.
Feliz Viaje y un abrazo.
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about 1 year ago
Bastante jodida… ¿no?
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about 1 year ago
Me acuerdo mucho de ti en estas fechas. Un abrazo muy grande.
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about 1 year ago
Mamá, que está aquí conmigo, te manda un fuerte abrazo.
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about 1 year ago
¡ Menudo viaje, eso es aventura!
Que tengas unas Felices Navidades y los mejores deseos para el Año Nuevo.
Saludos.
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about 1 year ago
Querido Fabian
Me acabo de enterar por Juan de tu viaje! Estoy en Koh Samui, muy cerca tuyo!
El 5 de enero me voy para Hong Kong. Seria divertido coincidir…
Abrazos
Jose
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about 1 year ago
Desde Toledo FELIZ NAVIDAD Marta y Roberto
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about 1 year ago
Estimadisimo Fabian!!!! Te cuento que son las 2 y 5 de la
mañana en este momento aqui en Argentina. Al fin he podido ponerme
al dia con todo tu viaje. He leido cada delicioso detalle de tu
extensa hazaña. Me has tenido como un niñño pequeño que espera
todas las noches a que le cuenten un cuento para irse a dormir. Me
he apasionado de tal manera que entre pequeños intervalos de
entrevesitas con mis clientes seguia con desmesura tus relatos. He
devorado cada palabra tuya tal cual un niño comiendo un sabroso
helado un dia de verano. Agradezco infinitamente tu delicioso y
pormenorizado relato que hace que por poco yo no vaya sentado
detras de Fefa. Si en algún tramo del viaje sentís un poco pesada
tu moto es que yo voy sentado detras, jajaja. Confieso que en todo
este interin me sentía un poco mal por haber llegado tarde a esta
epopeya y quería atragantarme con tus narraciones para estar al dia
del todo. Me sentía como quien llega tarde a una fiesta y no sabe
bien de que se ha perdido. Por fin me siento al dia. Ahora sí he de
seguirte expectante cada vez que escribas algo. Se que me tendrás
en vilo ya que vengo mal acostumbrado a leerte todo los dias
durante muchisimo rato y ahora es como llegar al borde del puente
en cosntrucción con la anciedad de que le agreguen un tramo mas
para poder seguirte. En lo particular no soy de celebrar la Navidad
a sabiendas de su origen pagano pero por las dudas te deseo una
feliz navidad. Agradezco mucho todo lo que has escrito lo cual he
leido cual dulce nectar y siento en lo mas profundo que ya te
conozco mucho. Mi esposa con mucha cautela escucha pacientemente
mis transcripciones porque en el fondo sabe bien que mi corazón
viaja en esa locura tuya. La voy a seguir ostigando cada vez que
escribas algo. Perdón por haberme explayado demasiado. Te seguiré
escribiendo. Te envío un afectuoso abrazo. David
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about 1 year ago
Felicidades !! espero que enste nuevo año traiga muchas nuevas aventuras .
y mucha alegria con la familia !!
Gracias por estar ahi !
Un grande abrazo
Desde Brasil
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about 1 year ago
Como eres ateo, como yo, te deseo una feliz navidad (o
¡Ánimo!
Saturnalia, que diría Sheldom de TBBT
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about 1 year ago
No se si decir buenos días o buenas noches, porque me da la
extraña sensación que eres una especie de viajero del tiempo y el
espacio, solo quiero felicitarte la Navidad a ti y a tu familia,
para los que probablemente no sea nada fácil soportar esta aventura
tuya que es la vida. También espero que viajen a verte con vaca ya
que posiblemente sea uno de los seres que más te echa de menos.
Solo decirte que he descubierto esta página hace muy poquito y ya
me tienes totalmente enganchado (maldita sea) y has hecho que me
leyera todas y cada uno de los artículos y me viera todos y cada
uno de los videos publicados. También has hecho que te mandara
canciones a tu caja de música personal, que creo que esa ha sido
una muy buena idea para que interactuemos contigo los que vamos a
seguirte a ti y a Fefa en esta a ventura tuya alrededor del
mundo… Supongo que sabrás que si esta página tiene el seguimiento
que tiene es porque tu estás viviendo la vida que nosotros nos
limitamos a soñar…. Solo me gustaría hacerte una pregunta, y es
de los libros que llevas leidos, cual ha sido el que más te ha
gustado… Ánimo y sigue soñando…
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about 1 year ago
No sabria decirte… Me estan gustando muchisimo todos los autores de la Gran Novela Americana, y mis favoritos son Steimbeck y Tom Wolfe.
