close¡Hola! Hace ya más de un año que estoy dando la vuelta al mundo a lomos de la moto Fefa. Si has llegado aquí por casualidad y tienes un ratico, quizá te interese saber algo más de mi historia.
Conoce la ruta, la moto, entérate de cómo salí de Madrid, cómo empezó todo, lee todo el blog desde el principio o entérate de cuál es mi posición actual.

Samara es una hermosa ciudad de cerca de un millón de habitantes, enclavada en los márgenes del río Volga. Su extenso centro histórico, al contrario de lo que ocurre en casi todas las ciudades soviéticas, invita a pasear, callejear, y disfrutar de la gente y de los edificios. Su intensa actividad industrial y el hecho de que aquí se produjeran los vehículos de lanzamiento de los cohetes Soyuz y Mólniya hicieron de Samara, durante la Guerra Fría, una ciudad cerrada.

Stalin

Stalin

En los pies de un anodino edificio del comité local del Partido Comunista, en la actualidad perteneciente a la Universidad de Samara, los soviéticos construyeron un asombroso bunker de 37 metros de profundidad, donde Stalin podría dirigir la nación en guerra contra los nazis. Durante el asedio de Hitler, en octubre de 1941, tanto la cúpula del Partido como las embajadas extranjeras se trasladaron a Samara, que fué de hecho la capital administrativa de la URSS. Las obras del sorprendente refugio de Stalin comenzaron en el año 42, y se completaron en nueve meses. Para ahorrar meses de planificación, se recicló el proyecto de la estación del metro Aeroport de Moscú. A pesar del cuidado puesto por los operarios soviéticos para su ejecución, Stalin sólo lo empleó una vez.

Lo que más llama la atención, aparte de lo discretísimo de su entrada -apenas una puertecilla que da a un pasillo angosto-, es cómo, al llegar a la zona noble, la última planta del larguísimo tubo circular, el aspecto militar, sobrio y acerado del refugio cambia totalmente. Un pasillo enmoquetado de granate con las paredes forradas de madera conduce a un despacho francamente hermoso a la derecha, y a una simplemente surrealista sala de mando a la izquierda. La sala está sumida en la penumbra, iluminada tenuemente con tonos rojizos. Al final de una larguísima mesa de caoba, el asiento de Stalin, con dos teléfonos vetustos a su disposición. Dale al play para disfrutar de una breve visita.

Nota: de fondo puedes oir un fragmento de un discurso de Stalin y el himno de Rusia.

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