close¡Hola! He completado la vuelta al mundo en moto durante dos años, y esto que lees no es más que una pequeña parte de mi aventura. Si quieres, puedes comprar mi libro haciendo click aquí.
Conoce ruta, la moto, entérate de cómo salí de Madrid, cómo empezó todo y cómo terminó.

Mi reloj marca las 10 de la mañana. Es decir, faltan dos horas para que todos los implicados anunciemos simultáneamente el nacimiento de mi nuevo proyecto.
Empecé a gestarlo hace alrededor de dos años, cuando salí de Kathmandu en dirección a Bangkok. Era una historia poderosa, conmovedora, emocionante. A lo largo de todo este tiempo ha estado rondando mi cabeza, como un virus informático terco e insidioso. De vez en cuando emergía con su vocecilla tímida. Al regresar a España, la vocecilla se hizo más y más histriónica. Cuando regresé de Estados Unidos y la vocecilla se había convertido en un vozarrón, me senté un día con Óscar Modroño, uno de los socios de 2TMoto, y se lo conté todo. Estábamos en el Chino Cochino, mi restaurante favorito de Madrid. Está en un parking. Literalmente, en un parking. No tiene ventanas, son ocho mesas y, si te descuidas, te sientan con un perroflauta y un yupi de Armani jugando con su iPad. Siempre tiene cola. Óscar -incomprensiblemente- soporta todo tipo de excentricidades por mi parte, y una de ellas fue aguantar el tipo, con su traje y corbata, en aquel lugar bullicioso de olor a fritanga.
- Es cojonudo- dijo al fin, cuando terminé de contárselo-. Lo tiene todo. Una historia. Aventura. Riesgo controlado. Factor humano. Es la leche.
- ¿A quién podríamos ofrecérselo?
- Se me ocurren bastantes candidatos.
- Es importante, muy importante, que nadie sepa nada de esto.
¿Y por qué? Bueno, en mi vida siempre he llevado muy mal los fracasos públicos. Y buscar un mecenas en una España taladrada y barrenada por la crisis se me antojaba una empresa imposible. Prefería esfumarme de mi vida pública de un modo discreto si las negociaciones fracasaban al final, que haber creado unas expectativas que se quedarían en nada. Además, creo que ya me conocéis, me encanta el suspense, y quería controlar ese factor si el proyecto al final salía adelante.
La primera reunión que me concertó Óscar fue, a mi entender, desastrosa. Fallé, creo. Óscar realizó una labor de mediador impresionante a base de correos electrónicos y de llamadas. La respuesta del posible mecenas fue previsible:
- Nos encanta, de verdad. Es bello. Pero no hay dinero. No tenemos un duro.
Óscar siguió enviando correos y llamando a todos los posibles patrocinadores con la persistencia de un perro de presa. Enviábamos la documentación, esperábamos.
- Es un proyecto increíble. Pero no hay pasta.
Sin Óscar, este proyecto no habría visto la luz. Gracias, Óscar.

Y llegó el Salón Moto Madrid. Pasé unos días en el stand de 2TMoto y Loaseguro echando una mano y conociendo a mis seguidores, contestando preguntas sobre el winch de Fefa y firmando libros. Una tarde se acercó una mujer de sonrisa entusiasta y me abordó. Quería saberlo todo sobre el viaje, freírme a preguntas. Rebosaba vitalidad, curiosidad e inquietud.
- ¿Y ahora qué harás?- preguntó.
- Pues, sinceramente, había un proyecto de viaje, un proyecto realmente chulo, pero por desgracia, es tarea imposible encontrar sponsor. Creo que simplemente abandonaré este país y me iré a trabajar a Brasil.
Lo cierto es que no sé por qué confié en ella cuando, un par de días después, me mandó un correo electrónico preguntándome si podía ayudar. “Conozco al presidente de una gran compañía de seguros, quizá les interese tu proyecto”. Ellos respondieron lo mismo: es muy interesante, no hay dinero, pero de Pilar aprendí a preparar las presentaciones hasta la extenuación. Con una voluntad de hierro y un entusiasmo desbordante, me enviaba notas de prensa, datos de la compañía, detalles nimios que podían ayudar a hacer destacar una presentación de otras decenas de presentaciones parecidas. Fue una lección valiosísima: no debes disparar ráfagas de metralleta con los ojos cerrados a ver si matas al enemigo. Debes estudiarlo en profundidad, y presentar sólo algo que sepas que va a ser no sólo bueno, sino bueno para tu mecenas. No puedes hacer lo que te de la gana y simplemente esperar que te lo paguen, es deshonesto y tarde o temprano pagarás la factura. Debes estar dispuesto a trabajar por las personas que apuestan por ti.
Sin Pilar, este proyecto no habría visto la luz. Gracias, Pilar.

Entonces, quedé con Pablo Sancho. Me había hablado en alguna ocasión sobre la posibilidad de ayudarme a encontrar patrocinador y, llegado ese punto, mis velas estaban absolutamente desinfladas. Quedamos en un VIPs y, en cuanto se sentó, le puse unos auriculares y le di al play a un vídeo en el que contaba de qué iba todo. Al terminar de verlo, se sacó con parsimonia los cascos, me miró unos segundos y, sin saber muy bien qué decir, preguntó:
- ¿Cuánto?
Al cabo de unos días, Pablo había conseguido, a través de una amiga, la que sería la reunión más importante de todas. Acudimos juntos a aquel precioso edificio acristalado de Castellana. Había estudiado la compañía de arriba a abajo, sabía detalles económicos triviales, conocía programas que seguramente algunos empleados ni siquiera habían oído mencionar. Y, lo más importante, había adaptado detalles del proyecto para casar fielmente con la filosofía de la empresa. Cuando terminé mi presentación, contestaron:
- Es impresionante. Precioso. Pero no hay dinero-. Como había estado esperando precisamente esa respuesta, no me pilló muy por sorpresa. No obstante, continuaron con un giro inesperado-. Sin embargo… vamos a ver qué se puede hacer.
Sin Pablo, las velas de mi proyecto se habrían desinflado a perpetuidad. Gracias, Pablo.

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