close¡Hola! Hace ya más de un año que estoy dando la vuelta al mundo a lomos de la moto Fefa. Si has llegado aquí por casualidad y tienes un ratico, quizá te interese saber algo más de mi historia.
Conoce la ruta, la moto, entérate de cómo salí de Madrid, cómo empezó todo, lee todo el blog desde el principio o entérate de cuál es mi posición actual.

En el año 1975, es decir, hace un suspiro, tuvo lugar donde me encuentro ahora mismo uno de los mayores genocidios de la historia. Durante un período de cuatro años, el líder de los Jemeres Rojos Pol Pot lideró un experimento social que consistió en la aniquilación de la cuarta parte de la población de Camboya en favor de un estado comunista y agrario. Su intención había sido liberar al país del yugo imperialista, llevando este ideal a tal extremo que, en los dos primeros meses de su mandato, evacuó y arrasó las ciudades por considerarlas burquesas para, a continuación, exterminar sistemáticamente a doscientas mil personas por motivos tan dispares como llevar gafas, saber idiomas, ser monjes, maestros, empresarios, saber leer o poseer tierra o ser familiar de alguien que la poseyera. La propiedad privada fue abolida -hasta el punto de estar prohibida la posesión de comida o de utensilios para cocinarla- y la moneda, la religión, la familia… todo desapareció de la noche a la mañana, lo que provocó la muerte por inanición de más de 1.800.000 personas más. Los cadáveres eran empleados para abonar los campos, ríete tú de la Memoria Histórica. Los centros de internamiento estaban saturados. Las fosas comunes rebosaban de cuerpos en descomposición y eran rociadas periódicamente de productos químicos para disolver la carne pútrida. Todo esto tuvo lugar a espaldas de la comunidad internacional, que desoyó las débiles protestas de países aislados o de Amnistía. El mundo acababa de salir de la guerra de Vietnam, y el hecho de que un pequeño país combatiera en solitario el imperialismo Yanki era visto con cierta simpatía, era muy cool ir a la contra de los Estados Unidos. En la actualidad, el 71% de la población adulta de Camboya no sabe ni leer ni escribir. Lógico. Se cargaron a todos los que sí sabían.

Me horroriza cuando me encuentro a personas que dicen ser “rojas“. “Yo soy rojo”, dicen con orgullo. ¿De qué rojerío estamos hablando? ¿el de Pol Pot? ¿el de Stalin? ¿el de Mao?. ¿Por qué puede alguien decir “yo soy rojo” y quedarse tan ancho? ¿por qué está moralmente justificado y por qué se aplaude socialmente ser rojo y no fascista, si ambos movimientos son causantes de tantísimo dolor? Creo que seguiré votando nulo mientras viva.

Esta tarde he visitado el S-21 y los Killing Fields. El S-21 era un colegio de gran prestigio enclavado en pleno centro de Phnom Pehn. Realmente, el edificio recuerda vivamente a los colegios de mi infancia, tristón, con largas escaleras, techos altos, suelos de baldosa de ajedrez y colores grisáceos. Pol Pot, en un alarde de cinismo, lo rodeó de alambre de espino y lo convirtió en un centro de torturas. En 1975 entraron allí 200 prisioneros. En 1976 fueron 2.250. En 1977 entraron 5.000. En 1978 otros 5.000… así hasta doscientas mil personas fueron torturadas en ese lugar hasta la muerte. La gente del lugar llamaba a ese tipo de centros “konlaeng choul ot cheng” o “el sitio en donde se entra pero no se sale”. De los doscientos mil huéspedes de S-21, sobrevivieron siete. En este webcast puedes ver fotografías de las celdas de confinamiento y de tortura. También verás algunas instantáneas de los lugares donde se asentaron enormes fosas comunes, los Killing Fields, situados a unos 15 kilómetros de Phnom Pehn. Este lugar se hizo famoso por la película Los gritos del Silencio de Roland Joffé, que puedes ver gratis aquí. El lugar está maldito, y de la tierra todavía emergen dientes y trozos de hueso, que puedes encontrarte en el suelo con sólo fijarte un poco por donde caminas.

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