close¡Hola! Hace ya más de un año que estoy dando la vuelta al mundo a lomos de la moto Fefa. Si has llegado aquí por casualidad y tienes un ratico, quizá te interese saber algo más de mi historia.
Conoce la ruta, la moto, entérate de cómo salí de Madrid, cómo empezó todo, lee todo el blog desde el principio o entérate de cuál es mi posición actual.

Muchas cosas hacen de Almaty una ciudad distinta a todo lo que he visto. Almaty se extiende sobre una planicie inmensa, pero está al pie de unas escarpadas montañas que, con los rigores del verano, todavía muestran sus cumbres perfectamente blancas. La ciudad es frondosa, exhuberante, un homenaje al árbol, sus calles están atiborradas de manzanos -no en vano se dice que ese frutal es originario de aquí- y por sus aceras discurren canales diminutos para encauzar los deshielos primaverales. Aunque es una ciudad poblada y llena de vida, su efervescencia asiática se ve atenuada por la sobriedad soviética, y el tráfico es poco denso aunque algo alocado, la gente pasea y sonríe, el mundo parece que va un poquito más lento de lo normal. Los rascacielos ocasionales destacan ante las montañas eternas y sobre las casitas coloniales de un pasado incluso más apacible y provinciano. Hasta el 91 esta fue la capital, y hoy se ve ligeramente abandonada, tristona, como un mendigo grande y torpe pero aseado y honrado que observa soñadoramente un largo y pacífico atardecer.

Puedes ver esta galería como una presentación.

Imprimir