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about 1 year ago
¡Feliz Navidad! a ti, a tu familia y a todos nosotros, que
te seguimos con mucho interés y cariño. Y sobre todo, dentro de mis
deseos esta el que se cumplan todos los tuyos, y lo que resta de
viaje sea como tu quieras que sea. Un abrazo de todo
corazón.
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about 1 year ago
Felices Fiestas Fabi, que Papanoel te traiga todo lo que
necesites para continuar tu viaje… Muy interesante, cada lugar,
cada rincón que visitas. Gracias por abrirnos una puerta al mundo.
Y espero que no fuera una serpiente venenosa!
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about 1 year ago
Feliz Navidad Fabian!!!
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about 1 year ago
NAVIDADES FELICES COM TU MAMA. ESPERO QUE EL AÑO 2011 TE RESULTE TAMBIEN COMO ESTE, POR LO MENOS CON SALUD Y CON POCOS CONTRATIEMPOS Y QUE CONTINUES EN NUESTRA COMPAÑIA QUE POR LO MENOS AMI ME HACE MUCHA FALTA . ADIOS AMIGO CAMINANTE, TAMBIEN PARA FEFA, PARA QUE CONTINUE PORTANDOSE BIEN. UN ABRAZO DE TITA
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about 1 year ago
Fabian que buen relato, trata de subir mas fotos de la playas de Tailandia.
Un fuerte abrazo y que tengas una feliz navidad.
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about 1 year ago
“TRUFAR: Aderezar o rellenar con trufas o criadillas de
tierra las aves u otras comidas” Esta parte de tu relato “salí a
dar una vuelta”, está trufado de hamacas, bodas, arboles, templos,
“gasolineros”: contemplación y miradas esquivas. Ya estás facultado
para dar clases de “master territorio” para occidentales, que bien
podría titularse: “Observaciones sobre la gasolina y el desarrollo
antropológico” Observador del desarrollo de la inteligencia,
astucia, angustia, desigualdad, luchas y huidas de los pueblos y
“señalador” de las influencias perversas de las “invasiones
bárbaras” en las culturas ancestrales y como se “jodieron” los
antaño paisajes naturales. Todo ello “trufado” de recetas
culinarias y trucos personales de supervivencia. Al crecimiento
personal a través del arroz y los arrozales con culebras. Animo,
que los Fefanautas tomamos nota de tus recetas de arroz con
leche.
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about 1 year ago
bien Fabian, un delicioso relato de tu estadia en este pais
,quisiera saber si en tu ruta esta Colombia ,de ser asi hazmelo
saber , y te deseo una feliz navidad y q’ DIOS te bendiga en tu
camino. Ruben Dario
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about 1 year ago
Claro, lo esta.
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about 1 year ago
feliz navidad fabian que sigas con este espectacular viaje
en el cual estas y del cual muchas personas estamos pendientes dia
a dia, que todo tu viaje siga igual de bien como va. un abrazo
desde colombia. y no olvides darle algun regalito a fefa que se lo
merece jajajaja.
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about 1 year ago
FELIZ NAVIDAD,DISFRUTA CON LA MAMA,ME GUSTA COM ESCRIBES YA
SABES QUE SOY UNA DE TUS FANS…BESOS
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about 1 year ago
Feliz Navidad desde Castellón de la Plana, por cierto, en
la primera foto pareces un piloto galáctico con tu traje de cuero.
Salud y fuerza para el resto del viaje.
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about 1 year ago
Feliz navidad y que la pase bien con su mamá, y que siga
descubriendo ese mundo que todos queremos también descubrir. Un
saludo desde Bogotá Colombia
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about 1 year ago
Felices Fiestas de nuevo Fabian, Tiene coña el cartelito de
la foto del final…
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about 1 year ago
Que todos paseis buenas fechas,
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about 1 year ago
Impresionante tu relato!! Más allá de que cada lugar tiene
su encanto, etc, etc, al final de esta aventura después de analizar
un tiempo, me gustaría saber a que sitio de todo este recorrido,
volverias o elegirias para vivir. Que tengas Fabián una MUY FELIZ
NAVIDAD !!
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about 1 year ago
hola fefabian:::::::::: no hay foto de la culebra??? bonita
cronica, ese tono de libro de aventuras que le das a tus relatos es
especial… mañana nochebuena, pasatelo bien con mami…. feliz
navidad…
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about 1 year ago
Felices Fiestas para ti y para los tuyos tambien.
Aunque no te diga nada, todos, si todos, los dias miro por donde vas.
Animo
Un abrazo
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