close¡Hola! Hace ya más de un año que estoy dando la vuelta al mundo a lomos de la moto Fefa. Si has llegado aquí por casualidad y tienes un ratico, quizá te interese saber algo más de mi historia.
Conoce la ruta, la moto, entérate de cómo salí de Madrid, cómo empezó todo, lee todo el blog desde el principio o entérate de cuál es mi posición actual.

¿Qué circunstancias personales llevan a una persona a abandonar su cómoda vida para lanzarse a la aventura?. Muchas personas me han dicho, al anunciarles mi proyecto, “ojalá yo pudiera hacerlo también”. El caso es que, si yo he podido, estoy convencido de que cualquiera puede. Sirva esta afirmación como un aliento de ánimo. Si no lo hace todo el mundo, es simplemente porque sus prioridades están en otro sitio. Van a ser dos años increíbles, en los que viviré aventuras que no puedo imaginar, y sufriré penurias que ahora mismo me resultan muy lejanas. Pero por qué. Por qué hago esto y no me limito a vivir una vida cómoda y sencilla. Por qué. He tenido varios cambios de ciclo en mi vida. Cuando era muy niño, nos arruinamos intentando construir un hogar en una antigua casa de labranza gallega y nos vimos en la obligación de emigrar a Lisboa. Luego, tras un tortuoso año en Padrón, volé a Estados Unidos donde pasé un COU inolvidable. Tras la carrera, que no fue especialmente brillante, trabajé en radio, lo que supuso la experiencia profesional más enriquecedora de mi vida. Si me hubiera quedado allí, hoy sería seguramente un indigente feliz, pero salté a Madrid, donde monté una empresa de Internet. Fue un decenio frívolo, económicamente lucrativo, socialmente trepidante. No obstante, soy una persona que sólo vive feliz ante los desafíos. Eso me ha llevado a cambiar de casa con relativa frecuencia, y a tomar responsabilidades profesionales que tal vez a otra persona habrían mareado. Y un buen día, descubrí que mis días eran demasiado parecidos unos a otros. Tan parecidos como poco enriquecedores. La idea de un viaje muy largo había rondado mi cabeza durante algun tiempo. Me enfrenté a un mapa, pensé en el ciclo de las estaciones, dibujé los primeros tímidos esbozos de la ruta. Y una tarde, mirando al techo de mi casa, desde el sofá, decidí una fecha, que determinó todo lo demás.

Pero por qué.

Sé que hay millones y millones de personas en este mundo que tienen que aguantarse escarbando en la basura, soportando las inclemencias del tiempo, de un jefe malhumorado, de clientes impertinentes. Sé que hay millones de seres humanos que no pueden comer, que viven en la indecencia, cuya existencia está determinada por un medio injusto y hostil. Sé que no debería quejarme. Sé que, racionalmente, tendría que admitir que la vida me ha tratado exquisitamente. Quizá debería asumir que este es mi lugar en el mundo y adormecerme en los laureles.

Pero yo creo que la gente ha de cumplir sus sueños. Es una constante en la literatura universal el collige, virgo, rosas, la incitación a la osadía, a vivir la vida intensamente, a hacer que cada minuto cuente. Quizá mañana esté muerto. Quizá llegue al final de mis días arrepintiéndome de haber vivido en la anestesia. La idea de malgastar la vida me ha atenazado durante mucho tiempo, y no se me ocurre mejor manera de sacarle el jugo que viajando, conociendo el planeta en el que vivo, su gente, su forma de ver el mundo. No creo que cien mil libros puedan enriquecerme más. Dudo que cien mil películas sepan entretenerme de mejor modo. Tal vez mil vidas mortecinas no me satisfagan más que la aventura en la que voy a bucear en breve.

Pero por qué.

Porque quiero estimular mis sentidos, mi imaginación, mi creatividad, mi intelecto.
Porque quiero descubrir qué hay ahí fuera.
Porque tengo sed de libertad.
Porque necesito una vida que yo sienta como propia.
Porque quiero que cada día cuente.
Porque estoy convencido de que es posible ser feliz.
Porque necesito sentirme VIVO.

Imprimir