close¡Hola! Hace ya más de un año que estoy dando la vuelta al mundo a lomos de la moto Fefa. Si has llegado aquí por casualidad y tienes un ratico, quizá te interese saber algo más de mi historia.
Conoce la ruta, la moto, entérate de cómo salí de Madrid, cómo empezó todo, lee todo el blog desde el principio o entérate de cuál es mi posición actual.

Esta semana tocaban las vacunas. En la Unidad del Viajero del Hospital Carlos III están, al parecer, poco acostumbrados a recibir locos que, enfundados en un mono de cuero, aseguran que van a pasarse dos años de su vida dando la vuelta al mundo en moto, por lo que pronto me vi rodeado de enfermeras y doctores que me observaban con curiosidad mientras yo hacía serios esfuerzos por no desmayarme (las agujas nunca han sido grandes compañeras).

Sala de espera de la Unidad del Viajero del Carlos III

Sala de espera de la Unidad del Viajero del Carlos III

En cualquier caso, vayamos por orden cronológico, porque las vacunas fue el viernes. A finales de la semana pasada acudí al RACE para hacerme con mi Carnet de Passages, el documento que permitirá a Fefa viajar conmigo sin mayores problemas y que constituye una especie de pasaporte un poco rústico de la moto. En cuanto lo tuve en mis manos, comprobé como si fuera un responsable de aduanas anal-retentivo y especialmente puntilloso cada uno de los datos de Fefa. Observé horrorizado que en la casilla de color habían escrito “BLANCO”.

- Se pone así- me dijo el del RACE- siempre, cuando hay más de un color.
- Pero es que Fefa es negra.
- Bueno, usted puso “antracita-pizarra”.
- Eso es gris oscuro, prácticamente negro, no blanco.
- En serio, que da igual- repuso él con infinita paciencia como quien regaña a un niño revoltoso-.
- Oiga, a mi me da igual, a usted le da igual, pero cuando no le de igual a un tipo con malas pulgas en la frontera de Tanzania con Kenia, ¿le digo que le llame para que se lo aclare?.

A regañadientes, admitieron que tenían que cambiar el color en el carnet. Necesito el carnet con mucha urgencia, porque me lo han pedido en la embajada de Pakistan para autorizar mi viaje. Aunque el funcionario pakistaní parecía sumamente parsimonioso, afable y cordial, lo cierto es que nadie obliga a Pakistan a permitirme entrar en su frontera, y es algo que debería saber con cierta urgencia, dado que el permiso tarda, según el propio funcionario, unos dos meses en ser expedido. Así que estoy ahí-ahí en las fechas. El lunes recibí una llamada del conseguidor ruso. Se trata de un señor que, por el módico precio de 90 euros, lidia contigo ante la embajada para tramitar tus visados. Las noticias no eran buenas: en la embajada habían rechazado mi pasaporte por encontrarse deteriorado.

- Puedo intentar colarlo otra vez- me indicó- pegándolo un poco con pegamento, a ver si así…

No me importaría ir a por otro pasaporte, si no fuera porque el actual ya tiene el visado de Kazajastan. No creo que a las autoridades kazajas, que han heredado de su pasado soviético una forma especialmente dulce y afectuosa de dirigirse al público que acude a sus embajadas, les haga mucha gracia expedir un segundo visado. Por otro lado, no puedo entrar en Kazajastan sin un visado ruso, porque el funcionario de aduanas preguntaría… ¿y cómo ha llegado usted hasta aquí?. El conseguidor aseguró que intentaría colarlo de nuevo con el pegamento. Crucé los dedos.

El cockpit de Fefa. (C) ChopperON

El cockpit de Fefa. (C) ChopperON

Las clases de mecánica con Juanjo, espectaculares. Nos lo pasamos como cerdas chapoteando en el barro. Hemos desmontado el sistema de frenos de Fefa y ya sé hacer dos cosas: cambiar todo el líquido de frenos y tensar la cadena de transmisión. Previsiblemente el domingo desmontaremos la correa de arriba a abajo y quizá sustituyamos unos cuantos eslabones o lo desmontemos para familiarizarme con el procedimiento. También en el taller de Juanjo instalamos el manillar antivibraciones que me aconsejaron en 2TMoto. Cuando haces muchas horas de carretera, la vibración transmitida desde el asfalto a tus manos puede llegar a dormírtelas, y con el manillar que me han proporcionado, gran parte de la vibración se transmite a unas gomas y muelles que la contienen. Una vez montado el manillar nuevo, con sus defensas de puños extra resistentes y la montura del GPS y la cámara, tiene un aspecto imponente. Ha empezado la verdadera metamorfosis de Fefa.

Cartilla de vacunación internacional: La piden en la frontera de algunos países.

Y entonces, se precipitó todo. El viernes fue un carrusel de catástrofes y alegrías. En primer lugar, me acerqué a la Casa del GPS para comprar un enganche para la moto. Querían cobrarme 60 euros por una pequeña pieza de plástico, aduciendo que Ram Mount, el fabricante, estaba disparando los precios. Un vistazo a la web de Ram Mount esa misma noche me confirmaría que jamás he de volver a La Casa del GPS salvo que desee ser timado como un pobre infeliz, porque la pieza en cuestión, de la que he pedido 3 unidades, cuesta en realidad 8 dólares. A continuación, acudí a pincharme las vacunas, desmayándome un poco durante el proceso. Un dato anecdótico: ya no se produce la vacuna de la rabia. El laboratorio que la producía se ha cansado y ha abandonado al mundo sin su medicina. La vacuna que queda en la actualidad se está empleando en personas que ya han sido contagiadas, por lo que, si deseo que me vacunen de eso, debo cabrear a un mono tiñoso hasta que me muerda.  En todo caso, tras los habituales bajones de tensión y sudores al ver agujas, medio drogado e hinchado me dirigí a la redacción de la revista ChopperON, donde cerramos un mini-acuerdo de colaboración mutua. Al mismo tiempo, me llamaron de RACE para que me pasara a recoger el Carnet de Passages. En este post te cuento cómo se obtiene y para qué sirve. En ese mismo momento, me llamó también el conseguidor ruso.

- El vicecónsul cogió tu pasaporte y lo rompió delante de mis narices.

Mierda.

Escribo este post un poco hinchado, con mi cuerpo deshaciéndose de una gripe y de cinco enfermedades tropicales ligeramente aturdidas. El próximo lunes, a primera hora, debo acercarme a una comisaría a suplicar al funcionario de turno que por Dios me expida un nuevo pasaporte. Con él, debo correr a la embajada de Pakistan para iniciar los trámites del visado. A continuación, se lo tengo que dejar al conseguidor ruso para que se lo meta por donde le quepa al funcionario bolchevique que se negó por dos veces a admitirme el viejo. Y luego, a lloriquear a la embajada de Kazajstán para que me concedan el visado de nuevo.

¿Quién dijo que preparar una vuelta al mundo iba a ser fácil?. Qué bien me lo estoy pasando.

Imprimir