close¡Hola! Hace ya más de un año que estoy dando la vuelta al mundo a lomos de la moto Fefa. Si has llegado aquí por casualidad y tienes un ratico, quizá te interese saber algo más de mi historia.
Conoce la ruta, la moto, entérate de cómo salí de Madrid, cómo empezó todo, lee todo el blog desde el principio o entérate de cuál es mi posición actual.

Durmientes, a ambos lados del enorme estuario del Río de la Plata, Buenos Aires y Colonia son dos hermanas que reniegan de sus similitudes, enfurruñadas, díscolas. Viéndolas desde fuera, es inevitable apreciar sus similitudes: un pasado común, colores gemelos, atardeceres compartidos, las mismas grietas en los muros y las mismas tejas desvencijadas, las mismas aguas lamiendo suavemente distintas tierras. Si Buenos Aires fuera pequeña, sería Colonia. Si Colonia no se hubiera estancado en una deliciosa estampa del pasado y hubiera crecido hasta convertirse en una urbe gimiente, resollante y trémula, sería Buenos Aires.

Se puede decir que ya soy porteño. He estado aquí más de un mes esperando a la moto, y me he empapado de las calles abarrotadas, de las colas omnipresentes, la comida densa en platos descomunales, el acento cadencioso y despectivo de los taxistas y los mozos de cuerda, he escuchado tangos bajo el sol radiante que atormenta el Obelisco, he llegado a apreciar la parsimonia y la dejadez con la que todo se hace aquí. En Colonia, en cambio, sólo estuve una tarde. Papá y yo dimos el salto -se tarda una hora en cruzar el estuario que parece más bien un mar- un día lluvioso. Nos estaba esperando en la terminal de ferries un lector de la página, que nos paseó por todos los rincones de la villa con gran paciencia y generosidad. Al final, acabamos la jornada en su casa compartiendo un café y contemplando a los caballos remolonear al otro lado del jardín, ante una estampa casi solemne de planicie empapada de lluvia.
Un estuario, no es más que una pequeña lengua de agua, y el carácter se vuelve de repente mucho más parsimonioso, las calles se adoquinan y se pueblan de coches antiguos. No obstante, está ahí, flotando, el mismo subtexto: dos hermanas que no se hablan, de espaldas, cejijuntas, que no obstante, pese a sus diferencias, reconocen una genética común, y de algún modo se siguen queriendo a pesar de todo.

Buenos Aires

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Colonia

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