close¡Hola! Hace ya más de un año que estoy dando la vuelta al mundo a lomos de la moto Fefa. Si has llegado aquí por casualidad y tienes un ratico, quizá te interese saber algo más de mi historia.
Conoce la ruta, la moto, entérate de cómo salí de Madrid, cómo empezó todo, lee todo el blog desde el principio o entérate de cuál es mi posición actual.

Me resulta difícil explicar qué se siente cuando se cumple finalmente un sueño largamente acariciado. Tras meses de preparación, el cansancio ha vencido a la euforia que ha vencido al desánimo que ha vencido a los nervios que han vencido a la angustia que ha vencido a la impaciencia que ha vencido a la laxitud que ha vencido a la ilusión que ha vencido a la pereza, que a su vez ha luchado con el remordimiento en desigual batalla. Lo único que siento ahora que he comenzado mi viaje, es un profundo alivio al comprobar que realmente lo he hecho, que he arrancado el esparadrapo, que he aplastado por fin a los Lestrigones y a los Cíclopes, y he emprendido mi viaje a Ítaca. Desde mi solitaria habitación de un hostal en Huesca, a 394 kilómetros de mi sofá, de mi perra, de mi casa, de mi vida, yo os saludo: La más infinitesimal hormiga que, con suelas de goma, rasca levemente la superficie de asfalto del planeta Tierra con el firme propósito de circunvalarlo.

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Gracias a todosA las 10 de la mañana, como había prometido a papá, aparecí en Dehesa de la Villa. Hacía un día radiante de verano. Papá había colgado una bandera española y una portuguesa, y se mostraba impaciente por sacar todos los pasteles de nata que había traído -tengo entendido que agotó toda la producción de pasteles de la zona centro-este de Portugal-. Pocos minutos después empezó a llegar gente. Gente que había venido de rincones imposibles, como Euskadi, Alicante, Barcelona, Toledo… y otros muchos lugares cuyos habitantes sin duda sabrán comprender que haya olvidado, dada la intensidad del momento y la cantidad de rostros nuevos que vinieron a saludarme. Fefa estaba especialmente coqueta: la noche anterior me había pedido que le repintara un poco un desconchón del depósito, y hoy se pavoneaba bajo el sol tórrido de finales de mayo como una dama sureña altiva y melosa. Aparecieron rostros del pasado y del presente, de mi vida laboral y personal, y muchos desconocidos que ahora puedo ya llamar amigos. Y a las 12:05, como un mozo exultante que no puede más y salta la tapia del Rocío de madrugada para tocar a la Virgen, me subí a la moto y la arranqué. Recitando Viaje a Ítaca dentro de mi casco, a voz en grito y con lágrimas en los ojos, fui dejando atrás Madrid, seguido de cerca de un escuadrón del infierno de motos grandes y atronadoras y algunos coches.
En Alcalá de Henares se fueron todos menos dos, que me han estado acompañando hasta Lourdes en su preciosa BMW plateada. Esto tiene más mérito si además señalo que venían desde Barcelona para conocerme. Desde aquí mi gratitud infinita a ambos por hacerme compañía en las primeras millas de mi viaje.
Al llegar a Huesca, en la penumbra de la Plaza de Lizana, se me acercaron dos inesperadas sombras.
- ¿Fabián?.
- Uh -acerté a responder-.
- Y esa es Fefa.
Dos moteros de la región, Sergio y Carlos, miembros de Aragon Riders se habían acercado a saludar, con ellos repasamos las primeras incidencias del viaje.

Tanta atención, tanta ilusión de personas que no me conocen, tanta envidia sana y felicitaciones y frases de afecto hacen irremediablemente que me pregunte durante las largas horas que paso enfundado en mi casco insonorizado… ¿estaré a la altura?.

Bienvenido, bienvenida. La aventura ha comenzado. Por fin salí a dar una vuelta.

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