close¡Hola! Hace ya más de un año que estoy dando la vuelta al mundo a lomos de la moto Fefa. Si has llegado aquí por casualidad y tienes un ratico, quizá te interese saber algo más de mi historia.
Conoce la ruta, la moto, entérate de cómo salí de Madrid, cómo empezó todo, lee todo el blog desde el principio o entérate de cuál es mi posición actual.

Debo reconocer que hoy me he emocionado. El día comenzó muy temprano, enfilando hacia esa extravagancia deliciosa que es el Mont Saint Michel. Pude verlo sin apenas turistas, cuando las creperías y los inevitables puestos de recuerdos apenas empezaban a desperezarse. Luego, enfilé hacia las costas del Desmbarco, donde hace apenas sesenta y cinco años (vivían mis abuelos, acababan de nacer mis padres) murió tanta, tanta, tanta gente de una forma tan brutal. Las playas en esta época del año están todavía medio desiertas. Me pregunto quién fue el primero que se tumbó a tomar el sol ahí después de la masacre. Me pregunto tantas cosas al ver esas playas enormes e impolutas, al ver desfilar a los turistas americanos tomando fotos y susurrando cosas, al ver a los veteranos deambulando por el lugar ávidos de que alguien les pregunte cualquier cosa.

Tras visitar Utah Beach y Omaha Beach, acabé en el cementerio americano. Mi imaginación había estado convirtiendo esos apacibles campos inmaculados, donde hoy pastan las vacas que dan la leche que produce el Camembert, en atronadores campos de batalla, en surcos de barro y de trincheras, mi mente había trocado los cielos azules de Normandía en nubarrones negros de pólvora, las casitas picudas en bunkers amenazadores y las carreteras serpenteantes al borde de los arroyos en barrizales trufados de minas. Así pues, cuando me di de bruces con la realidad, y contemplé esas hileras de tumbas, no pude menos que emocionarme. Una cruz, más que el resto, me hizo llorar. Ante ella había dos lilas mústias, por lo que me acerqué a curiosear el nombre. Y lo que leí fue: Here rests in honored glory a comrade in arms known but to God*
El cementerio americano está lleno de cruces como esa. ¿Qué querría aquel muchacho? ¿Cuáles habrían sido sus deseos, sus aspiraciones en esta vida? ¿Tendría una novia que lo estaría esperando en su pueblecito de Arkansas? ¿Habrían hecho el amor antes de su partida? ¿Sería una buena persona? ¿Qué música escucharía? ¿Cómo habrían comunicado a su madre que había desaparecido en las ajenas playas de Francia? ¿Habría sido su muerte dolorosa o inmediata? ¿De qué color tendría sus ojos? ¿Cuántos años tendría?. Aquel ramito de lilas provocó en mi todos estos pensamientos, y no pude menos que derramar unas lágrimas en silencio, de pie, solo, en medio del infinito mar de cruces blancas.

*”Aquí yace en honorable gloria un camarada en armas desconocido para todos, excepto para Dios”

Imprimir