close¡Hola! Hace ya más de un año que estoy dando la vuelta al mundo a lomos de la moto Fefa. Si has llegado aquí por casualidad y tienes un ratico, quizá te interese saber algo más de mi historia.
Conoce la ruta, la moto, entérate de cómo salí de Madrid, cómo empezó todo, lee todo el blog desde el principio o entérate de cuál es mi posición actual.

A lo largo de meses he estado repasando decenas de páginas de recomendaciones de viajeros y de tiendas online, intentando encontrar el equipo perfecto para este viaje. Mis prioridades eran: 1) poco espacio y peso 2) robusteza y 3) elegancia. Internet no deja de asombrarme: Día a día encontraba foros y más foros de gente fan de tal o tal producto, y sobre todo, personas dispuestas a aconsejar y ayudar. Aquí tienes algunos productos que me ayudarán en mi periplo alrededor del mundo:

 - Vivir pendiente de un hilo. Pese a mi intención de emplear B&B, casas particulares o guest houses, está claro que, en muchas ocasiones, es posible que me encuentre tirado en medio de la nada y tenga que acampar. No obstante, no quería que mi vida girara en torno a arrastrar una tienda de campaña alrededor del globo. Barajé muchos modelos, con el requisito de que fueran de cuatro estaciones, monoplaza, y especialmente ligeras. Pronto comprendí que, si quería un mínimo de calidad y aislamiento, tendría que arruinarme y comprar algo parecido a esto y enfrentarme noche tras noche a un infierno de retirar piedrecitas, ensartar varillas, desplegar capas y capas de cebolla. Y entonces descubrí el mundo de las hamacas. Este es el tipo de producto que uno no esperaría que causara más que indiferencia entre sus usuarios, pero no. Hay foros y páginas dedicadas al fascinante mundo de la hamaca y al stealth camping, acampada que no afecta al entorno ni siquiera mínimamente. Y un tipo de Wisconsin, que mantiene un sitio web dedicado sólo a ellas, me aconsejó marca, modelo, y cómo colgarla si sólo tienes un arbol. Y así, compre una preciosa Clark Jungle Hammock. Pesa 1.4k y tiene un aspecto increible, no necesita colchoneta -un bulto menos- y se despliega en minutos. Una persona medianamente cuerda argumentaría… “¿y si no encuentras un sitio donde colgarla?”. Con el tiempo, he llegado a la conclusión de que este tipo de ataques de cordura impiden que puedas avanzar en la vida. ¿Y si?… ¿Y si?… Estoy convencido de que, en algún sitio, a lo largo del día, encontraré en alguna parte un gancho. El mundo está lleno a rebosar de ganchos.

- La biblioteca en el aire. Sé que tendré muchas horas de soledad. De rutina. De silencios. De colas en fronteras de burocracia especialmente retorcida. Pero ya no tengo miedo. Voy armado con un lector de ebooks que, en unos 160 gramos y gracias a una tarjeta SD de 8 Gb, alberga una biblioteca de 7.000 volúmenes. Hay grandes posibilidades de que no consiga leer todo eso en los dos años que estaré itinerando.

- Wikipedia para llevar. El mundo no está todavía conectado. Le falta poco, pero todavía no lo está. Lamentablemente, mis casi trece años online me han causado una inmensa dependencia de la red para escribir, e incluso para expresarme. Involuntariamente, delego mi memoria a Google. Ya no aprendo datos, sino que los busco. Y por ello, creo imprescindible poder acceder, al menos, a la Wikipedia. Resulta que hay una versión portátil de este invento, llamada WikiTaxi. Requiere algo de trabajo adicional, pero tras una pelea medianamente titánica tengo la Wikipedia en un pendrive (en realidad, en dos, uno copia del otro).

-La mochila llevable. Cuando te planteas un viaje de estas características, distingues claramente entre lo que te pueden robar, y lo que sería una putada descomunal que te robaran. Además de llevar copias de la documentación en todas partes y dejar una online en Google Docs, está claro que algunos papeles son casi casi imprescindibles. Y el dinero. Y el material electrónico. La cámara de fotos, el ebook. En su momento, consideré la posibilidad de llevar una mochila-fetiche como Pocholo. Tambíén pensé en derivar documentación a una mini-bandolera que sea casi imposible de robar y almacenar los artilugios electrónicos en otra. Y entonces, encontré a Scott y su ropa de viaje. Este hombre fabrica prendas muy discretas, sobrias, y con decenas de bolsillos. El chaleco que llevo encima tiene uno especial para las gafas de sol -con su propia gamuza e interior especialmente suave- otro para la cámara de fotos muy resguardado y con un compartimento especial para las tarjetas SD, dos para bolígrafos, un par de ellos estancos para la documentación, otro para las llaves con su propia correa, uno para el MP3 con salida para los auriculares y ruta para el cableado, e incluso uno más grande para el ebook y para llevar mapas. En total, 22 bolsillos (hay uno también en la espalda, si me pongo tonto, meto ahí el portátil y se acabaron los problemas, si me quieren robar tendrán que matarme y arrancarme el chaleco de mi cuerpo gélido)

- La caja de caudales portátil. Cuando viajas con tu vida a cuestas, en ocasiones querrás despojarte de la chaqueta y caminar ligero. Dejar aparcado el casco. Librarte por un rato de los guantes y las rígidas protecciones. Gracias a PacSafe puedo hacerlo. Se trata de mallas metálicas recubiertas de goma -y, por lo tanto, más difíciles de violar-. Meto ahí lo que quiero, lo ato a la moto con un candado, y soy libre.

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