close¡Hola! Hace ya más de un año que estoy dando la vuelta al mundo a lomos de la moto Fefa. Si has llegado aquí por casualidad y tienes un ratico, quizá te interese saber algo más de mi historia.
Conoce la ruta, la moto, entérate de cómo salí de Madrid, cómo empezó todo, lee todo el blog desde el principio o entérate de cuál es mi posición actual.

Si os habéis preguntado qué he estado haciendo esta semana, pues bien, aquí está la respuesta: estoy inmerso en la fuckin burocracia. Antes que nada, la moto tiene que obtener su pasaporte.  A esto se le llama carnet de passage, y es un documento en virtud del cual te inmovilizan mil euros por si se te ocurre vender la moto mientras estás viajando. Lo curioso del asunto es que los países que te exigen este documento son precisamente los que no elegirías para vender nada, y mucho menos una moto. Para obtener el carnet necesitas, simplemente, tener dinero. Te vas a tu banco, y solicitas un aval bancario. El banco se queda con tu dinero, el RACE se queda con tu dinero, y todo el mundo es feliz menos tú. Debo decir que todavía estoy esperando el aval, por lo que pueden pasar unos días hasta que finalmente consiga el carnet y, por lo tanto, pueda tramitar determinados visados, como el de Pakistan, que requiere una fotocopia del puñetero documento. Se me hace un poco absurdo ir haciendo ingeniería inversa de este modo: Vas a la embajada de Pakistan, te piden que les des el carnet, vas a los del carnet, te piden que les des un aval bancario. Vas al banco, te piden un extracto. Mondo cane, vida perra.

Formularios. Que si cuántos hijos tiene, que si es usted un terrorista, que si ha sido expulsado con anterioridad de nuestra república, que si piensa transportar fruta, que si tiene intención de adoptar a alguien. Dios, pero qué vidas tiene la gente, si lo único que quiero es transitar un poco en paz y ver monumentos y charlar con los nativos. Si tu comentario, sufrido lector, será “pues no has hecho más que empezar”, ahórratelo. Ya sabía a lo que me enfrentaba. Pero eso no quiere decir que no pueda protestar libremente a la nada como buen español que soy.

En este momento, me encuentro enfrentado de forma silenciosa a la burocracia rusa, kazaja, kyrgyza (si es que se dice así) e india. Las conclusiones que saco por el momento son que el personal que atiende los teléfonos de embajadas detesta que le pidan visados, y que internet ha hecho un flaco favor a las relaciones interpersonales, dado que todo el mundo me indica la dirección de su web y cuelga enfurecido. Especialmente reseñable ha sido la experiencia rusa. El año pasado tuve ocasión de conocer un poco el país, y me quedé abrumado de la bordería mítica de los rusos. Pero el contacto con su embajada no podría haber sido más impactante: Un cartel en letras capitales negritas subrayadas dice SIN CITA PREVIA NO SE ATIENDE. Cuando llamas por teléfono tímidamente, una mujer te invita con delicadeza eslava (hum) a visitar su web insistiendo en “mucho papiele, mucho papiele, miri pagina” y colgando, horrorizada por tu impertinencia. El hecho de que yo vaya a ir en una moto parece importarles más bien poco. Rellene el formulario, déjeme en paz. Estoy llegando a la conclusión de que, tal vez, la forma más adecuada de vencer a la burocracia sea generar más y más burocracia, hasta que el burócrata del otro lado de la mesa se sienta impresionado. Recolectaré papeles y os iré diciendo cómo va la cosa.

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